Autor Tema: Historias de Tanquistas Alemanes  (Leído 4909 veces)

Desconectado Ignaz Woll

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Historias de Tanquistas Alemanes

« en: 23 de Septiembre de 2015, 20:17:54 pm »
Oberleutnant Anton Müller

Comandante de la 4./35. Panzer-Regiment, perteneciente a la 4. Panzer-Division

Yo tenía una tripulación que funcionaba a la perfección, que se mantenía unida durante lo dulce y lo amargo, inteligentes todos como zorros.

Heine Huck, un Unteroffizier de la zona de Hamburgo, era el conductor. Nos daba lecciones drásticas de la comida del Norte de Alemania. Por ejemplo, un día nos enseñó que un trozo de pan, con un poco de margarina, junto con una pizca de mostaza y miel artificial, no sabía tan mal como parecería en un principio.

Hannes Freiwang, de Miesbach, en Bavaria Superior, era nuestro cargador. O, como él mismo se autoproclamaba, el "maestro cargador". Tan sólo trabajaba cuando era necesario, pero sus armas estaban siempre impolutas, listas para el combate. Su pasatiempo favorito era comer, y, si no teníamos nada, se lo "procuraba" el mismo. Nos podía traer el alimento más delicioso en los momentos más inesperados. Un día nos sorprendió con una vaca. Su "Schiffen" siempre marcaba un ángulo peligroso por encima de su inteligente cara.

El radiooperador, que también hacía de ametrallador, era un chaval extremadamente joven de Suabia, que respondía al nombre de Bartels. Un día, fue herido por un trozo de metralla del tamaño de una cereza en la cabeza, y lo acarreó en ella, envuelta en una venda sucia, por semanas. La herida, lógicamente, se infectó, pero dijo que permanecería con nosotros, sus camaradas, que no se iría al hospital. En medio de un ataque, se lo pudo extraer de su cráneo con sus dedos aceitosos, y me lo enseñó entre dos transmisiones, diciendo "Herr Leutnant, ¿ le gustaría ver mi metralla ?"

El 5 hombre de mi tripulación era mi artillero, el Obergefreiter Bernhard Himmelskamp. Venía de un pueblecito del sur de Sajonia, y tenía una enorme y redonda cabeza, propia de granjero, sobre la que su gorra parecía demasiado pequeña. Le encantaba discutir, cantar canciones, algunas propias de los tiempos de nuestros abuelos. Era un compañero afable, que siempre mantenía su sonrisa y su particular humor incluso en la peor situación. Cuando fallaba un tiro con el cañón principal, se enfurruñaba consigo mismo y podía no hablar con nadie durante días. Sentía que su honor de artillero había sido atacado. Pero su enfado se disipaba con un nuevo acierto.

Era un hombre curioso. Una vez, estando de patrulla, una barrera de misiles, provienientes de algun "Katyusha", comenzaron a caer a los lados de nuestro tanque. Rápidamente, salimos del tanque y nos pusimos debajo de él. Sin embargo, Himmelskamp llegó una décima de segundo más tarde, y fue alcanzado por la barrera. Cuando "los fuegos" terminaron, nos acercamos a donde él estaba, temiendo lo peor. Allí estaba, en un cráter, revolviéndose de lado a lado, agarrandose su trasero con las manos. Cuando me acerqué, me susurró suavemente "Me han dado en el culo!". No tengo ni la menor idea del tiempo que llevo aquel trozo de metralla en "la baja espalda", tan sólo sé que rechazó cualquier visita al médico. Pero, para no tener que sufrir cuando se sentaba en su estrecha silla en el tanque, justo al lado del cañón, se ponía un paño entre el asiento y él, tan cuidadosamente, que su trasero no tocaba jamás el asiento. Le repetíamos una y otra vez que debería ir a revisar su herida, pero él tan sólo reía. Así que prosiguió cazando tanques, aunque tuviese el culo "dañado".

Continuará...


El "Cosselbär", el osito de peluche, era la particular mascota del I./35. Panzer-Regiment, el batallón de los tanquistas de esta historia.
Su mote ( "Bären Abteilung", o batallón de los osos) era representativo de esta agradable figura, que llevaban pintada en cada tanque del batallón.



Tanquistas del I./35. Panzer-Regiment junto a su Panzer III, con el antes mencionado osito pintado en la torreta. En primer plano, una DKW NZ 350.



http://worldwartwozone.com/forums/index.php?/topic/12340-panzer-tales/


Desconectado Heinz von Westernhagen

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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #1 en: 24 de Septiembre de 2015, 09:23:36 am »
Un buen acierto, Ignaz, abrir este hilo. #@5

Saludos!! #@1

Desconectado josmar

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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #2 en: 24 de Septiembre de 2015, 18:26:13 pm »
 Una bonita historia....muy humana, y que parece "contrastar" con el "oficio" de los protagonistas.....


