Los bous y el combate naval del cabo machichaco.

pio-3

30-12-2008

LOS BOUS ARTILLADOS Y EL COMBATE NAVAL DEL CABO DE MACHICHACO

El bou es un arte de la pesca de arrastre, consistente en una especie de barco tirado por dos barcos. El bou sería, también, el barco poderoso especialmente bien dotado para la pesca. Los bous de nuestra historia son barcos de hierro, grandes rápidos, capaces de afrontar los mares arbolados del Cantábrico o del Gran Sol y los hielos de Terranova.

El Nabarra ya artillado.

Ante la penuria de buques que sufrieron las dos marinas enfrentadas en nuestra guerra civil muchos de estos barcos fueron artillados y empleados como unidades auxiliares. Su peripecia es bien. desconocida, en consecuencia con el escaso relieve que la bibliografía de la guerra civil ha dado a la guerra en el mar.

En su gesta hay casos tan peregrinos como el del Galerna, un bacaladero de 1.204 toneladas, que amenazó al Hood con hundirle si no se apartaba de su ruta. El crucero Almirante Cervera trató de interceptar al mercante británico Mac Gregor cuando se hallaba a 10 millas de la costa. Se lo impidió con su sola presencia el crucero de batalla británico Hood clasificado por entonces como acorazado (41.000 toneladas y 8 piezas de 381 mm.). Intervino en ese momento el bou Galerna, que acompañaba al crucero español.- cortó el rumbo del mercante con un cañonazo a proa y, aunque no consiguió su presa por la intervención del destructor británico Firedrak, asombró al Hood cuando con señales de banderas le pidió que no interceptase su rumbo bajo amenaza de hundirle. Sin embargo, el papel de los bous excedió, a veces con mucho a las esperanzas que sobre ellos se depositaron.

Sin embargo, ninguna acción bélica de los bous puede compararse a la que protagonizaron cuatro pesqueros vascos de la marina auxiliar de Euzkadi el día 5 de marzo de 1937, cuando las tropas de Franco preparaban su ofensiva sobre el frente vasco y cuando Bilbao comenzaba a sufrir los efectos del bloqueo impuesto por los sublevados, por más que tal bloqueo tuviera más agujeros que un gruyere.

El día 4 de marzo se hicieron a la mar rumbo a Bayona los bous Gipuzkoa (1.200 toneladas, 12 nudos de velocidad y 2 piezas de 101 mm.), Nabara (1.200 toneladas, 12 nudos y 2 piezas de 101 mm.), Donostia (287 toneladas, 12 nudos, 1 pieza de 76 mm. y otra de 47 mm.) y Bizkaya (1.200 toneladas, 12 nudos y 2 piezas de 101 mm.) con la misión de escoltar al mercante Galdarnes, un vapor que navegaba bajo la bandera republicana y que embarcaba a unos 200 pasajeros, 5 toneladas de moneda de Euzkadi acuñada en Francia y carga general. A las 20 horas, ya de noche, los 4 bous llegaron frente al puerto de Bayona, de donde salía ya el Galdarnes. Cuando el mercante (3.700 toneladas y 8,5 nudos de velocidad, que con mal tiempo bajaban a 4, llegó a la altura de los bous, éstos se situaron por parejas a babor y estribor: Nabará y Donostía por el Norte; Gipuzkoa y Bizkaya, por el Sur, formando un cuadrado en cuyo centro navegaba el Galdarnes. Estas operaciones de contacto y encuadramiento concluyeron a las 21,10 horas. En este momento, el convoy vasco se encontraba a 3 millas al noroeste de Bayona. El tiempo era tranquilo y los capitanes confiaban en entrar en el puerto bilbaíno de El Abra hacia las 12 de la mañana del día 5, después de una singladura de 90 millas, necesariamente alargada (en línea recta de Bayona a Bilbao no hay más de 70 millas), para alejarse de la costa guipuzcoana ocupada por los nacionales.

Bou Bizkaia.

Bou Donostia.

Las cosas comenzaron a complicarse poco después. A unas 8 millas de Bayona se levantó marejadilla del Oeste y comenzó a menguar la velocidad del convoy. Una hora más tarde, hacia las 23, el mar estaba ya en fuerte marejada, evolucionando hacia mar gruesa. El Galdarnes apenas puede ya rebasar los 4 nudos de velocidad y deriva lenta, pero inconteniblemente, hacia el Norte, obligando a los bous Donostia y Nabará a perder el rumbo original para mantenerse en escolta. Entre tanto, el Bizkaya y el Gipuzkoa, que seguían la derrota prevista, perdieron el contacto con el convoy al no poder romper el silencio radiofónico. Pero el temporal era esa noche menor enemigo que el cazador que a esas horas abandonaba la base naval de El Ferrol. El espionaje franquista acababa de informar que el mercante Mar Cantábrico navegaba cargado de armas hacia un puerto republicano del Norte y se envió al Canarias, la más potente unidad naval española de la época (10.000 toneladas, 30 nudos de velocidad, 8 piezas de 203 mm., artillería secundaria de 120 y 102 mm. ), a interceptarle

