Tres Batallas aereas narradas por el Mayor de la Guardia Ivan Nikitich Kozhedub

El Guardian

17-01-2008

Hola camaradas, quiero compartir con ustedes la narración que hace el el as soviético Ivan Nikitich Kozhedub sobre tres batallas aéreas en las cuales participó.

La primera de ellas es sobre la Batalla aérea sobre Kursk, siempre se ha hablado sobre la batalla terrestre en el saliente de Kursk, pero pocas veces he tenido oportunidad de leer sobre los intensos combates aéreos desarrollados durante esta batalla, vaya pues para ustedes, el relato de este "as" soviético sobre los reñidos enfrentamientos en el aire entre la Luftwafe y la VVA que tuvieron lugar durante aquella histórica campaña.

Primera Parte

Sobre el Kursk

Dos años han pasado desde el comienzo de la Guerra Patriótica. Por primera vez me tocó participar en una gran batalla aérea. Por aquel entonces yo era relativamente joven. Estuve en uno de los segmentos del frente, Belgorod-Kursk. Recuerdo un día, cuando nosotros, los jóvenes pilotos del regimiento aéreo de caza, estábamos acostados bajo el ala del “Lavochkin-5”. Teníamos en nuestras manos un mapa, en el cual estábamos realizando el seguimiento del desplazamiento de la línea de contacto, y hacíamos nuestras previsiones sobre la evolución de la situación en el frente. Cada uno de nosotros expresaba su opinión. Yo aun no tenía experiencia en estos asuntos, por lo cual permanecía callado y escuchaba lo que decían mis compañeros más experimentados. En aquellos días en el frente había una relativa calma. Pero este silencio era el preludio de una gran tormenta. Nosotros veíamos, cómo nuestros aeródromos de campo se estaban llenando día tras día por los nuevos escuadrones de Shturmovik, de bombarderos y de caza; a la zona cercana a la línea del frente se trasladaban nuevas unidades de carros de combate, de artillería y de infantería.

Cuando comentábamos entre nosotros la situación en el frente, los pilotos no podían evitar hablar de lo que estaba pasando en los cielos aquellos días. A pesar de una relativa calma en tierra, en el aire se notaba bastante tensión. Los alemanes realizaban frecuentes visitas a nuestros aeródromos, sus aviones de reconocimiento efectuaban innumerables vuelos: esto era un claro indicio de una gran batalla. Por nuestra parte, cuando volábamos sobre el territorio enemigo, detectábamos concentraciones de carros de combate y de infantería por todos lados, veíamos que los aeródromos enemigos estaban desbordados de “Messerschmitt”, “Junkers” y “Heinkel”.

El día 5 de julio los alemanes comenzaron la ofensiva. Ellos intentaban romper nuestras líneas defensivas para poder introducir una gran cuña de carros de combate en la brecha, y una vez rota la línea del frente, salir al espacio operativo. El enemigo tenia intención de comenzar una nueva ofensiva cuanto antes. Para ello concentró en la zona de Kursk gigantescas cantidades de infantería, artillería, carros de combate y aviacion.

Nos enfrentamos a la ofensiva alemana con calma, con una gran tranquilidad y seguridad en nuestras fuerzas. Nuestro regimiento libraba duros combates aéreos desde el primer día de la Batalla. Los alemanes acompañaban a sus unidades mecanizadas con una gran cantidad de aviación. En el aire se encontraban centenares de “Messerschmitt”. Los “Junkers” y “Heinkel” volaban en grandes grupos. Todo el cielo estaba en llamas.

El día que comenzó la ofensiva alemana, antes del primer combate aéreo, nos reunió el comandante del regimiento.

- ¡Pilotos! ¡Hemos de mantener el espacio aéreo bajo nuestro control sin ninguna excusa!

Cuando llegamos al campo de batalla, miré a mí alrededor y comprendí que íbamos a entrar en una gran batalla aérea. A decir la verdad, me impactó fuertemente el ver tanta cantidad de aviones que se encontraban simultáneamente en la línea del frente, teniendo en cuenta que hasta ahora yo había participado en los enfrentamientos aéreos de menor envergadura.

El panorama se podría describir de manera siguiente. En tierra, por las carreteras y por los campos, se dirigían hacia el Este los camiones, cañones autopropulsados y carros de combate; ellos iban en columnas concentradas y dispersas. El movimiento de la maquinaria alemana era tan intensivo que en la zona de los puentes que cruzaban los ríos se formaban gigantescos atascos, compuestos por diversa maquinaria bélica.