Desconectado mister xixon

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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #3 en: 24 de Septiembre de 2015, 18:47:57 pm »
Un post con muchas, muchas posibilidades  #@5 #@5
Bien Ignaz #@5 #@5
saludos #@2 #@5

Desconectado Ignaz Woll

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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #4 en: 24 de Septiembre de 2015, 21:15:53 pm »
Bueno, en vista de las buenas opiniones, os traigo la segunda parte del relato del Oberleutnant Anton Müller... ¢@40

El último ataque que hicimos todos juntos fue el 29 de agosto de 1943 en Ssewsk. Los soviéticos habían podido abrise camino y romper la línea cerca, y el Leutnant Bruno Kolitsch, de la Stabskompanie del batallón, me trajo las órdenes previsibles: acompañar a los infantes a liberar una sección de la línea, ahora ocupada por el Ejército Rojo. Mi tanque sería el único tanque en atacar en ese sector.

Al principio, todo fue maravillosamente. Giramos a la derecha, con la intención de rodear a los soviéticos, y, tras 2 kilómetros, hice posicionar el tanque justo enfrente de la trichera, de manera que pudieramos dar cobertura de fuego a la infantería. Tan pronto como nos posicionamos, comenzamos a recibir una lluvia de fuego provenientes de toda clase de armas ligeras, y no los rifles anti-tanque no tardaron mucho en aparecer. Un afinado proyectil impacto justo en el cristal de Huck, el conductor, y fue herido en la cara. Intentando ayudar, mientras tiraba las vainas vacías por la escotilla, casi me volaron un dedo, y a Himmelskamp una bala, que penetró de alguna manera en el Panzer, le hirió en el estómago. Sin embargo, continuamos en nuestro empeño, ya que debíamos capturar aquella trinchera. Bernhard (Himmelskamp) tiraba proyectiles de alto explosivo a la trichera, con la idea de machacar a la infantería enemiga, pero nuestros propios soldados no acababan de llegar.

Sin embargo, Himmelskamp, que aún seguía disparando sin cesar, no paraba de emanar sangre, y decidimos retirarnos hasta detrás de una pequeña loma para inspeccionar mejor su herida. Salimos del tanque, le quitamos la guerrera y la camisa, y lo vendamos lo mejor que pudimos. Pero, lamentablemente, tan enfrascados estábamos en nuestra tarea, que no vimos a 2 tanques soviéticos aproximarse. Para cuando nos dimos cuenta, y, corriendo, nos metimos en nuestro carro, ya nos tenían en sus objetivos. 2, 3 impactos, y nuestro carro comenzó a quemarse. Y los bolcheviques seguían acércandose, y estaban ya a menos de 40 metros. Himmelskamp había recibido otro trozo de metralla en el estómago, y el extremo inferior de mi pierna derecha estaba totalmente quemado. Mientras los demás escapaban de nuestro tanque por sus respectivas escotillas, yo arrastré al malogrado artillero por la escotilla de la torreta. De súbito, pocos instantes después de que yo y Himmelskamp nos posasemos, sangrantes, en el suelo, avistamos el carro del Leutnant Hans-Joachim Niede-Schabbehard, que había venido a socorrernos. El resto de mi tripulación nos llevo, bajo el fuego de ametralladora de los tanques enemigos, hasta la parte de atrás del tanque de nuestro camarada. A toda máquina, nos dirigimos a la retaguardia, mientras el Ejército Rojo nos disparaba con todo lo que tenía, no nos alcanzaron, y no hubo que lamentar ninguna pérdida, salvo la gorra del Gefreiter Knetsch, que fue disparada, cuando abría su escotilla. Rápidamente, se sumergió en el tanque y no volvió a abrirla durante el resto del viaje.

Cuando llegamos a la retaguardia, nos subieron a una ambulancia, a Bernhard y a mí, y nos conducieron a la estación de primeros auxilios. En el camino, Himmelskamp parecía estar bien, me hablaba, balbuceando, pero tranquilo. A los pocos minutos, palideció, se quedó quieto, mientras yo le miraba, desde el otro lado de la ambulancia, tumbado. Lentamente, giró su cabeza, y con una voz tenue, con la que nunca le había visto hablar, me miró, y con dolor, me tendió su brazo, diciendo: "Herr Leutnant, deme su mano, me voy a morir ahora". Su suave voz penetró en mi interior, y me quede quieto por unos cuantos segundos. Trate de hacerle sentir mejor : "Vamos, Bernhard, ¡ no digas esa clase de tonterías ahora ! Ya estamos, queda poco. ¡ Vas a recuperarte antes que yo! " El calló.