El crucero y los bous protagonizarían la batalla del cabo Machichaco, en la que también hubiera podido intervenir el destructor republicano José Luís Diez (1.536 toneladas, 36 nudos de velocidad, 5 piezas de 120 mm. y 6 tubos lanzatorpedos), que se desentendió de la defensa del convoy vasco. . El José Luis Díez se refugió en el puerto francés de Burdeos, donde desertó la oficialidad y se pasó a Franco, lo que aclara su actuación en el combate de los bous. El 5 de marzo amaneció frío, el cielo estaba nuboso y el viento aún era fuerte, aunque en disminución. Hacia las nueve de la mañana se avistaron los bous Bizkaya y Gipuzkoa a unas 14 millas al nordeste del cabo Machichaco. Para no romper el silencio radiofónico ambos se aproximan y los capitanes respectivos, Bilbao y Galdós, se comunican mutuamente haber perdido al resto del convoy y acuerdan comenzar su búsqueda sin romper el silencio de la radio, salvo acontecimientos extraordinarios. Bilbao, con el Bizkaya, rehace su andadura hacia el Este, mientras Galdós, con el Gipuzkoa, se desplaza hacia el Oeste por si el convoy hubiera rebasado El Abra en medio del temporal.

En realidad, el convoy se encontraba a unas 45 millas al nordeste del cabo Machichaco, mientras el Canarias avanzaba a una velocidad de 20 nudos por las aguas de la costa santanderina. Van pasando las horas y en Bilbao comienzan las preocupaciones. Los bous tardan demasiado. La inquietud se convierte en angustia hacia las 12,30, cuando los observadores de la batería costera de Punta Galea (equipada con piezas Vickers de 152,4/50 milímetros modelo 1923) localizan una gran unidad naval a unas 18 millas al Norte. El Canarias aún no había sido identificado y en Bilbao se quería creer que era algún buque del Comité de no Intervenci6n, pero a las 13 horas el buque fue identificado. El convoy estaba en peligro de perderse por completo. Quien primero vio lo que se le venía encima fue el Bizkaya, que a las 13,10, tras haber buscado inútilmente al convoy, por la proa a la ría bilbaína. En aquel momento caía un chubasco, pero de pronto se abrió un claro en el cielo y el Bizkaya se vio a unas 4 millas del Canarias. El capitán Bilbao puso en marcha la radio y dio la alarma, que sonó en todas las cabinas del convoy. El Canarias, por casualidad, se había colocado en el centro del disperso convoy vasco: Al Oeste tiene al Gipuzkoa; enfrente al Bikkaya, y a babor, al Nabara, Galdarnes y Donostia, todos al alcance de su artillería, aunque sólo pueda ver al Bizkaya. El crucero, a 20 nudos, gana sobre el bou, que, ha tocado zafarrancho de combate al tiempo que, a toda máquina, navega hacia la costa. Sólo 3 millas separaban a ambos buques y, ante el asombro de los vascos, el Canarias no hace fuego. En el crucero también había problemas. Su precipitada salida de El Ferrol había impedido el reglaje de su artillería principal. El director de tiro, Manuel Calderón -tercer comandante del Canarias- había estimado en 6 horas el tiempo que precisaba para el reglaje, en vista de lo cual el comandante de navío Salvador Moreno, ordenó levar anclas, sabiendo que esas 6 horas eran vitales para el cumplimiento de su misión. Ahora, con el Bízkaya bajo la sombra de sus cañones, se acercaba rápidamente para no marrar sus disparos. Otra preocupación del Canarias era el mercante Yorkbrook, al que, al parecer, había apresado cuando navegaba hacia un puerto republicano y que ahora, bajo la amenaza de sus cañones, marchaba mansamente hacia Pasajes.

La mole del crucero parecía ya a punto de aplastar al bou cuando los observadores del Canarias avistaron en un abierto del día al Gipuzkoa, que marchaba a toda máquina hacia El Abra. Las cuentas fueron rápidas en el buque de guerra: primero, el Gipuzkoa, antes de que entre en Bilbao; luego el Bizkaya, que -no tendrá tiempo de ponerse a cubierto. Así, cuando el capitán Alejo Bilbao esperaba la andanada de 4 piezas del 203 a una distancia mortal de necesidad, vio con asombro cómo el crucero viraba en redondo.