En aquellas zonas, donde ya se había producido el contacto con nuestras tropas de primera línea, había tormentas de fuego, provocadas por la artillería. A través de las nubes de humo, se distinguían innumerables fogonazos y explosiones. El humo se levantaba muy alto. Incluso se notaba en las cabinas de nuestros aviones el olor a humo.

En el aire también “hacia calor”. Toda esa masa de blindados y de cañones autopropulsados alemanes estaba apoyada por grandes grupos de bombarderos de picado, aviones de asalto, cazas y bombarderos. Era como una especie de combinación de avalancha terrestre y aérea, con el cual los alemanes intentaban romper nuestra defensa.

Cuando nuestro escuadrón, liderado por el Starshiy Leytenant Semionov, apareció sobre la línea del frente, en el aire ya no había suficiente espacio. Y aun así, los aviones alemanes seguían llegando al campo de batalla. Venían sin parar. En el aire se podía observar simultáneamente entre 250 y 300 aviones enemigos.

Los alemanes iban en grupos independientes, constituyendo una formación escalonada de varios niveles: abajo, a 1.500m de altitud iban los “Junkers-87”. Un poco mas alto y adelantando a los “Junkers-87”, iban grupos de “Focke-Wulf”. Por encima de éstos, en formación estrecha iban los bombarderos bimotor  “Junkers-88” y “Heinkel-111”. Entre ellos patrullaban los cazas de escolta. Eran los “Messerschmitt” de ultimo modelo. Y finalmente, en lo más alto, se encontraban las parejas sueltas de los cazadores alemanes.

Toda esta armada de aviones se dirigía hacia el Este para penetrar a través de nuestras patrullas aéreas. El objetivo de esta armada era asestar un golpe a nuestras líneas defensivas para poder abrir el paso a las tropas terrestres.

En el comportamiento de los alemanes y en sus tácticas de combate se notaba una enorme autoconfianza. Es un  matiz importante a destacar. Los alemanes de antemano confiaban plenamente en la victoria total, y concentraron a toda su aviacion en la zona de la línea del frente. Los aeródromos alemanes estaban tan cerca de la línea de contacto, que nosotros, cuando estábamos sobre el campo de batalla, veíamos las nubes de polvo levantadas por los aviones alemanes que estaban despegando. Todas las acciones de la aviacion alemana iban dirigidas a sorprender y paralizar nuestra aviación, pero no lo lograron. La gran maestría operativa de nuestros mandos aéreos, así como  la firmeza y maestría de nuestros pilotos no solamente permitieron detener esta gigantesca ofensiva aérea, sino que nos dieron la posibilidad de derrotar a las principales fuerzas aéreas alemanas.

Así es como fue el primer día de la batalla. Muchos otros pilotos jóvenes de nuestro regimiento y yo aprendimos en aquella batalla el complicado arte de llevar un combate aéreo en grupo.

Cuando nuestro grupo de 8 “Lavochkin” se acercaba a la línea del frente, desde el puesto de mando recibimos la señal de aviso sobre la llegada de los aviones enemigos. Seguidamente detectamos a un grupo de “Junkers-87”. Eran unos 30 aviones. El grupo era escoltado por 6 cazas “Messerschmitt”.

- ¡Atacamos a los “Junkers”!, gritó por radio Semionov.

Al cabo de poco tiempo comenzó el carrusel con los bombarderos enemigos. Yo jamás había realizado un combate en el cual participaban tantos aviones a la vez, y me costaba maniobrar entre toda esa masa de aviones. En un pequeño espacio nuestros 8 “Lavochkin” libraban el combate contra un enemigo que nos superaba varias veces en número. Pero a pesar de la complejidad del combate, nuestro comandante del escuadrón controlaba la situación en todo momento. Observando la evolución del combate, él continuamente nos estaba guiando por radio. Le ordenó a una pareja de “Lávochkin” a trabar en combate a los 6 “Messerschmitt”, y luego atacó a los “Junkers” con el resto del grupo.

Pasaron 40 segundos desde el comienzo del combate. El comandante abrió el marcador primero, atacando al líder de los “Junkers” e incendiándolo con una sola ráfaga. Los alemanes, al perder a su líder, se pusieron nerviosos, y su formación quedó rota. Uno de ellos se separó un poco del resto del grupo. Aproveché la oportunidad, me acerqué a él lo más cerca posible y apreté el gatillo. El “Junkers” quedó envuelto en llamas, y desprendiendo humo, se fue al suelo. En aquel instante uno de nuestros pilotos derribó al tercer “Junkers”.