Acerté. Llegamos al de muy poco. Le sacaron primero a él, después a mí. Cuando me estaban conduciendo a una mesa, el médico me dijo : " El Obergefreiter Himmelskamp ha fallecido, murió en el camino". Se fue de la misma manera con la que vivió, tranquilo, callado y modesto. Más tarde, el 13 de septiembre, en Varsovia, cuando estaba recuperándome en un hospital bastante más grande, pude oír una noticia en la radio:

"El Führer ha decidido condecorar póstumamente con la Ritterkreuz al Obergefreiter Bernhard Himmelskamp, artillero en el 35. Panzer-Regiment, por su valentía y arrojo, y por la destrucción de 40 blindados"


Obergefreiter Bernhard Himmelskamp
(21 de diciembre de 1919-29 de agosto de 1943)


Historia extraída, a su vez, del libro "Knight's Cross Panzers - The German 35th Panzer Regiment in WW II"
http://worldwartwozone.com/forums/index.php?/topic/12340-panzer-tales/


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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #5 en: 27 de Septiembre de 2015, 21:59:08 pm »
El SS-Hauptscharführer Horst Gisentus se encontraba al mando de un Tiger I del Schwere SS-Panzer Abteilung 101 en Normandía, y el mismo nos cuenta uno de sus combates en aquel verano de 1944... ¢@40

Tomamos una posición de bloqueo algo al norte de Caen, camuflados a un lado de la carretera, que daba a un cruce de caminos. Desde allí, teníamos una excelente vista de todos las carreterillas que venían a para a nuestra posición. A nuestros lados, en el "bocage", casi invisibles, teníamos a unos cuantos infantes del Heer, que contaban además con morteros y numerosas armas anti-tanque.

Media hora más tarde de posicionarnos, avistamos, como a kilómetro y medio, una fuerte columna acorazada, que constaba de tanques, pero también de semiorugas, y carros de reconocimiento. Pacientes, sin revelar nuestra posición, esperamos a que se colocasen a un kilómetro... y disparamos sobre el primer tanque de la columna, un Sherman, acertando y incendiándolo. Algunos de los otros Sherman que lo acompañaban se salieron del camino, intentando cazarnos. Sin embargo, no nos había descubierto, y pudimos lanzar otro tiro rápidamente, con el que paralizamos otro Sherman. El resto de blindados aceleró, intentando flanquearnos. Pero cazarnos era díficil, ya que nuestra posición era extremadamente buena, y perfecta para una buena batalla...

En menos de un par de minutos, 3 Sherman más yacían, quemándose, en aquel trozo de campiña francesa. El resto de blindados se retiró hacia la columna, que sufría los estragos de los morteros pesados de nuestros infantes. Pero, sin embargo, debieron habernos localizado, pues la artillería aliada comenzó a caer sobre nosotros. Rápidamente, ordené a mi conductor, Karl, que diese la marcha atrás, para replegarnos a un bosquecillo. Sin embargo, el fuego continuó sobre nosotros, pero no salimos del Tiger. La barrera continuó por un buen tiempo, y cuando finalizó, abrí mi escotilla, y observé que la columna seguía allí, sin moverse un pelo. De pronto, un ruido ensordecedor comenzó a venir desde los cielos, y pude ver como un buen número de jabos (cazabombarderos aliados, según los combatientes alemanes) venía hacia nosotros...


Shermans en movimiento durante la Batalla de Normandía


Continuará...


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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #6 en: 28 de Septiembre de 2015, 21:44:19 pm »
Proseguimos con el relato del SS-Hauptscharführer Horst Gisentus... #@1

En un par de segundos, las primeras bombas comenzaron a caer a nuestro alrededor. Entre  el ruido infernal, los aeroplanos aliados lanzaban misiles a cualquier objetivo, disparando hacia donde sospechaban que nos escondíamos.  El suelo parecía tambalear, y con el, nuestro Tiger I, por lo que nos tuvimos que agarrar a cualquier cosa que tuviesemos al alcance para no caernos o golpearnos. Cuando, finalmente, los aviones enemigos se retiraron, pudimos comprobar cómo, maravillosamente, habíamos salido indemnes. La columna, al considerarnos eliminados, avanzó segura sobre la carretera. Sin embargo, nuestro Tiger, junto con la mayoría de los infantes del Heer que nos acompañaban, estaba al acecho. En unos pocos minutos, un puñado de vehículos más habían sido destruídos por nuestro cañón, incluyendo varios Sherman. Cuando la columna pareció retirarse por un instante, temeroso, abrí mi escotilla, y miré. Dos tanques alemanes, que habían venido a sumarse a la emboscada, habían sido destruídos, bien por la artillería, bien por los aviones, bien por los Sherman de la columna, y ví a la infantería retirándose, aprovechando ese momento de tranquilidad.