La casi milagrosa liberación del Bizkaya significaba una sentencia de muerte para el Gipuzkoa, que se hallaba a unas doce millas de Bilbao y a 8,del Canarias. Eran las 14 horas. El crucero acorta distancias y abre fuego con su artillería pesada. En ese momento la falta de reglaje de las piezas del crucero salvaron al bou. Comienza la carrera de la muerte: el Gipuzkoa ha de pasar 20 minutos de fuego y angustia antes de hallarse bajo la protección de los cañones de costa de Punta Galea. Serán los 20 minutos más largos de la vida del capitán Galdós y sus hombres. El bou salta entre las olas, mientras los disparos del Canarias le siluetean por babor y estribor. Al fin, una granada alcanza la popa del Gipuzkoa, desmonta el cañón y mata a tres de sus servidores. La artillería secundaria del crucero entra en acción; uno o dos proyectiles alcanzan al bou, que comienza a arder. La metralla que lanzan los cañones mal afinados acribilla los costados del bou, que mantiene su rumbo envuelto en humo. El capitán Galdós es herido; también su segundo, Badiola,. Pero ya los telémetros de la batería de Punta Galea comienzan a funcionar: 21.000 metros, 20.000, 19.000..., la distancia es demasiado larga para las piezas que manda el comandante Francisco Gutiérrez; de cualquier forma ordena hacer fuego para evitar el hundimiento inminente del bou, y el Canarias no quiso exponerse y viró en redondo a las 14,30, mientras su jefe de tiro, el teniente de navío Faustino Ruiz, lamentaba la falta de reglaje de sus piezas y mientras el Gipuzkoa, convertido en una hoguera flotante, era auxiliado por las mangueras del remolcador Altsu. A las 4 de la tarde fue por fin amarrado a los chicotes de El Abra, con 5 muertos y 12 heridos a bordo.

Cubierta del Guipuzkoa

El Bizkaya mantuvo su rumbo hacia Bermeo, su única oportunidad de salvación antes del regreso del crucero. Pero ese día el capitán Alejo Bilbao tenía la suerte de cara: no sólo había escapado de los cañones del Canarias, sino que en su desesperada marcha hacia Bermeo localizó al Yorkbrook, al que obligó a entrar en puerto. Eran las 16 horas. El buque estoniano fue descargado durante la tarde mientras a lo lejos continuaba el cañoneo: el Canarias tenía otras presas. Efectivamente, a las 14,30, cuando el comandante Moreno hizo virar al crucero para eludir el fuego de Punta Galea, su Estado Mayor comenzó a valorar la situación: primero, capturar al Mar Cantábrico; segundo, escoltar al Yorkbrook,- tercero, capturar o hundir al bou Bizkaya. Se imponía, pues, un rumbo de intercepción hacia el cabo Machichaco. Pero en ese momento, los vigías del Canarias detectaron la presencia de barcos a proa: 5 buques sin identificar. El Bizkaya, que en aquellos momentos estaba apresando al Yorkbrook, se salvaba por segunda vez el mismo día. La alarma dada por el Bizkaya había sonado en la radio del resto del convoy vasco hacia las 13,30. Los capitanes de los tres buques advierten que entre el muelle salvador de El Abra y ellos -en esos momentos a unas 25 millas al norte del cabo Machichaco- están los cañones del Canarias,- por tanto, en vez de mantener la maniobra Oeste-Suroeste, recién comenzada, dieron orden de poner proa al Norte buscando la proximidad de la costa francesa para escapar del crucero. Pero el temporal que amainaba y permitía al Galdarnes una velocidad de unos 6 nudos también dio al Canarias la opción de localizar al convoy al aumentar la visibilidad. Cuando el Galdarnes y los dos bous iban en dirección Oeste-Suroeste hallaron a dos pesqueros, el Pantzezka y el Josefa-Mike1, que se unieron a los barcos armados suponiendo que estarían más protegidos en su compañía. Su sorpresa fue mayúscula cuando hubo banderas ordenando virar al Norte. En ese momento, el Canarias se hallaba a unas 15 millas. Durante 30 minutos los 5 buques vascos aumentan la distancia a unas 17 millas; luego, cuando el crucero elude las baterías de El Abra, la distancia vuelve acortarse, aunque el Canarias aún no hubiera avistado a los buques vascos. Eso ocurrió hacia las 14,20 y a las 14,40 abrió fuego el crucero, ordenando con sus señales que se parase el convoy. Obedece el mercante y también los pesqueros que, sin banderas de señales, sufren otra andanada antes de que el Canarias advierta la situación.

