Autor Tema: La Guerra de Crimea  (Leído 43 veces)

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La Guerra de Crimea

« en: 24 de Noviembre de 2017, 15:34:39 pm »
Leyendo algunos articulos sobre antiguas batallas ,encontre uno  que me parecio de sumo interes ya que el echo en si ademas de la trascendencia politico militar que tuvo al intervenir las mas grandes potencias de europa, ademas fue la primera gran guerra moderna.
Consideraciones iniciales

Hacia mitad del siglo XIX, el decadente Imperio Otomano  amenazaba con  disgregarse, la Rusia Imperial no podía dejar pasar la oportunidad de extenderse hacia el Mediterráneo, absorbiendo territorios del  viejo imperio,  pero su  control de la zona pondría en peligro las rutas inglesas hacia sus territorios coloniales y, Francia tampoco estaba dispuesta a dejar crecer al gran oso Ruso.

A mediados del siglo XIX el Imperio Otomano se encontraba en clara decadencia. Lejos quedaban aquellos días del siglo XVI en que las tropas del Sultán, habían conseguido llegar hasta las mismas puertas de Viena y había obligado a toda Europa a olvidar en parte sus disputas internas para hacer frente a la amenaza. Tres siglos después, sin embargo, los otomanos intentaban en vano reorganizar su imperio que agonizaba, a semejanza de las potencias europeas, a la sazón en plena revolución industrial.

Los restos de un imperio turco disgregado  eran una pieza pmportante para las ansias expansionistas de todas las potencias en auge de la época. Por otra parte, a las naciones europeas, sobre todo a los ingleses, les interesaba la existencia del Imperio Otomano a modo de estado tapón (como lo había sido en su día el Imperio Bizantino, destruido por los propios turcos)para evitar la expansión de los intereses rusos hacia Oriente Medio y la India, lo cual pondría en peligro el floreciente comercio inglés en Asia.

En otro orden de cosas, el Zar temía por su parte la floreciente corriente de los nacionalismos, alentada por Francia, y que podría llegar a extenderse hasta los territorios turcos en los Balcanes, Rusia deseaba extender su influencia hacia aquella zona, pero Nicolás I era consciente que cualquier movimiento directo en tal dirección sería rápidamente replicado por las potencias europeas.

Por ello, había pensado camuflar la anexión de la zona por medio de una especie de tratado internacional que dejase al Imperio Otomano como estado títere bajo su supervisión, siendo así los propios rusos los encargados de velar por los intereses de sus competidores en la región.

Era evidente que tal solución no iba a ser del gusto del resto de Europa. A la vista de los hechos expuestos, era evidente que el statu quo en la zona del Mediterráneo oriental y el mar Negro iba a saltar por los aires en breve. El detonante de la crisis fue, como tantas otras veces, una disputa religiosa, en éste caso relacionada con los Santos Lugares, por aquel entonces bajo gobierno otomano y donde desde hacía un tiempo se venían produciendo roces entre confesión católica y la ortodoxa.

En 1853, cuando la situación interna del Imperio Otomano se estaba tornando crítica, el Sultán decidió a favor de los franceses en ésta disputa. Esto sirvió de excusa al “indignado” Zar para presionar a los turcos para que permitiesen a Rusia empezar a hurgar en los Balcanes.

 Previamente, Nicolás I había enviado a Londres una comisión diplomática encargada de negociar el reparto de los territorios bajo control otomano, garantizando a los ingleses el control de Egipto y Creta. Sin embargo, el Primer Ministro británico opinaba que era preferible que Turquía siguiese existiendo como estado tapón de la zona de Oriente Medio.

Por tanto, ahora ya se oponían a los intentos rusos de extender sus influencias los franceses, los ingleses y también los austriacos, que no veían de buen grado la idea que los rusos se instalasen cómodamente en su frontera este, en la zona de la desembocadura de Danubio.La tensión internacional aumentó y se empezó a amenazar a Rusia con el envío de una flota al mar Negro si no desistía en sus pretensiones expansionistas.