Sin intención ninguna de sacrificar mi tanque y mi tripulación, decidí que era mejor retirarnos, pues no quería que algún "Bazooka", que podía acercarse fácilmente por nuestra falta de escolta, volase mi preciado Tiger. Pero retirarnos y dar la marcha atrás implicaba dejar nuestro escondite, dejándonos completamente a la vista. Tan pronto como iniciamos la retirada, una lluvia de proyectiles, provenientes de los Sherman que aún le quedaban a la columna, comenzó a caer sobre nuestro blindaje frontal, rebotando en cada una de las ocasiones. Sin embargo, uno o dos obuses impactaron en los flancos, dañando los guardabarros blindados y las orugas. De pronto, el motor empezó a tronar con sonidos sin precedente, pero ordené al conductor que prosiguierámos marcha atrás. Justo entonces, fuimos a caer, marcha atrás, colina abajo, lo que fue alucinante. Sin embargo, habíamos terminado en un campo completamente abierto, por lo que ordené al conductor que siguiéramos en nuestra particular retirada. El Tiger, al contrario, no podía moverse, pues una oruga se había salido, rota. Contacté con mi oficial al mando y le expliqué la situación, mientras el resto de la tripulación oteaba, aterrorizados por que los aliados nos pillasen en esa situación, inmóviles y con casi ninguna munición. Dijo que nos sacaría de allí. Pero, efectivamente, los primeros elementos de la columna nos alcanzaron. Tras agotar toda nuestra munición, fuimos alcanzados en un flanco, y tuvimos que abandonar el Tiger I, ya en llamas, y correr por nuestras vidas hasta la retaguardia, mientras los "Tommies" nos disparaban desde sus tanques.



Un Tiger I del schwere SS-Panzer-Abteilung 101, abandonado, con la oruga izquierda rota, por su tripulación en Normandía, verano de 1944






http://worldwartwozone.com/forums/index.php?/topic/12340-panzer-tales/?p=220761
« última modificación: 30 de Septiembre de 2015, 19:04:04 pm por Ignaz Woll »


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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #7 en: 29 de Septiembre de 2015, 15:15:32 pm »
 #@5 Una biografía muy completa sobre el personaje Ignaz, buen trabajo como de costumbre.
Saludos.

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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #8 en: 30 de Septiembre de 2015, 19:03:09 pm »
El SS-Untersturmführer Fritz Kauerauf, comandante de un Königstiger en el Schwere SS-Panzer-Abteilung 503, narra arte de lo sucedido el 9 de febrero de 1945, en Ziegenhagen, Pomerania... ¢@40

Mis peticiones para tener zapadores que ayudasen a remover las minas que bloqueaban el camino no tuvieron eco. Finalmente, supuse que tendría que ir yo mismo y limpiarlas. Algo fácil de decir pero difícil de hacer. Afortunadamente, vino ayuda de un camarada desconocido, en uniforme de gala y probablemente de regreso del hospital, quien paso adelante de nuestro Panzer cubriendose en una casa a la derecha del camino minado. Cargaba una bolsa repleta de explosivos. De una manera casi imposible, saltando adelante y atras, fue volando una mina tras otra colocando cargas explosivas o granadas de mano en ellas. Habia como entre 5 a 10 de ellas. Fue un comportamiento admirable, inolvidable para todo aquel que haya sido testigo.

Cuando terminó con su arriesgada tarea, haciéndonos señas, aquel valeroso SS-Untersturmführer nos informó de la presencia de un JS-2, que venía hacia nosotros, por una calle colindante. Ordené a mi cargador, Bruno Tuschkewitz, que cambiase de munición. Mi apreciado tripulante extrajo, bastante rápidamente, el proyectil de alto explosivo por uno perforante. Los casi 7 kilos y medio de peso, y los 1.2 metros de longitud no fueron demasiado problema para él. Pocos segundos más tarde, un freno de boca, que, indudablemente venía de un Josef-Stalin 2, como el valiente oficial nos había indicado anteriormente, apareció. Con una altura que alcanzaba a la mitad de las casas de la calle, el blindado soviético paró, súbitamente, ante nosotros, a sólo 50 metros.

-"A las 12 en punto, proyectil perforante, Josef-Stalin, apunta entre el casco y la torreta"-Le indiqué a mi artillero, Fritz Lukesch.
- "¡Fuego!"

El Josef-Stalin se paró, y las escotillas de sus tripulantes se abrieron. Mi tripulación empezó a celebrar, a cantar nuestra victoria. Pero yo no me fiaba, ya que su cañón aún parecía apuntar hacia nosotros.