¡Tres aviones enemigos derribados! Para empezar no estaba nada mal. Los “Junkers” iban en formación escalonada y no les dio tiempo a formar el círculo defensivo. Los alemanes se desprendieron de sus bombas, lanzándolas al vacío, y comenzaron la huida. Nosotros nos pusimos a perseguirles. Pero en aquel instante desde el puesto de mando nos enviaron un nuevo aviso:

- Se acerca un grupo de 40 bombarderos. ¡Atacad!

La situación de nuestro grupo no nos era favorable. En el anterior combate estuvimos bastante tiempo y habíamos gastado una buena parte de la munición, y en estas condiciones teníamos que realizar un combate adicional. Además, en el momento de recibir el aviso por radio, fuimos atacados por sorpresa por un grupo de “Messerschmitt”. De repente, uno de ellos se colocó en mi cola. Sus ráfagas pasaron cerca de mi cabina. Pero gracias a mi compañero Múhin, el alemán se retiró del ataque. Múhin realizó una excelente maniobra, atacó al enemigo y lo rechazó.

Mientas tanto, un nuevo grupo de “Junkers” se acercaba al campo de batalla. Ellos iban en formación estrecha y se dirigían directamente hacia nosotros. En aquel instante pensé: “¡Ellos vuelan en grupos grandes, mientras que nosotros luchamos contra ellos en grupos de 6 y de 8! Y eso que en nuestros aeródromos se concentraba una gran cantidad de cazas. ¡No estaría nada mal levantarlos en el aire a todos juntos!”.

Más tarde, cuando analizaba resultados de los primeros días de la Batalla de Kursk, comprendí que este pensamiento mío era muy tentativo, pero llevarlo a la práctica seria un grave error. Es cierto que nuestros cazas actuaban en pequeños grupos. Pero solo así nuestra presencia en el aire era permanente, volábamos por turnos, abatíamos al enemigo por todas partes, esté donde esté, y en todo momento.

Levantar simultáneamente a todos nuestros cazas en las primeras horas de la batalla seria un error, dado que los alemanes ubicaron sus aeródromos muy cerca de la línea del frente, con lo que también intentaban actuar de manera ininterrumpida. Nuestros mandos aéreos tomaron en consideración este hecho, y en consecuencia ahorraban los recursos e incrementaban paulatinamente nuestra presión, disponiendo en todo momento de unas reservas permanentes. Estas reservas eran lanzadas al combate en función de la situación. Si nuestros mandos hubieran levantado a todos los cazas simultáneamente, tras el primer combate se hubiera producido una gran pausa, que hubiera sido aprovechada por el enemigo. En realidad, nuestros mandos, al ahorrar cuidadosamente los recursos disponibles durante la primera fase de la Batalla, no solamente pudieron contener el avance enemigo, es más, lograron destruir a sus mejores unidades aéreas.

Pero la batalla acababa de comenzar. Sin lugar a dudas, la victoria será para aquel bando que tenga la capacidad de ahorrar sus recursos, y sepa emplear dichos recursos en el momento más decisivo y crítico.

La táctica adoptada por nuestros mandos y empleada desde el primer día de la Batalla fue plenamente justificada en la práctica. Quiero volver hablar sobre el combate que habíamos realizado en grupo de 8 “Lavochkin” contra los 40 aviones enemigos. En aquel combate nosotros derribamos a 7 bombarderos alemanes sin sufrir ni una sola baja por nuestra parte. Al dispersar el primer grupo de “Junkers” y frustrar su misión de bombardeo, nuestra patrulla posteriormente logró impedir el acercamiento al campo de batalla del segundo grupo de bombarderos. Para ayudarnos, al lugar del combate aéreo llegó más tarde otro grupo de  refresco de 8 “Yákovlev” del destacamento vecino. Los “Yákovlev” terminaron nuestro trabajo. El llamamiento de nuestro comandante de “mantener el espacio aéreo bajo nuestro control sin excusa alguna” se estaba cumpliendo por nuestros cazas de manera ejemplar.