Y en ese momento, cuando el crucero inmovilizaba a mercante y pesqueros, el Nabara abrió fuego. Eran, aproximadamente, las 15 horas y la distancia entre ambos buques unas 5 millas, distancia que superaba las posibilidades artilleras del bou. Enrique Moreno, capitán del Nabara -dos Moreno frente a frente, uno con un crucero, otro con un bacaladero-, un murciano de la Unión, treinta años de edad, decidió sacrificar su buque y tripulación para alejar al crucero de sus presas. Había comenzado la desigual batalla. El bou, casi siempre fuera de distancia, dispara sin cesar mientras corre zigzagueando rumbo Noroeste. El Nabara comienza a lograr su propósito. A las 17,30, el Canarias, que ya ha incendiado el bou, está a unas 6 millas del Galdarnes y de los pesqueros. Los tres buques a poca máquina se van alejando del crucero, pero los observadores del Canarias advierten la maniobra y, en un viraje, el crucero lanza una salva que alcanza al mercante. El Galdarnes se detiene resignado, mientras los pesqueros terminan por escapar. Aquello no es una tregua para el Nabara, sobre el que llueve la metralla del crucero, que le controla, le acosa y le acribilla casi siempre fuera del alcance de las dos piezas de 101 mm. del bou, que disparan cada tres minutos (la de proa se agarrota tras una hora de lucha). Hay fuego a bordo y también una docena de muertos. Algunos tripulantes abandonan el bou perdido que sigue luchando ante el asombro del Canarias: “No he conocido hombres más valientes que aquellos. El bou ardía por los cuatro costados; parecía que no podía quedar nadie vivo a bordo, pero cuando nos acercábamos para el remate nos soltaban otro cañonazo”, diría Manuel Calderón.

Precisamente, en uno de esos acercamientos, un proyectil del Nabara alcanzó al Canarias, causando un muerto y varios heridos. Pero el bou estaba irremediablemente perdido: media tripulación muerta o herida, incendios por todos los lados, una explosión en calderas...; a las dos horas de combate, tras haber disparado un centenar de cañonazos, el capitán Moreno dio permiso para abandonar el casco que aún cortaba las olas atemporaladas. Se fletaron dos botes y en ellos se salvaron 19 marineros, aunque algunos estaban gravemente heridos.

El Canarias observó el lanzamiento de los botes y dio por finalizada la lucha. Se acercó al bou y le remató con una andanada que le envió a pique. Con el Nabara se hundieron el capitán Moreno y su segundo, Sarasola, que no quisieron abandonar el casco moribundo. Entre tanto, el cuarto bou, Donostia, que había seguido el combate sin poder intervenir por su pobreza artillera, intentó recoger uno de los botes del Nabara, pero hubo de alejarse por los ruegos de los tripulantes del bote cuando ya el Canarias estaba sólo a 2 millas. Al final, mientras el Canarias recogía los botes del bou hundido, el Donostia pudo escabullirse protegido por las sombras de la noche y entró en el puerto de Arcachón.

Los 19 prisioneros lograron sobrevivir a sus heridas. Recibieron un trato humanitario del Canarias, que les entregó en el puerto de Pasajes. Fueron juzgados y condenados a muerte en San Sebastián, pero antes de que se cumpliese la sentencia intervino Manuel Calderón, el que fuera director de tiro del Canarias y que, en 1938, había pasado a ayudante naval de Franco en el Cuartel General de Burgos. Calderón, admirador de aquellos adversarios que tanto trabajo le dieron el 5 de marzo de 1937, logró el indulto para todos y se convirtió en su protector durante la posguerra.

http://www.elgrancapitan.org/enciclopedia/index.php/Los_bous_artillados_y_el_combate_naval_del_cabo_machichaco

Saludos

Kurt Meyer

30-12-2008

Interesante historia Pio

Saludos

pio-3

30-12-2008

ENTREVISTA DEL DIARIO "EL CORREO" A JUAN TELLETXEA, ÚNICO SUPERVIVIENTE VIVO DEL BOU NABARRA

Dicen quienes conocen a este vizcaíno que la expresividad no es una de sus señas de identidad, especialmente si la conversación le traslada hasta a aquel fatídico 5 de marzo de 1937, fecha de la batalla de Machichaco, de la que mañana se cumplen 70 años. Sin embargo, Juan de Dios Telletxea, único tripulante con vida del bou 'Nabarra' -sobrevivieron sólo 14 de los 52 marinos- hace «un gran esfuerzo» y rememora, casi con lágrimas en los ojos, el cruento episodio que dejó decenas de muertos en el bando vasco-republicano.

Natural de Ibarrangelu, el último testigo del barco peor parado en la lucha naval más importante de la Guerra Civil vive desde hace más de medio siglo en la localidad asturiana de San Juan de la Arena. El deterioro de sus piernas le impedirá, a sus 90 años, participar mañana en el homenaje a los marineros fallecidos en aquel desigual combate. No obstante, una parte de él estará allí presente. De hecho, «nunca se fue».

-¿Qué le llevó a enrolarse en la Marina Auxiliar de Guerra de Euzkadi?