-"¡No seas idiota! ¡Dispara otra vez!"-grité a mi artillero.

Y una vez más, repitimos la operación.

Tras el tercer impacto, el Josef-Stalin estaba ardiendo, con mucho brillo, justo enfrente nuestro, y su munición comenzó a explotar. De pronto, vimos a otro par de tanques del mismo modelo aproximarse hacia nosotros, y se pararon a cada lado del tanque en llamas. Sus tripulaciones debieron aterrorizarse, al ver nuestro Königstiger a esa corta distancia, seríamos el primero que verían. Abrieron sus escotillas, saltaron, y salieron corriendo.

Continuará...


Un Königstiger en 1945



http://worldwartwozone.com/forums/index.php?/topic/12340-panzer-tales/?p=221407
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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #9 en: 01 de Octubre de 2015, 19:18:06 pm »
Situémonos, por un momento, en los trágicos días de febrero de 1945, en Pomerania, cuando el Éjercito Rojo se acercaba, cada vez más, hacia el corazón de Alemania, hacia Berlín, a pesar de los extraordinarios esfuerzos y heroicas hazañas de los soldados teutones. Ahora sí, continuamos con el relato del SS-Untersturmführer Fritz Kauerauf.

Los Fallschirmjäger nos vitorearon con alegría y recibimos felicitaciones por radio. Pero había que continuar. Luego de que el fuego en el enorme tanque soviético amaino un poco, continuamos nuestro avance y entramos en el camino del avance soviético, sacándolos del camino a los lados. El camino pertenecía ahora a nosotros, a nuestros paracaidistas y a los Panzers y cañones de asalto, con el SS-Oberscharführer Phillipp Wild detrás nuestro. Continuamos avanzando acompañados de los paracaidistas, sabiendo que habíamos sido exitosos.  Recibimos dos o tres impactos que rebotaron en el blindaje, pero el avance del Ejército Rojo al norte había sido aplastado. Hacia el atardecer alcanzamos la salida sur de Klein-Silber en direccion a Reetz y tomamos posiciones defensivas con nuestros tres Könistiger.

Ya solo quedaban unos siete paracaidistas con nosotros, muy pocos para manejar por turnos dos posiciones de ametralladoras. Ellos habian hecho un gran esfuerzo y estaban totalmente agotados. A pesar de ello, continuaron con determinación.

Durante la noche el SS-Obersturmführer Jakob Kaes y yo intentamos llegar a pie al puesto de mando, que en el intervalo había sido movido al frente, pero fue imposible. La situacion en el poblado detrás nuestro seguía siendo caótica. Supimos que el SS-Untersturmführer desconocido que nos había abierto camino entre las minas y que nos había alertado sobre los tanques había sido muerto por una granada de artillería. Nos sentimos algo tristes por el dado que sentimos que se merecía la Cruz de Caballero por su heroísmo. Mas tarde, en la noche, un camión con suministros nos alcanzó e hizo entrega de un barril de 200 litros de gasolina por Könistiger. No teniamos comida, pero tampoco hambre. Repostar de los barriles era un trabajo arduo. A lo largo de la noche, rezagados sovieticos y caballos con carretas pero sin conductor pasaban por el terreno. Para descansar un poco buscamos acomodarnos lo mejor posible en el pequeño espacio de nuestros Panzer. Uno de nosotros permanecía vigilando en la cúpula del comandante. Con la artillería soviética constantemente golpeando el pueblo apenas se podía dormir.

Durante la mañana se nos dio la orden de tomar el resto del pueblo hacia el este. Para hacer eso, debíamos avanzar aproximadamente unos 100 metros. Un malentendido hizo, a pesar de haber acordado lo contrario, que volviéramos a encabezar la formación. La situación no sonaba prometedora para un ataque Panzer exitoso. El terreno podía ser capturado por otros medios, tal y como sucedió mas tarde. Dado que no había infantería con nosotros, como los paracaidistas el día anterior, para cubrirnos en combate cerrado,  solicité por radio que se nos enviasen "conejos del lugar" (nombre en código para la infantería). En vez de una respuesta, sin embargo, se nos enviaron más y más ordenes urgentes de atacar. Finalmente le dije al conductor :

''Menke, ¿debemos de ir o no?

La respuesta unánime de la tripulación fue :

'''SS-Untersturmführer, debemos ir.'

Dado que el transmisor estaba abierto por error, nuestra conversacion fue escuchada, tal como supe despues, por el estado mayor de Steiner dado que nuestro trafico y el sovietico eran monitoreados. Esto provoco admiracion para nuestra tripulacion, sin embargo no todos llegaron a saberlo.