El Zar, aprovechando la cuestión de los Santos Lugares, mandó al príncipe Menchikov, almirante de la Flota Rusa en la reserva, a Turquía al mando de una delegación que "debía amenazar con la destrucción de Constantinopla y la ocupación de los estrechos",Francia e Inglaterra instaron al Sultán Abdul Mejid a que no cediera a las presiones rusas, y tras la negativa del Sultán a las peticiones rusas, Menchikov abandonó Constantinopla en Mayo. Nicolás I perdió la paciencia y pasó, como diría Clausewitz, a “continuar su política exterior por otros medios”.

EMPIEZA LA GUERRA
El primer paso estratégico del Zar tras la movilización de sus fuerzas fue enviar tropas a los principados de Danubio, Moldavia y Valaquia (aproximadamente en lo que hoy en día es Rumania) "para proteger la religión ortodoxa", en realidad, de lo que se trataba era de forzar la consecución de las ambiciones expansionistas del Zar por la fuerza, al fin y al cabo,no se esperaba que hubiera resistencia inmediata, salvo quizá por parte de Austria.

Efectivamente, las tropas de éste país se desplazaron a su frontera oriental de forma preventiva, pero la situación se complicó, un mes antes la flota británica del Mediterráneo, fondeada en Malta, se había hecho a la mar en previsión de una acción rusa de éste tipo y se había situado a la defensiva en los Dardanelos.

 Allí se le había unido otra flota de bandera francesa, sin embargo, antes de tomar decisiones sobre cómo frenar a los rusos era preciso deliberar con los demás grandes poderes europeos.Representantes del Reino Unido, Francia, Austria y Prusia se reunieron en Viena para intentar alcanzar un acuerdo, que si bien fue aceptado por el Zar, fue rechazado por el Sultán, quien opinaba, y no sin razón, que el tratado era demasiado ambiguo y que antes o después el Zar retomaría sus ambiciones imperialistas.


En efecto, Nicolás se hartó en seguida de la negociación y se negó a aceptar cualquier tipo de modificación del tratado, tras el fracaso de estas negociaciones, Turquía pasó a declarar la guerra a Rusia:100000 hombres del Sultán cruzaron el Danubio y se prepararon para el combate contra los rusos.
 
Durante los primeros días de Noviembre las tropas otomanas rechazaron varios ataques rusos en la zona del Danubio; tras ello, el avance de ambas fuerzas quedo detenido en las orillas del río Danubio, en éste momento no parecía que los turcos fueran a tener graves problemas para lidiar con Rusia, pero a finales de Noviembre la situación cambió dramáticamente a causa de una confrontación naval en el mar Negro. Una escuadra turca de vigilancia, compuesta únicamente por fragatas, (el embajador británico recomendó erróneamente a los turcos no enviar navíos más potentes) fue atacada en la bahía de Sinope por una poderosa flota rusa que incluía seis buques de línea, dos fragatas y tres vapores.

Los turcos sólo tenían siete anticuadas fragatas para enfrentarse a la potente armada rusa, el almirante ruso Nakhimov desplegó sus naves en dos columnas y lanzó un ataque acorta distancia, los cañones de los buques rusos, armados con las nuevas granadas explosivas de tipo paixhans, destrozaron literalmente a las fragatas turcas.

Las granadas explosivas causaban estragos en los cascos de madera, la batalla de Sinope marcó el fin de los barcos de guerra  de madera a vapor y de los viejos cañones de bala sólida. Sólo una pequeña fragata a vapor consiguió huir y volver a Constantinopla a principios de Diciembre para informar a los aliados de la catástrofe.

La pérdida del control de la costa del mar Negro por parte de Turquía suponía que ahora Rusia podía abastecer cómodamente a su ejército del Danubio por mar, por no hablar del peligro que suponían los ataques de la flota rusa, la situación de los otomanos se había vuelto muy complicada tras el hundimiento de sus naves.
Fuentes: The Crimean War (Essential Histories) by John Sweetman. Osprey military publishing, Russian Army of the Crimean War 1854-56 (Men-at-Arms); The British Army of the Crimea (Men-at-Arms).

Continua



 

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