-El momento. Había estallado la Guerra Civil. A mi regreso de navegar por Inglaterra, recuerdo que acudí al Hotel Carlton y de manera voluntaria completé la inscripción. No tuve ningún instante de duda.

-¿Qué edad tenía usted entonces?

-Sólo 20 años, pero eran suficientes como para aprender a ser soldado.

-Y le destinaron al bou 'Nabarra'...

-Exacto. Yo era uno de los miembros de la cocina, hasta que el día de la batalla con el enorme buque franquista 'Canarias' me dediqué a transportar obuses a nuestros modestos cañones.

-¿Cómo describiría aquel trágico 5 de marzo, en el que el potente crucero de los nacionales hundió aquel bou que no era otra cosa que un pesquero reconvertido en barco de combate?

-(Silencio). No tengo palabras, fue muy triste. Recuerdo que pedía ayuda a Dios para salir del horror que allí estaba viviendo. Todo aquello me superaba. Fueron las cuatro horas más largas de mi vida.

-¿Tan duro fue lo que allí se vivió?

-Nunca me lo hubiera imaginado. Los disparos del 'Canarias' abrieron distintos focos de fuego en el bou. Los que estaban en la sala de máquinas tuvieron que salir pidiendo auxilio a cubierta, envueltos en llamas.

-¿Había estado antes tan cerca de la muerte?

-Jamás. Fueron escenas muy fuertes: compañeros fallecidos por todas partes, en un barco que estaba ardiendo. Además, los franquistas no paraban de dispararnos.

-Ante tal panorama, ¿cómo logró sobrevivir?

-Arrojamos los botes al agua, pero el fuerte oleaje los alejó. Entonces, nos vimos obligados a saltar directamente al mar. No nos sirvió de nada, ya que la armada de los nacionales nos capturó instantes después. De ahí, nos metieron presos durante algún tiempo en la cárcel de San Sebastián.

-¿Se arrepintió alguna vez de haberse presentado voluntario a la Marina de Euskadi?

-Nunca, la causa bien merecía la pena.

-Algunos investigadores buscan todavía el lugar donde zozobró el bou 'Nabarra', ¿podría usted ayudarles?

-No, porque con la climatología de aquel día era imposible saber en qué punto del cabo de Machichaco nos hallábamos.

-¿A qué se dedicó después de la guerra?

-Volví a trabajar en un mercante y viajé por todo el mundo. Después me casé con mi esposa, Honorina, hace ya 59 años, con la que tuve a mis hijos Maite e Iñaki. Trasladé mi residencia a Asturias.

      Saludos

pio-3

31-12-2008

Articulo del XLSemanal por Arturo Perez Reverte sobre el tema.

                                          UN GUDARI DE CARTAGENA

Colecciono combates navales desde niño, cuando mi abuelo y mi padre me contaban Salamina, Actium, Lepanto o Trafalgar, veía en el cine películas como Duelo en el Atlántico, Bajo diez banderas, Hundid el Bismarck, La batalla del Río de la Plata o El zorro de los océanos –John Wayne haciendo de marino alemán, nada menos–, o leía sobre el último zafarrancho del corsario Emden con el crucero Sidneyfrente a las islas Cocos. Dos episodios de la Guerra Civil española se contaron siempre entre mis favoritos: el hundimiento del Baleares y el combate del cabo Machichaco. Los conozco de memoria, como tantos otros. Cada maniobra y cada cañonazo. A veces, en torno a una mesa de Casa Lucio, cambio cromos con Javier Marías o Agustín Díaz Yanes, a quienes también les va la marcha aunque sean más de tierra firme: Balaclava, Rorke’s Drift, Stalingrado, Montecassino. Sitios así.

La del cabo Machichaco es mi historia naval española favorita del siglo XX. Sé que lo de historia española incomodará a alguno, pues se trata del más gallardo hecho de armas de la marina de guerra auxiliar vasca durante la Guerra Civil; pero luego matizo la cosa. Un episodio, éste, heroico y estremecedor, que tuvo lugar el 5 de marzo de 1937 frente a Bermeo, cuando el crucero Canarias dio con un pequeño convoy republicano formado por el mercante Galdames y cuatro bous armados de escolta. La mar era mala; el Canarias, el buque más poderoso de la flota nacional; y los bous, unos simples bacaladeros grandes, armados de circunstancias. Después de incendiar uno de ellos, el Gipúzkoa, que tras combatir pudo refugiarse en Bermeo, y alejar a otros dos, el crucero nacional dio caza al mercante, que paró sus máquinas. Luego decidió ocuparse del Nabarra.