Entonces envie un mensaje radial :

''¡Para Regenbogen (arcoiris) de Adler (aguila), estoy avanzando hacia la salida del pueblo, por favor síganos!''


Y luego para mi tripulación :

''¡Panzer, a toda marcha, hacia la salida del pueblo!''

Menke acelero al frente. Eran solo 500 o 600 metros, y esperaba que los Panzers y cañones de asalto nos pudieran seguir y lográsemos la misión sin apoyo de infantería. De improviso nos vimos en los limites de Klein-Silber sin nadie más. Nuestros constantes intentos por establecer contacto radial fueron en vano e incluso mi ultimátum de que se nos siguiese o tendríamos que regresar quedo sin respuesta. No podíamos creer que no nos hubiesen seguido. Solo después, en el hospital, supe que el Könistiger del SS-Obersturmführer Kaes, que venia inmediatamente detrás nuestro, fue alcanzado e incendiado por los soviéticos y bloqueo el camino para los cañones de asalto que seguían. Afortunadamente Kaes y su tripulación solo quedaron algo conmocionados, y no sufrieron herida alguna.



Un Königstiger en 1945, combatiendo en el Este





NOTA: Este texto fue originalmente escrito por el usuario MiguelFiz, del Foro El Gran Capitán, en 2011. Yo, asumiendo su continuidad con mi relato anterior, lo he modificado y he corregido diversos fallos o frases, que simplemente, no me gustaban, para proseguir con el interesante relato de este comandante.



http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=12&t=18569&start=30#p573161


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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #10 en: 01 de Octubre de 2015, 19:54:12 pm »
   ¡¡ Emocionantes narraciones, Ignaz....!! 


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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #11 en: 02 de Octubre de 2015, 20:44:18 pm »
Proseguimos con el cautivador relato del SS-Untersturmführer Fritz Kauerauf, al mando de su Königstiger, en febrero de 1945.

Nos quedamos ,más o menos, un cuarto de hora en el límite del pueblo, pues sabíamos que no podíamos aguantar más que eso. Dado que nadie mas llegaba, comenzamos a retroceder lentamente, disparando ocasionalmente con nuestras ametralladoras a los soviéticos. Solo logramos remontar la mitad del camino, en el intervalo los bolcheviques habían erigido un bloqueo, empleando una carreta y alguna clase de equipo agrícola, que efectivamente bloqueaba nuestra ruta de retirada. Intentamos rodear el bloqueo lentamente pero el tanque se deslizo por la izquierda en una depresión de tal manera que nuestro cañón quedo apuntando al cielo. Defenderse con las ametralladoras del casco o la torre no era posible. De inmediato los soviéticos comenzaron a acercarse e inclusose  subieron en el Panzer, insúltandonos y gritando. Nos paralizamos por un momento, mientras los bolcheviques disparaban con sus subfusiles contra nuestroKönigstiger, tan sólo quitándonos la pintura. Le ordene a Merke, nuestro conductor, meter la marcha atrás hacia el camino con toda la potencia y salir por un hueco entre dos graneros a la derecha, salir del pueblo. Salimos de la depresión, y pasamos los dos graneros. Pero todavía no habíamos salido del pueblo cuando nos alcanzó una inmensa explosión, que traía consigo una enorme bola de fuego. El Panzer se detuvo de inmediato.

''¡Salgamos de aqui!''

Grite para a continuación levantarme y saltar de la cúpula mientras la torre recibía un segundo impacto, que aplasto mi espinilla izquierda. Luego vino un tercer impacto mientras saltaba del Königstiger al suelo. Pude ver a un camarada correr, pero en realidad fueron dos mas los que salieron.




NOTA: Este texto fue originalmente escrito por el usuario MiguelFiz, del Foro El Gran Capitán, en 2011. Yo, asumiendo su continuidad con mi relato anterior, lo he modificado y he corregido diversos fallos o frases, que simplemente, no me gustaban, para proseguir con el interesante relato de este comandante.



http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=12&t=18569&start=30#p573161


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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #12 en: 03 de Octubre de 2015, 13:33:10 pm »
Relatos muy amenos e interesantes.

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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #13 en: 05 de Octubre de 2015, 20:34:01 pm »
Gracias, Ulrich  #@5!

Continuamos con la historia del SS-Untersturmführer Fritz Kauerauf, después de que su Königstiger fuera alcanzado...

Ellos se dirigieron por la dirección correcta y alcanzaron nuestras posiciones defensivas de la tarde anterior. Allí permanecían un StuG y el tercer Könistiger, que había quedado inmovilizado debido a un fallo en su sistema eléctrico. Solo podía disparar sus ametralladoras, ya que su torreta no podía girar.  Nuestros paracaidistas del día anterior también seguían allí. Cosas de las que me entere luego. Caí al suelo gritando y con los brazos extendidos, ante la mirada de algunos soviéticos cerca. Una vez en el suelo saque la pistola del bolsillo de mi uniforme. Sin embargo los soviéticos no me pusieron atención.