Nosotros, estando permanentemente sobre el campo de batalla, nos dimos cuenta de que nuestros Shturmovik IL-2 y bombarderos de picado Pe-2 seguían empleando una táctica parecida. Desde arriba nosotros observábamos el trabajo de los “Ilyúshin” y “Petlyakóv”. Ellos aparecían en el aire en grupos relativamente pequeños, se alternaban continuamente, manteniendo al enemigo bajo las bombas de forma permanente, realizando ataques sobre sus tropas que intentaban avanzar, eliminando a sus efectivos y destrozando sus bienes materiales. La acción de nuestros Shturmovík y bombarderos era perfectamente planificada y distribuida. Su principal objetivo consistía en mantener al enemigo bajo la continua amenaza desde el aire. Esto paralizaba sus acciones, reducía el ritmo del avance y causaba grandes daños materiales a las tropas terrestres. Desde el aire se veían numerosas columnas de humo, originadas por los carros de combate y cañones autopropulsados alemanes destruidos. Una gran parte de ellos fue eliminada por los IL-2 y Pe-2.

La táctica de ataques permanentes llevadas a cabo por pequeños grupos facilitaba a nuestros pilotos la posibilidad de maniobrar libremente a la hora de localizar los objetivos en el enorme territorio del campo de batalla. Y cuando detectábamos a una gran concentración de tropas y de armamento enemigo, nuestros mandos enseguida hacían despegar a centenares de Shturmovík y bombarderos.

A ratos, en los cielos de Kursk la situación se complicaba hasta tal punto que dirigir un combate aéreo por radio era extremadamente difícil.

El segundo día de la Batalla, cuando despegamos, observamos la siguiente escena. Una parte de nuestros cazas que formaban la barrera aérea, libraba un combate con los bombarderos enemigos y sus cazas de escolta “Messerschmitt”. En aquel gigantesco combate aéreo luchaban por lo menos 200 o 250 aviones. Debajo de ellos, sobre el lugar de la batalla, estaban “colgados” unos 500 Shturmovik “IL-2” y bombarderos. Ellos en aquel momento estaban destruyendo a las unidades móviles alemanas y aniquilaban la concentración de tropas y armamento que se formó en las cercanías de uno de los puentes que cruzaban el río.

Cuando en el aire aparecieron nuestros “Ilyúshin” y “Petlyakóv”, los alemanes levantaron una gran cantidad de cazas. Se produjo un enfrentamiento aéreo  masivo ente los “Messerschmitt” y nuestros “Yákovlev” y “Lavochkin”. Aquel combate era tan feroz y persistente que algunos grupos de aviones bajaban hasta pasar al vuelo rasante. Yo mismo fui testigo de cómo 2 “Messerschmitt” se estrellaron contra el suelo. Esto pasó porque los pilotos alemanes no pudieron controlar la perdida de altitud de sus aviones durante la salida del picado, cuando realizaban un combate aéreo a bajas altitudes.

A pesar del aparente caos que reinaba en el aire, la batalla seguía su rumbo. Nuestros Shturmovik y bombarderos actuaban según lo previsto. La intensidad de sus misiones se iba incrementando paulatinamente con cada hora que pasaba. En su lugar, nuestros cazas actuaban según el plan, creando una densa barrera aérea sobre la línea del frente. Entrando en contacto con los “Messerschmitt” y “Focke-Wulf”, prácticamente ninguno de los grupos de bombarderos alemanes lograba llegar a nuestro territorio sin ser atacado por nuestros cazas.

Como resultado, en los primeros días de la Batalla los alemanes lograron cierto avance. Pero en tierra y en el aire ya se notaba claramente que el enemigo estaba agotado y que ya no podría tener éxito. Al mismo tiempo, nuestras tropas terrestres y las fuerzas aéreas estaban “en buena forma” y estaban preparadas realizar una contraofensiva en cualquier momento. Al aguantar los primeros días de la ofensiva enemiga y al contener la ofensiva aérea, nuestra aviacion ganó el dominio aéreo de forma irreversible. Este hecho se reveló claramente durante la segunda fase de la Batalla, en la que nuestras tropas pasaron a la contraofensiva.

En el primer día de la segunda fase de la Batalla, grandes grupos de nuestros cazas limpiaron rápidamente el aire. Nuestros Shturmovik y bombarderos despegaban a centenares.

Patrullando sobre el campo de batalla, nosotros observábamos, cómo los “Ilyúshin” y “Petlyakóv” iban en escalones compuestos de 50-100 y más aviones, dirigiéndose al oeste para atacar a los alemanes, bombardeando sectores desde la primera línea del frente hasta la total profundidad de sus defensas. Mientras los IL-2 atacaban las líneas defensivas, los Pe-2 paralizaban el movimiento y eliminaban a las fuerzas enemigas en todas las carreteras y en los cruces de ríos.