Háganse idea. Un crucero de combate, blindado, de 13.000 toneladas, con cuatro torres dobles de 203 milímetros, capaces de enviar proyectiles de 113 kilos a 29 kilómetros de distancia, enfrentado a un bacaladero –el ex Vendaval, incautado por el gobierno vasco– de 1.200 toneladas, dotado con sólo un cañón de 101,6 a proa y otro igual a popa. El comandante del Nabarra era un marino mercante asimilado a teniente de navío, que había pasado toda su vida profesional en los bacaladeros de la empresa pesquera PYSBE, y que al estallar la contienda civil decidió seguir la suerte que corrieran los barcos de ésta. Y al verse encima al Canarias, que lo batía desde 7.000 metros de distancia con toda su artillería, decidió pelear. Puesto a ser hecho prisionero y fusilado, dijo tras reunir a sus oficiales en el puente, prefería hundirse con el barco. Todos estuvieron de acuerdo. Así que se pusieron a ello.

Fuerte marejada. Un cielo gris, viento y chubascos. Y hombres que se vestían por los pies. Arrimándose cuanto pudo, el humilde bacaladero consiguió meterle al crucero algún cañonazo en la amura de babor y otros que le tocaron palos y antenas. Durante una hora, maniobrando entre el oleaje, el Nabarra sostuvo el fuego de un modo que los mismos enemigos –el comandante y el director de tiro del Canarias– calificarían luego en sus partes de eficaz y admirable. Al fin, el cañoneo devastador del crucero liquidó el asunto cuando un impacto directo acertó en el puente del Nabarra, matando al timonel y al segundo oficial. Otro proyectil de 203 milímetros alcanzó la sala de máquinas y destrozó a cuantos estaban allí. Ya sin gobierno, aunque disparando sin cesar, el bacaladero encajó nuevos cañonazos enemigos. Al fin, viendo imposible proseguir el combate, su comandante dio orden a los supervivientes de que intentaran salvarse, quedándose él a bordo con el primer oficial hasta que el barco estalló y se fue a pique. Sólo veinte de los cuarenta y nueve tripulantes consiguieron llegar a los botes salvavidas. El resto, comandante incluido, desapareció en el mar.

Y ahora quiero apuntar un detalle que las fanfarrias oficiales y algún historiador de pesebre local suelen dejar de lado cuando se menciona la acción del cabo Machichaco: el comandante que de ese modo cumplió su deber y su palabra, hundiéndose con el barco después de tan atrevido combate, respetado y obedecido por sus hombres hasta el último instante de sus vidas, no era vasco. Había nacido en La Unión, Cartagena. Paisano mío. Estaba casado con una guipuzcoana llamada Natividad Arzac, hija del médico de Pasajes –una sobrina suya, Pilar Echenique Arzac, vive todavía en San Sebastián–, y peleó, como mandaban las ordenanzas, con la ikurriña izada en la proa y la bandera tricolor de la República Española ondeando en la popa, hasta que a las dos las desgarró, juntas y al mismo tiempo, la metralla del Canarias. Enrique Moreno Plaza, se llamaba el tío. Teniente de navío de la Euzkadiko Gudontzidia. Con un par de huevos exactamente donde hay que tenerlos. Acababa de cumplir treinta años.

      Saludos

Wittmann

03-01-2009

Buen trabajo Pio, felicidades.

Topp

03-01-2009

Una tripulación de valientes.

Saludos.

Moisin-Nagant

04-01-2009

Creo que una vez vi un documental sobre esos barcos, estaba en vasco asi que no entendí nada. 

pio-3

04-01-2009

Te los dejo en castellano.(Son de la ETB)

http://es.youtube.com/watch?v=Qag8dI8Ae34

http://es.youtube.com/watch?v=pLDm669P-g8

  Saludos

TITUS20050

04-01-2009

Muy buenos aportes a la historia de la GCE me encanto el relato de la batalla, felicitaciones

josmar

06-01-2009

Mi enhorabuena, pio. Un buen relato, y además, muy emotivo...

TITUS20050

09-01-2009

En relacion con este muy interesante articulo que nos aporto el amigo Pio-3 y con su permiso para complementarlo les paso elParte de Campaña del Comandante del "Canarias" sobre la Batalla del Cabo Machichaco", el mismo lo he obtenido de una trascripcion del documento del libro del Capitan Argentino Carlos A. Gomez " La Guerra en España" y tambien publicado en un numero de la revista "Defensa".

**PARTE DE CAMPAÑA DEL COMANDANTE DEL “CANARIAS”

            SOBRE LA BATALLA DEL CABO MACHICHACO

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“A las 12.55 se me notifico la presencia de un vapor arrumbando al E y distante unas 10 millas por el través de  estribor, mí posición era en ese momento 21 millas al N del Abra de Bilbao .Goberné en su demanda bien ajeno a la calidad del avistado que después de un breve periodo de indecisión cayo a estribor poniendo proa a tierra, esta maniobra motivo la rápida elevación de mi velocidad a 22 nudos primero y a 30 poco después al darme cuenta de la  necesidad de no perder tiempo evitando así un probable e imprudente acercamiento a los campos de minas que se extienden entres las puntas Galea y Lucero.”