El espectáculo del Könistiger en llamas era mucho mas interesante para ellos. En el murieron mis camaradas, el artillero Fritz Lukesch, un sajon de 17 años de Transilvania (sic), y Bruno Tuschkewitz, el cargador, quien creyó hasta el final que podríamos recapturar su pueblo natal en Pomerania. El Könistiger se convirtió en su tumba. EL radiooperador Beiber, a quien yo vi escapando, y Menke, el conductor, solo sufrieron quemaduras leves. El frontal de nuestro Könistiger y su cañón eran visibles desde el StuG al cual llegaron ellos. Tambien me vieron desde alli.

Me hice a un lado y me fui arrastrando a un establo, mientras que el cañon de asalto y los sovieticos volvieron a la actividad. El cañon de asalto disparo proyectiles explosivos hacia la granja y alrededor del establo en el que me ocultaba, pero a la suficiente distancia como para que no me hiriesen. Los soviéticos debieron buscar cubierto. Mientras tanto, empleando el cable de mis auriculares y un pedazo de madera, trate de improvisar un torniquete para mi pierna izquierda, de la cual mi pie y lo que quedaba de la bota colgaban plácidamente unidos a mis pantalones. Me puse cuerpo a tierra y seguí arrastrándome en dirección al StuG. De pronto, senti un dolor agudo en ambos muslos. Detrás mio un bolchevique me disparaba con una metralleta apoyada en su regazo. Las primeras dos balas me dieron, luego el no pudo mantener el arma estable y el resto de la ráfaga quedo a la izquierda.

Me volví y le dispare con mi pistola a el y a otro que miraba desde una esquina cercana. El primer soviético cayo cerca de dicha esquina. Entonces quede apoyado en mi costado, mirando a las dos esquinas del establo. No vino nadie mas, pero en cambio me arrojaron una granada de mano, que cayo muy cerca. Pude agarrarla y lanzarla, justo luego de eso exploto, muy cerca de mi mano, y una tira de metal del cuatro a cinco centímetros de largo atravesó mi labio inferior y quedo alojada bajo mi dentadura inferior. Sin embargo pude continuar arrastrándome. Una vez mas grité luego de la explosión con la esperanza de que los soviéticos pensasen que finalmente me habían acabado. Cuando estaba en el centro del establo apareció otro soviético, el segundo a quien pude dispararle. Nadie más se fijo en mi. Entonces pude ver, como seguramente los soviéticos detrás de los dos establos, a tres hombres del cañon del asalto en las cercanías de las granjas sobre la calle avanzando hacia nosotros.

Se dirigieron a la otra granja y llegaron casi a distancia para hablarles cuando dieron la vuelta y desaparecieron en el cañon de asalto. Me deprimí mucho, pero decidí seguir arrastrándome hasta la puerta de madera entre los dos establos donde vi una ametralladora soviética inmediatamente detras, con su cargador redondo en alto y dos hombres detrás. Con el ruido sordo de la lucha alrededor no atraía su atención. Parecieron horas mientras quite el primero y puse el segundo cargador en la pistola. Entonces, me acerque a la puerta para disparar a los dos soviéticos de la ametralladora, pensaba guardar una bala para mi mismo, pero las cosas se sucedieron de manera distinta. Apunte, dispare, apunte, dispare, volví a apuntar, no podía ver nada mas y dispare, ¡pero la pistola se atasco!. Todo estaba perdido, lance la pistola, luego me dije, ¡No, no todo esta perdido!, me arrastre, me seguí arrastrando, arrastrando y solo arrastrando. hacia donde habían llegado mis camaradas antes, así me decía a mi mismo, ¡hasta que lo logre!. Desaparecí bajo una montaña de patatas. Luego me cabreé pues no podía tirar de mi pierna destrozada para que quedase cubierta, entonces me desmaye.


NOTA: Este texto fue originalmente escrito por el usuario MiguelFiz, del Foro El Gran Capitán, en 2011. Yo, asumiendo su continuidad con mi relato anterior, lo he modificado y he corregido diversos fallos o frases, que simplemente, no me gustaban, para proseguir con el interesante relato de este comandante.



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« última modificación: 10 de Octubre de 2015, 18:18:47 pm por Ignaz Woll »


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Re:Historias de Tanquistas Alemanes

« Respuesta #14 en: 10 de Octubre de 2015, 19:32:05 pm »
Proseguimos con el extenso relato del SS-Untersturmführer Fritz Kauerauf...