A nosotros, a los pilotos, nos fascinaba la flexibilidad de la dirección y la diversidad de las tácticas empleadas por nuestros mandos aéreos. Las acciones eran perfectamente coordinadas: mientras unos grupos de cazas defendían el espacio aéreo sobre el lugar de la batalla, otros grupos bloqueaban a los aviones alemanes, defendiendo los accesos a la línea del frente; otros grupos realizaban misiones de “caza libre” sobre el territorio enemigo.

Desde aquel momento la iniciativa en el aire estaba plenamente en nuestras manos. Los pilotos soviéticos actuaban sobre el territorio enemigo. Cuando los combates aéreos finalizaban, nuestros pilotos perseguían a los aviones alemanes hasta sus aeródromos.

Por lo visto, los alemanes no esperaban tener una derrota aérea tan desastrosa. Nuestras acciones paralizaron al enemigo. Nosotros sentíamos cómo los pilotos alemanes cada día iban perdiendo la tranquilidad y la capacidad de cálculo. Las grandes bajas sufridas les causaban frustración y les desmoralizaban. Ellos luchaban sin motivación, se notaba que su moral estaba en lo más bajo.

Aquellos días, cuando estábamos abriendo el camino a nuestros bombarderos, nos encontramos con un grupo alemán mixto. El grupo estaba formado por “Messerschmitt” y “Focke-Wulf”. En un breve combate derribamos a 5 de ellos. Pero la cuestión no es la cantidad de los aviones derribados. En aquel combate me sorprendió el comportamiento de los pilotos alemanes, que por cierto, pertenecían a un famoso grupo de ases.

En aquel combate cometí un error, perdiendo la altitud. Acabé en una situación desfavorable para mí. Pero los alemanes, que eran dos, ni siquiera supieron aprovechar mi error.

Para corregir el error, comencé rápidamente a ganar altitud. En mi cola se pusieron 2 “Messerschmitt”. En su comportamiento se notaba gran nerviosismo. Yo estaba realizando el ascenso en espiral. Los alemanes me iban siguiendo en un ángulo de trepada demasiado elevado. Yo, a pesar de tener poca experiencia en aquel entonces, enseguida comprendí, que en ese régimen de vuelo los alemanes nunca me alcanzarán: o se quedarían atrás o “se colgarían”. Me puse a observar al “Messerschmitt” más cercano. Pasó lo que pensé en el primer momento: el alemán perdió energía y al perder la velocidad, “se colgó”. Rápidamente realicé un “ranversman”, dirigí a mi avión frontalmente contra el alemán y lo encendí con la primera ráfaga.

Poco después la intensidad y la envergadura de los combates aéreos fueron en declive. El enemigo sufrió una enorme derrota. Sus aviones cada vez aparecían menos en el aire, y los pilotos alemanes estaban muy poco motivados a entrar en combate aéreo con nosotros. La batalla aérea en Kursk fue ganada de forma brillante por los pilotos soviéticos. La plena iniciativa en el aire estaba en nuestras manos. Para mí personalmente, esta batalla acabó con la primera decena de derribos. En aquella Batalla, el gran merito de nuestro mando aéreo consistía en saber distribuir correctamente los recursos disponibles e introducirlos en combate de forma adecuada. Al conservar el potencial destructivo, y pasar posteriormente a la ofensiva, nosotros logramos derrotar a una gran agrupación aérea enemiga.

Tomado de: http://www.rkka.es/Otros_articulos/05_Kozhedub_3_combat/Kozhedub_3_batallas.htm

El Guardian

17-01-2008

La segunda es La batalla de Dniester, en la que las fuerzas soviéticas se enfrentaron a una fuerte agrupación aérea alemana, emplazada en Yassy, esta batalla se caracterizó segun Kozhedub en la variedad de tácticas de combate empleadas por ambos bandos y en la rica experiencia que dejó para los pilotos de su Regimiento.

Segunda Parte

Detrás del Dniester

Tras la Batalla de Kursk, nuestro regimiento aéreo participó en combates aéreos de Harkov, Dnieper y Krivoy Rog. Todos estos combates se destacaban por el cambio. Estaba patente la alta moral ofensiva y se notaba la gran iniciativa de nuestros pilotos. Pero a pesar de esto, la situación en el aire aun estaba bastante tensa. Los alemanes sufrieron unas bajas catastróficas. Sus flotas aéreas perdieron miles de aviones y una buena parte de sus mejores pilotos. Las fuerzas del enemigo estaban seriamente dañadas, pero él aun no estaba vencido por completo.