“Minutos mas tarde, mi oficial ayudante de derrota reconocía en el vapor perseguido a un bou armado de los llamados “Pysbe” apreciación que basto para que sonaran las señales de alarma y la dotación acudiera a los puestos de combate. El bou forzaba su andar sosteniendo su proa sobre Bilbao, sin embargo, mi elevada velocidad permitía que la distancia que nos separaba disminuyera rápidamente.”

“A las 13.33 no me cabía duda alguna de lo que tenia que hacer y ordene a la batería de 120 mm. de estribor rompiera el fuego, dos minutos después sonaba la primera salva ,disparada con un alza de 600 mts que obtuvo inmediata contestación por parte del “Pysbe”. Mis piezas de mediano calibre molestas por una marejada gruesa que recibíamos a través y, carente de estación directora, reflejaba en todos sus tiros los inconvenientes de la inclinación del eje de muñones y, aunque las vía conseguir impactos, no  me daba la sensación de que fueran a decidir el combate en el breve tiempo de que disponíamos; por ello di intervención a las piezas de 203mm. que no tardaron en conseguir efectos definitivos”

“A las 13:45 el bou alcanzado por una salva de ese calibre fue puesto en llamas, viéndosele seguidamente desistir de su intento y dirigirse a varar en la playa de Sopelana , nuevos impactos dieron a los incendios el carácter de total destrucción.

El enemigo disparo rabiosamente con sus cañones de 102mm. de los cuales uno no tardo en quedar inutilizado por un impacto, falto sin dudas de dirección no consiguieron centrar su fuego observándose desde a bordo como sus proyectiles pasaban por encima del barco o explotaban a algunos centenares de metros cortos.”

“Desgraciadamente hubo una sola excepción de la que fue victima el Caballero Guardiamarina Don José Maria Chereghini en el preciso momento en que subía a su puesto de combate (ametralladora de 20mm instalada en plataforma baja de la estación “B”) alcanzado por un proyectil que no estallo pero que lo golpeo falleciendo en la enfermería dos horas mas tarde con ejemplar resignación y entereza.,El fuego del bou fue reforzado por las baterías de las puntas Galea y Lucero que entraron en acción  a 18000 mts. con tiro muy rápido y preciso ante lo que solo pude oponer la maniobra .Por fortuna no consiguieron blanco alguno sobre el “Canarias”.

“A las 14:00 considerando destruido el “Guipúzcoa”, así se llamaba el bacalero armado y muy próxima mi situación al limite de la zona peligrosa de la costa vire alejándome con proa a 355º y velocidad elevada aun para salir del sector batido por los cañones de tierra. El descanso que siguió no pudo ser más breve, alas 14:40 fue avistado por el N a gran distancia un vapor al que precia seguir algunos otros barcos delatados por las manchas de humo que oscurecían un amplio sector del horizonte. Pensé en el acto en el convoy salido de Bayona y cuya recalada a Bilbao estaba anunciada, la idea de sorprender en plena mar al destructor “José Luis Diez” hizo converger en el puente las miradas de toda la dotación que esperaba ansiosamente el toque de zafarrancho.”

“Establecido el régimen de 25 nudos no tardaron en dibujarse en el horizonte las siluetas de los buques que acompañaban al mercante, reconociéndose entre ellos a un bou de idéntico tipo que el que acababa de ser destruido y a dos pequeños patrulleros; todos abandonando su escolta, hacían ya rumbo al N en justificada huida. El “José Luis Diez” no se encontraba allí. Me dirigí primero al vapor que resulto ser el “Galdames” matricula de Bilbao y, al pasar próximo a su costado de estribor como continuase su rumbo sin hacer caso a mis señales de que abandonase el buque, le hice dos disparos de 120mm que lo alcanzaron en el puente y en la carbonera central, pretendiendo con ello atemorizar a su tripulación.”

“El remedio fue eficaz, instantáneamente izo bandera blanca y paro sus maquinas que habían de permanecer inactivas hasta que horas mas tarde le ordene arrumbara a Pasajes. Continué la caza de los bous y a las 15:07 abrí fuego sobre uno de los pequeños algo rezagado respecto a los otros dos, como no contestase a mis disparos e hiciese en cambio sonar angustiosamente su sirena, lo deje dando vueltas atolondrado, haciendo por su compañero de mayor categoría.”