Recuerdo que luego, vi un avión soviético "Rata" (Polikarpov I-16), dando vueltas en lo alto sobre el cielo nublado y a un Fallschirmjäger parado junto a mi pie, disparando su StG-44 hacia la granja. Dos de nuestros hombres en uniformes de cuero se acercaron, y bajo el terrible fuego, me gritaron:

''SS-Untersturmfuhrer, ¿de donde podemos agarrarle?''

Y yo les conteste, gritando también, con una forzada sonrisa:

''¡Tómenme de los hombros y vayámonos de aquí!''

A la carrera, sin detenerse, me arrastraron en linea recta unos 200 o 300 metros hasta el StuG. Sólo cuando lo alcanzamos el tercer hombre, el paracaidista, vino con nosotros. El comandante del tercer Könistiger fue al cañon de salto y reporto que el Panzer estaba inservible. Le ordene desechar el cierre del cañón y volar el blindado, lo cual hicieron. No recuerdo quien manejaba el StuG , pero en todo caso me llevaron al puesto de socorro mas cercano alrededor de las 09:30 AM. Posteriormente pude identificar al líder de mis rescatadores, que con tanto ímpetu me habían buscado por aquella granja, jugándose su propia vida sin tener el más remoto conocimiento acerca de si seguía vivo. Su nombre era Leonard Theunissen, y no regresó de los combates por Berlín. Alguien encontro su Soldbuch (libro de pago) y la envió sin comentarios a la dirección registrada de sus padres. Su ultima carta indicaba que su Panzer tuvo que ser volado en Klein-Silber y que todos sus efectos personales se quedaron allí. "Dios sea con ustedes" fue su ultimo saludo para sus parientes.

Cuando me llevaban del puesto de socorro a la ambulancia, algunos de los hombres del 11. SS-Panzer-Regiment estaban alli, y uno me dijo al oido :

''SS-Untersturmführer, nosotros lo vimos todo, ¡buena suerte!''

Luego supe en el hospital que los Grenadier de la division "Norland" avanzaron sobre el terreno que habíamos capturado y que eso hizo posible el quitar el cerco sobre Arnswalde una semana después. Algunos de los Könistigers del Schwere SS-Panzer Abteilung 503, que habian llegado alli, incluso fueron llevados por tren a Danzig para su defensa.

Durante la ruptura a Arnswalde, el SS-Oberscharführer Philipp Wild, que había ganado la Rittekreuz en Narva, también fue herido y llevado al hospital en malas condiciones. Sin embargo, sobreviviría, y viviría tranquilamente hasta 1999.



Sobre el dramático ataque que iniciamos Kaes, Wild y un servidor, se me dijo luego de la guerra hacia el fin de 1945, en el hospital de Ratzeburg (Hospital para los SS custodiado por británicos) por parte de un SS-Haupsturmführer del estado mayor del III. SS-Panzerkorps, al mando del SS-Obergruppenführer Felix Steiner en Pomerania lo siguiente :

''Mientras monitoreábamos el tráfico de radio enemigo, se noto mucha excitación, cuando en el lado soviético hablaban de un Königstiger , que había detenido una columna soviética, lo que causo mucho regocijo y alivio entre nosotros, y aún más cuando el Königstiger destruyo a los 3 tanques Josef-Stalin y nosotros pudimos empujar a los soviéticos de su ruta de avance.''

Ese era mí Königstiger.

FIN

De los 3 comandantes de Königstiger que participaron a este ataque, todos fueron heridos de gravedad. El SS-Untersturmführer Fritz Kaureauf, como hemos podido ver, tras ser dejado sólo. El SS-Oberscharführer Philipp Wild, sería herido y sobreviviría de milagro. El último comandante, el SS-Obersturmführer Jakob Kaes, moriría pocos días más tarde, el 27 de febrero de 1945, en un hospital en la retaguardia, a más de 600 kilómetros de la ciudad que le vio nacer, de manera similar a la de los millares de combatientes de ambos bandos que fallecieron en la carrera hacia Berlín.



El SS-Oberscharführer Philipp Wild, con la Cruz de Caballero al cuello, junto a su comandante de compañía, el SS-Obersturmführer Rudolf Rott, que la conseguiría el 27 de febrero de 1945


Fallschirmjäger en un Königstiger, 1945



NOTA: Este texto fue originalmente escrito por el usuario MiguelFiz, del Foro El Gran Capitán, en 2011. Yo, asumiendo su continuidad con mi relato anterior, lo he modificado y he corregido diversos fallos o frases, que simplemente, no me gustaban, para proseguir con el interesante relato de este comandante.



http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=12&t=18569&start=30#p573161


 

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