Intentando recuperarse de las bajas sufridas, los alemanes llenaban frenéticamente a su flota de aviones y de motores de los últimos modelos. Precisamente a partir de aquel momento se notaba que el enemigo se armó de forma masiva con las nuevas versiones de los cazas de las empresas “Messerschmitt” y “Focke-Wulf”, bombarderos modernizados e incluso un nuevo avión de asalto. La modernización de estos modelos estaba enfocada en mejorar sus prestaciones tácticas y sus características de vuelo. Los ingenieros alemanes instalaban blindaje adicional para incrementar la capacidad de resistencia de sus aviones. La capacidad bélica de los aviones era incrementada con nuevos cañones. Además, los motores de mayor potencia permitían a los aviones enemigos alcanzar unas velocidades más altas, incrementaban su índice de trepada y aumentaban su maniobrabilidad. Luchar con estos modelos modernos no era fácil.

En el transcurso de los combates aéreos de la segunda mitad del año 1943, los pilotos de nuestro regimiento en varias ocasiones destacaban que el enemigo intentaba imponer nuevos elementos tácticos y hacía todo lo posible para volver a ganar la iniciativa en el aire. Esto se aplica no solamente a los episodios o combates locales, sino a niveles operativos más amplios.

Por ejemplo, el enemigo comenzó a crear de forma masiva agrupaciones aéreas de ataque. Estas agrupaciones se concentraban en las zonas de mayor amenaza, a costa de teatros de operaciones de importancia secundaria. Para cumplir con este objetivo, el mando alemán formó varias escuadras ambulantes. Estas escuadras eran trasladadas de un nudo aéreo a otro, hacia aquellas zonas donde la situación se les volvía especialmente desfavorable.

Nuestro regimiento se enfrentó en varias ocasiones a estas escuadras. A los “viejos amigos” les reconocíamos por los bujes de hélice pintados de amarillo, por los “ases”, “gatos” y “flechas” pintadas en sus fuselajes y por sus tácticas de combate. Por lo general, eran grupos como “Udet”, Richtoffen”, “Molders”, “Pic-As” y otros, que actuaban prácticamente en todos los segmentos del frente, desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro.

Las nuevas tácticas empleadas por los alemanes nos obligaban a estar atentos en todo momento y a prestar importancia a la hora de observarles. En cada uno de los combates teníamos que prever qué nuevas acciones va a emprender el enemigo. La alta moral, la atención y la creatividad a la hora de resolver tareas bélicas nos permitían descubrir a tiempo todos los planes de los alemanes y a tomar medidas adecuadas con suficiente antelación, empleando nuestras tácticas de contraataque más modernas que las tácticas alemanas.

En este aspecto, fueron bastante representativos los combates aéreos llevados a cabo tras el río Dniester en la primavera de 1944. Nuestras acciones iban dirigidas a rechazar los intentos alemanes de organizar una contraofensiva contra la Agrupación Sur de nuestras tropas, que liberaron parte de Bessarabia y se acercaron a Yassy. La batalla aérea, librada en esta zona, era bastante intensa. Los pilotos de nuestro regimiento tenían que imponer al enemigo hasta 6 o 7 combates aéreos al día. Y prácticamente cada uno de estos combates en gran medida se diferenciaba tácticamente de los combates previos.

Antes de comenzar estos contraataques con grandes concentraciones de infantería y unidades acorazadas, los alemanes realizaron un peculiar reconocimiento aéreo con combates. El objetivo de estas misiones de reconocimiento, por lo visto, era sondear, en la mayor medida posible, el nivel de nuestras fuerzas aéreas. El enemigo empleaba diversas combinaciones tácticas, intentando encontrar aquellas que les permitiera a sus pilotos gozar de la máxima ventaja posible. Los alemanes le daban mucha importancia al vuelo conjunto de sus bombarderos y cazas. Empleaban diversos trucos. Recuerdo que en una ocasión emplearon el siguiente elemento.

Por delante de varios grupos de bombarderos, los alemanes enviaron varios grupos de cazas. La aparición sobre la línea del frente de los cazas alemanes, sin bombarderos, llegó incluso a confundir a nuestras patrullas aéreas. Aparentemente, los “Messerschmitt” se dirigían para atacar a nuestras tropas terrestres. Pero no fue así. Justo cuando nuestros “Lávochkin” entraron en combate con ellos, los alemanes se dividieron en 2 grupos. Uno de los grupos, defendiéndose de nuestros cazas, intentaba atraerlos desde Dniester hacia el noroeste. El segundo grupo prácticamente no participó en combate aéreo y se colocó en la periferia del foco del combate aéreo.

