Los juicios de Nuremberg

Otrebor

27-02-2006

Tuve la oportunidad de leer un libro sobre este proceso algunos años atras  escrito por un fiscal americano no recuerdo el nombre y el libro se me extravio, creo que algunos de los que fueron juzgados y condenados en ese proceso merecian ser condenados, pero la mayoría de juzgados no merecian siquiera ser sometidos a juicio.

De lo mas relevante que me acuerdo es la acusación rusa sobre la masacre de oficiales polacos en los bosques de Katin tratando de echarle la culpa a los alemanes y al final de cuentas no pudieron culparlos por esos echos.

La condena de un capitan de un buque corsarío alemán por disparar más de la cuenta sobre un buque al que queria darle caza. y asi lei un monton de procesos y condenas algunas justas pero la mayoría muy dudosas.

Lamentablemente para los alemanes a los aliados, sobretodo a los rusos, no les basto derrotarlos en lo militar querian acabarlos totalmente, este proceso fue totalmente fovorable a los aliados (menos en Katin), y solo demuestra una vez más  que el vencedor de una contienda es el que cuenta la historia de la misma. 

Reinhard

27-02-2006

Witmann con http://www.tinypic.com/ tengo exactamente el mismo problema, en esto estoy encallado,

pero gracias igualmente.

Lo seguiré intentando por otro lado.

Rein.

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27-02-2006

Últimos días en Nuremberg

Después del terrible impacto que les causó a los condenados las palabras “¡A morir en la horca!”, escuchadas en la sala del juicio, los condenados volvieron a la vida de la prisión, a la espera del día fatídico, que ignoraban totalmente.

  Las reacciones de aquellos hombres a los que esperaba la más dura prueba fueron, en términos generales muy parecidas. Von Ribbentropp era, no obstante, el que parecía mostrarse más inquieto y disconforme:

  • ¡Muerte, muerte! – repetía-. Ahora ya no podré escribir mis memorias. Tanto me odian, tanto...

Keitel diría:

  • ¡A morir en la horca! Pensé que esto me lo ahorrarían.

En tanto Rosenberg afirmaba:

  • La soga... ¿No era eso lo que querían?

  Frank, tranquilo, casi sonriente, comentó en el patio, junto a sus compañeros:

  • Morir, eso es todo. ¿Lo merecemos? Yo lo esperaba, pero me alegro de haber tenido ocasión de defenderme y pensar en todo lo pasado, durante estos meses que ha durado el juicio.

El general Jodl confesó al peluquero de la cárcel:

  • Mi abogado y mi esposa quieren presentar recurso. Si al menos pudieran conseguir que me fusilaran en vez de ahorcarme.

  Poco a poco, procuraron eludir en sus conversaciones el tema fatídico. Únicamente Ribbentropp no cesaba de preguntar el día y el lugar donde tendrían lugar las ejecuciones. Los demás permanecían aparentemente tranquilos. Jodl, que se había aficionado a la lectura, placer que, según él, no le había permitido satisfacer su vida de soldado, leía un libro de Wilhelm Raabe. También Franck disfrutaba del mismo entretenimiento, y le gustaba comentar las páginas de “La canción de Bernadette”, de Franz Werfel, cuya lectura parecía deleitarle.

  Alrededor de los presos se habían redoblado las medidas de seguridad. Por la noche las celdas permanecían encendidas y los centinelas observaban a los presos continuamente. Eran unas horas penosas, que aquellos hombres enfrentaron con serenidad y valor.

  En el órgano del amplio comedor, el organista solía interpretar algunas melodías cada noche. Era un detenido alemán, miembro de las SS. Un día Keitel le rogó al doctor Pflücker, que diariamente charlaba con ellos:

  • Doctor, dígale al organista que toque la canción “Schlafe mein Kindchen”. Está llena de hermosos recuerdos para mi.

  • Trataré de que le complazca, general Keitel.

  Y aquella noche escuchó, sumamente conmovido, aquellas notas que debían estar llenas de gratas evocaciones.

El día 7 de octubre, fue Goring quien hizo al doctor su confidencia:

  • Acabo de ver a mi esposa por última vez. Ha sido una hora muy difícil para ella, pero lo quiso así. Ha estado muy valiente. Es una mujer maravillosa. Sólo al final he creído que iba a desplomarse, pero se ha dominado y al despedirnos estaba muy serena.