“A las 15:10 llevándole por mi amura de babor y a distancia de 7000 mts.empece a batirlo con toda la artillería. Seguía reinando marejada gruesa del W que dificulto, quizás en mayor proporción que horas antes el tiro del calibre 120mm., el bacalero, por otra parte cubierto a ratos por el mar se defendía como era lógico alterando constantemente su rumbo sin temor que se estrechase  con exceso la distancia, para obtener el mayor partido posible de sus cañones bastante bien dirigidos y manejados, llego incluso a centrar su tiro en algunos momentos pero no consiguió herirnos ni una sola vez. Solo un rebote al tocar en el costado de babor entre las cuadernas 23 y 24 causo una abolladura en el forro a la altura del pañol del contramaestre.”

“Durante una hora continué el combate, el bou había recibido entretanto varios impactos de 120mm. y, ofrecía señales de tener fuego a bordo, mas fue preciso que lo hicieran por dos veces los cañones de 203mm.y lo incendiaran francamente para que dejara de disparar. Dándolo por perdido y pensando en rematarlo mas tarde, hice entonces por el patrullero armado que tenia a la vista y que disparaba locamente con su único cañón de 57 ó 47mm. aun a sabiendas de que no conseguía alcanzarnos; previamente hube de maniobrar para hacer entrar en fuego la batería de estribor y después de tocarles varias veces observe que el bacalero grande izaba una señal que repetida por el patrullero interprete como síntoma de rendición de ambos.”

“Di orden de suspender el fuego y me acerque pero como comenzasen a disparar nuevamente, tome distancia y comencé a batirlos con artillería dividida en grupos; otros dos impactos de grueso calibre acallaron las piezas del bou y lo pusieron en situación insostenible, el patrullero empezaba asimismo a arder. La dotación del primero se tiro en parte al agua y 20 hombres embarcaron apresuradamente en dos botes; abordo quedaron según supe después el capitán que termino suicidándose, el primer oficial y dos maquinistas  a los que supongo desaparecieron con el buque.”

“Inmediatamente suspendí el fuego y maniobre para recoger a los náufragos , varios de los que se tiraron al agua fueron muertos a tiros disparados desde su propio barco, otros debieron ahogarse rápidamente pues solo pude encontrar y tomar a mi bordo a los que se salvaron en los botes, 20 hombres en total, de ellos el tercer oficial herido en manos y pies ,un tripulante ex cabo de artillería con fractura de parietal, todos fueron debidamente asistidos.”

“Mientras asistía a los heridos se produjo una explosión en el bacalero (que llamare desde ahora “Navarra” pues ese era su nombre según manifestaron los náufragos) y se hundió sin dejar rastros. El patrullero maltrecho y ardiendo aprovecho la ocasión para escapar con proa a Bilbao, ignoro si llego o no, no lo perseguí por que no lo merecía y me interesaba mas volver sobre el “Gadames” antes que cerrase la noche.”

“A las 18:10 pasaba al habla de ese vapor y le daba orden de hacer rumbo a Pasajes, me contesto que tenia averías en calderas y que dudaba si podría o no obedecer, pero la amenaza de echarlo a pique en 5 minutos basto para que diese avante e iniciase la derrota impuesta. Lo escolte durante una hora y, después de encargarse custodia al “Velasco” en sucesivos radiogramas y con la certeza de que habría de encontrarlo volví a mi zona de vigilancia.”

pio-3

09-01-2009

No necesitas pedir permiso TITUS con tu aporte ya tenemos las dos versiones de la historia.

Tengo que decir que yo escuche en ETB(television autonomica vasca) la entrvista a Juan Telletxea (Superviviente del "Nabarra") y en ningun momento habla de disparos desde el "Nabarra") sobre ellos.

Veo este parte como un como lo que es la version de una de las partes.

P.D.Muchas gracias TITUS por tu aporte no conocia su esistencia.

  Saludos

josmar

09-01-2009

Buen documento, Titus. Un gran complemento a la impecable narración de pio. Mi felicitación a los dos...

Deleted member

20-01-2011

OK...

Buenas a tod@s..

gracias mil gracias me encanta encontrar foros en los que se habla de mi familia, yo no se mucho de este tema, por que en mi familia ha sido tabu, mi abuela nunca nos contaba nada de mi abuelo ya que segun decia ella el la dejo sola... me explico:

mi nombre es enrique moreno, hijo de enrique moreno y nieto de enrique moreno plaza el comandante del Bou Navarra, el cual fallecio en el barco sin saber que su esposa osease mi abuela Natividad estaba esperando un hijo, mi padre, y por eso yo creo que nunca se lo perdono..

por otro lado el sr perez reverte expuso esa noticia pero no se informo bien ya que menciona a una prima como allegada y no cita a sus nietos que somos cuatro y mas directos que esa supuesta prima, en fin mi mas sincera enhorabuena y muchas gracias por sacar una vez mas a la luz este tema.

Gracias.

TITUS20050

23-01-2011

Es bueno saber por interesados directos que el capitan del Bou Navarra tiene quien lo recuerden amende lo que se pueda publicar .

Saludos

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