  • Pensé: “Esta pasando algo raro. Es evidente, que cada uno de estos grupos tiene sus propios objetivos concretos. ¿Pero cuales son?”.

Mis dudas se habían resuelto al cabo de pocos minutos. Cuando las principales unidades de nuestros cazas entraron en combate con el primer grupo y comenzaron a perseguirlos en dirección noroeste, en el horizonte aparecieron grupos de “Junkers-87”. Ellos se dirigían hacia los puentes flotantes de Dniester. ¡Era eso! Entonces aquellos “Messerschmitt” que entraron en combate, sirvieron de cebo para distraer a nuestras patrullas y alejarlas de sus objetivos. Mientras tanto, el segundo grupo no entraba en combate y se mantenía sobre Dniester para poder prestar el apoyo a sus bombarderos de picado.

A pesar de la complejidad de nuestra situación, el plan alemán había fracasado. La situación fue resuelta por el Comandante de nuestro Regimiento. En aquel momento el Comandante se encontraba en la primera línea del frente. Su puesto de observación estaba equipado con todo tipo de medios, estaba dotado de radar y de un buen canal de radiocomunicación con los aeródromos. El comandante en aquel momento estaba observando el combate y rápidamente se dio cuenta del plan alemán, por lo que enseguida levantó a un grupo de cazas, que hacían la guardia. Ellos se encontraban en un aeródromo intermedio, ubicado a varios kilómetros de la línea del frente. Los “Yákovlev” aparecieron de repente y atacaron a los bombarderos alemanes, mientras que nuestras patrullas aéreas atacaron a ambos grupos de cazas alemanes. El combate duró poco tiempo y acabó con otra victoria a favor de nuestros pilotos.

Por aquí mismo, sobre Dniester, durante el periodo preparativo de la operación, los alemanes aprovechaban las malas condiciones meteorológicas para realizar ataques desde el aire. Tuve la ocasión de participar en uno de estos combates, llevado a cabo en condiciones meteorológicas adversas. En la segunda mitad del día, el cielo sobre Dniester se cubrió de nubosidad baja. La intensidad de vuelos de ambos bandos había disminuido drásticamente. Pero nuestros operarios de los puestos de guiado no bajaron la guardia y siguieron controlando el espacio aéreo. Al rato detectaron a un gran grupo de “Junkers”, que se acercaba al Dniester.

En aquel entonces, yo era Comandante de Escuadrón. Recibí la orden de despegar de inmediato. Mi escuadrón se encontraba en la máxima alerta y estaba preparado para despegar de inmediato: los pilotos estaban esperando, sentados en las cabinas de sus aviones, por lo cual comenzamos el despegue segundos después del lanzamiento de la bengala de alerta. Mientras íbamos volando hacia la línea del frente, yo iba planificando el plan de acción, mediante el cual nosotros teníamos que paralizar el plan enemigo. En base a mis observaciones de las tácticas alemanas, decidí, que en este caso lo más probable será que los alemanes pasarían hasta la línea del frente por encima de las nubes e intentarían bombardear nuestras posiciones apareciendo desde las nubes por sorpresa, es decir, con el llamando “método del salto”.

Me lo volví a pensar otra vez, tomé la decisión definitiva y ordené por radio al comandante de uno de los cuartetos de “Lavochkin” a seguir volando por debajo de las nubes. Con el resto de aviones de la patrulla, comencé el ascenso para atravesar la banda de las nubes. Mis previsiones resultaron ser ciertas. Justo después de atravesar la capa de nubes, lejos de nosotros apareció un grupo de “Junkers” formado por más de 20 aparatos. Los bombarderos alemanes, confiando en malas condiciones meteorológicas, iban sin escolta de cazas.

Los alemanes estaban ocupados con los cálculos para salir de las nubes y no se dieron cuenta de nuestra presencia. Cuando los “Junkers” se pusieron en círculo y alargaron la formación para realizar el bombardeo, nosotros les atacamos por sorpresa. Los alemanes, al romper su formación, a la vez rompieron el sistema de defensa mutua, con lo que acabaron en una situación desfavorable. Yo enseguida logré acercarme al máximo a uno de los “Junkers” y derribarlo con una ráfaga. Varios más fueron derribados por mis puntos. El pánico se apoderó de los alemanes. Ellos se lanzaron debajo de las nubes. Pero una buena distribución de nuestras fuerzas nos posibilitó terminar el combate con éxito. El combate procedía a 2 niveles. Cuando los alemanes intentaban salvarse de los ataques del grupo superior de “Lavochkin”, atravesaban la capa de nubes retirándose hacia abajo, pero allá les esperaba el cuarteto inferior. Y cuando volvían a subir, acababan otra vez bajo nuestros ataques.