Después añadió:

  • Doctor, ahora pueden matarme como quieran. Yo ya estoy muerto.

Por aquellos días, en el edificio resonaban ruidos de sierras y de martillos, que penetraban en el interior de las celdas. Iban a colocar el patíbulo en el gimnasio, y hubo de colocarse una batería eléctrica de mucha potencia, así como restaurar los cristales, además de levantar la tarima del patíbulo.

  • ¿Cuándo van a terminar de construir nuestras horcas? – pregunto un día Streicher.

Otra vez, dirigiéndose a un oficial exclamó:

  • Será preferible que no desmonten después el patíbulo. Así podrán emplearlo los bolcheviques cuando cuelguen a sus aliados.

La ejecución se llevó por fin a cabo el día 15 de octubre. Dos soldados policías estadounidenses, con el casco de acero y el correaje blanco, conducían al reo desde su celda al patio del gimnasio.

Cuando abrieron la celda de von Ribbentropp, éste apenas les miró. Con los ojos semicerrados, al incorporarse a la pareja que iba a custodiarle hasta el patíbulo musitó:

  • Confío en la sangre del cordero que lava los pecados del mundo.

Y seguidamente comenzó a andar, como un autómata, entre aquellos dos hombres que le concedían a la muerte.

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27-02-2006

Super interesante Karl, te felicito, podrías compartir con nosotros la fuente...

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27-02-2006

Pues es un libro bastante viejo, muy síntético que me mandó un amigo de Sevilla, se llama "Como murieron Hitler y los suyos" es de Karl Zheiger del año 1962, ni yo sabía que era tan viejo, lo acabó de mirar.La verdad es que tengo de mis mejores libros algunos de esa época. Ya ire poniendo alguna cosilla. Gracias Graff.

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27-02-2006

A ver si lo consigo. Muchas gracias. Ah y es Graf, con una sola F.  ;)

Wittmann

27-02-2006

Yo tambien lo tengo, es un pequeño libro (160 Pgnas), de ediciones Rodegar en Barcelona, su número de registro es 5389-62, y su depósito legal B. 5571-63, en aquella época no existia el ISBN :)

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27-02-2006

Os recomiendo también interrogatorios de Richard Overy, es un libro buenísimo de editorial Tusquets, este es actual, y puedes encontrar en el los estractos de los principales interrogatorios.

Wittmann

27-02-2006

Si nos das el ISBN, mejor ;D

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28-02-2006

El ISBN es 84-8310-915-8

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28-02-2006

Procedimiento durante el ajusticiamiento

La sala del gimnasio, en donde los presos habían pasado sus horas de recreo, estaba brillantemente iluminada para el tétrico espectáculo que iba a llevarse a cabo.

En ella había tres grandes armatostes pintados de negro. A la horca situada en cada uno de ellos se subía por trece peldaños de una escalera de madera.

Casi en la penumbra, la mesa detrás de la cual permanecían semiocultos los testigos. Sobre aquella mesa, ningún signo exterior de fe. Allí solamente estaba representada la justicia humana. Los testigos eran cuatro generales aliados, el coronel Andrus, ocho representantes de la prensa de todo el mundo, el presidente del Consejo de Ministros bávaro, doctor Hoegner, representando al pueblo alemán, un pueblo vencido, y al que se negaba el derecho de juzgar por sí mismo el grado de culpabilidad de aquellos hombres.

  Al reo, al entrar en la habitación, lo situaban encima de la tarima. Aquella era la trampa que se abría mientras la soga era colocada en su cuello. Los condenados llevaban las manos fuertemente atadas con una correa negra. Caminaban erguidos, con el rostro serenamente digno.

  Cuando la trampa era abierta, el condenado caía al piso inferior, cerrado a los ojos de los demás de los reos. Dos médicos estadounidenses daban fe de la muerte, antes de que el reo siguiente subiera al patíbulo para morir.

  Aunque la pérdida del conocimiento era instantánea, la muerte, como sucede en casi todos los ahorcamientos, se producía al cabo de unos minutos, sin gran sufrimiento según declaraciones médicas.

El verdugo era un sargento mayor estadounidense llamado John C. Woods, de San Antonio en Texas, el cual, una vez que colocaban las manos en la espalda a los reos y les ponía el negro capuchón sobre la cabeza, procedía a colocar el nudo corredizo, haciendo girar seguidamente la trampa. Para tan horrible misión, contó con la ayuda de dos sargentos de su misma nacionalidad.

  Las fotografías sacadas a los reos, una vez hubieron muerto, pasaron al archivo secreto, aunque una revista conseguiría más tarde la exclusiva, reproduciéndolas por todo el mundo.

  La última de las ejecuciones, que fue la de Seyss- Inquart, se llevó a cabo a las 2 horas y 57 minutos. A las tres horas se llevaba a cabo el simbólico ajusticiamiento de Goering, que recordemos, se suicidó la noche anterior con cianuro. Después de esto, aun seguirían los juicios contra responsables subordinados.

CRISTINA

01-03-2006

YO también he leido el de Overy, y si está muy bien.

Pero yo nunca entiendo cuando alguien comenta...."no solo los derrotaron, sino que querian acabar con ellos", pero lecheeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.........que hubieras hecho tu? te invaden tu pais, te lo saqueran, acaban con todo y todos, y que ibas a hacer? darles un tiron de orejas estilo....hay que ser buenooosss

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01-03-2006

Desde luego que tenían que depurarse responsabilidades. Esta claro. Te puedo reconocer que Kaltenbruner, Seys Inquart, Goering, Hans Frank, Streicher... Todos fueron responsables directos de la muerte de cientos de personas y de crimenes contra la Humanidad (por más ambiguo que me parezca este término es el que se utiliza), pero que sentido tuvo condenar a Rosenberg, que no era más que un ideólogo (bastante malo y escritor también malo), que si, también fue ministro en los territorios del Este, pero sin ningún tipo de poder para imponer sus tesis, de hecho, diré en su defensa que quiso la independencia de Ucrania y la recuperación de su cultura (era lituano); von Ribbentropp que era un diplomático de tercera fila, un mandado sin ideas de como funcionaba el mundo y un títere sin cabeza; la condena de Hess ha sido la mayor infamia de la historia del siglo XX, un hombre que huyó para firmar una paz antes de la conferencia de Wansee y de Barbarroja (el mismo Churchill afirmó que le daba miedo que algún día se conociera la verdad sobre Hess; Keitel y Jodl no eran más que militares que como tal apoyaban a su patria, tal y como habriamos hecho la mayoría de nosotros en aquellas circunstancias.

Keitel dijo: "Es trágico tener que admitir y ser testigo de que lo mejor que yo podía dar como soldado, la obediencia y la fidelidad, puedan ser mal empleadas para unos fines no reconocibles."

Jodl afirmaría: "Estoy plenamente convencido de que la Historia juzgará de un modo más objetivo y justo a los altos jefes militares y colaboradores. No prestaron servicio al infierno y tampoco a un criminal, sino a su pueblo y a su patria. En una guerra como ésta, en la que centenares de niños y mujeres han sido muertos por los aviones de vuelo rasante, en la que los guerrilleros usaron todos los medios imaginables, aquellas medidas, por duras que fueran, no fueron en todo momento un crimen contra la conciencia. Yo digo que todos los deberes frente al pueblo y la patria están por encima de todo lo demás. Y en todo momento traté de cumplir con estos deberes. Confío en un próximo futuro que este deber sea sustituido por otro más elevado, el cumplimiento del deber frente a toda la Humanidad".

No puedo por menos que estar de acuerdo con algunas de las palabras del general Jodl. Porque sino piensen en Rokossovsky, fue un hombre que sufrió en sus propias carnes la represión staliniana y apunto estuvo de morir producto de las purgas. Pero dominó su rencor y luchó bajo la bandera de Stalin para acabar con una injusticia que para él era mayor que la que le reprimía.

CRISTINA

08-03-2006

Es legitimo hacer cualquier cosas "por el pueblo"?

Hiwi

08-03-2006

Pero dominó su rencor y luchó bajo la bandera de Stalin para acabar con una injusticia que para él era mayor que la que le reprimía

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No todos pensamos a si,,,,,,,,,,lo dijo por los HIWIS  ;D

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