Cuando las tropas enemigas pasaron a la contraofensiva, en los cielos de Yassy comenzaron encarnizados combates aéreos. Los combates rápidamente se convirtieron en una corta pero intensa batalla aérea. Intentando actuar sobre toda la profundidad táctica de nuestras tropas terrestres, el enemigo levantó a sus mejores escuadras de caza y de bombardeo. El primer día de la batalla los bombarderos alemanes aparecieron sobre el campo de batalla, actuando a altitudes medias. Ellos iban en grupos formados por 50 u 80 aviones. Cada grupo de “Junkers” estaba escoltado como mínimo por unos 30-40 “Messerschmitt”. El enemigo empleaba la táctica de bombardeos masivos, empleando grandes grupos de bombarderos, escoltados por grandes grupos de caza. Esto obligaba a nuestros pilotos a contraponer sus métodos de lucha aun más avanzados. Seria un error pensar que nosotros encontraríamos la solución enseguida, en la práctica esto no pasaba. El primer día de combates para nuestro Regimiento no fue del todo exitoso. Lo recuerdo muy bien, dado que una vez más se había demostrado la necesidad de un profundo análisis de cada uno de los combates.

Aquel día despegamos tras recibir el mensaje de la estación de guiado aéreo. Aparecimos sobre el campo de operaciones justo en el momento, cuando el grupo mixto de aviones enemigos, formado aproximadamente por 70 aparatos, se estaba acercando a la línea del frente. Nuestra intención fue atacar de inmediato a los bombarderos, pero una gran escolta de los “Messerschmitt” enseguida nos trabó en combate.

Nuestra patrulla aérea luchó ferozmente. Pero no pudimos cumplir nuestra misión principal. El intenso combate aéreo duró aproximadamente 40 minutos, nosotros logramos derribar a varios aviones enemigos. Pero al estar trabados en combate con los “Messerschmitt”, los “Junkers” se escaparon y lograron efectuar el bombardeo.

Tras analizar aquel combate, llegamos a la conclusión de que para poder cumplir con la misión principal, que consiste en luchar contra los bombarderos enemigos, teníamos que cambiar nuestra formación de combate para tener mayor iniciativa en nuestras manos. La nueva estrategia no solamente consistiría en rechazar los ataques alemanes, la clave estaba en el hecho de imponerles nuestra táctica de forma más agresiva, imponer nuestros elementos de combate, llevar a cabo un combate ofensivo, actuar con mayor calidad y obligarles a que fueran ellos los que dependan de nuestras acciones. Este pensamiento fue llevado a la práctica de manera siguiente: nuestra formación de combate fue configurada por varios escalones de cazas. Dicha formación nos permitió luchar contra los “Messerschmitt” de escolta de manera más eficiente, y lo más importante, creó las condiciones idóneas para eliminar la máxima cantidad de bombarderos enemigos. Aparte de constituir 2 escalones básicos, decidimos crear un escalón adicional: “el escalón de refuerzo”. Dicho escalón no tenía ninguna misión predeterminada, tenía la plena libertad de acción en la zona del combate aéreo y tenia que intervenir en caso de necesidad.

Aquel mismo día nuestro regimiento tuvo varios enfrentamientos más. Nuestros ataques, realizados en esta nueva formación de combate enseguida confundieron al enemigo. Los alemanes seguían actuando igual que por la mañana, sin creatividad y sin cambios. Nos acercamos al grupo de los aviones alemanes, comenzamos el combate. El grupo de nuestros pilotos mejor preparados atacó de entrada a los bombarderos, el segundo grupo se dedicó a rechazar los contraataques de los “Messerschmitt” de escolta, el tercer grupo entró en acción, cuando el transcurso del combate se había definido con claridad. Este tercer grupo fue destinado para ayudar al grupo de ataque, encargado de atacar a los bombarderos, y le ayudó en derrotar a los bombarderos enemigos. En los combates aéreos de Yassy, librados aquél día, los cazas soviéticos derribaron en total a más de 100 aviones enemigos.

A pesar de sufrir bajas, los alemanes seguían realizando ataques aéreos. Al día siguiente grandes agrupaciones de bombarderos enemigos aparecían continuamente. Los pilotos de nuestro regimiento literalmente pasaron todo el día en las cabinas de sus cazas. El intenso calor y la tensión que permanecía en el aire agotaban nuestras fuerzas. Pero los éxitos logrados por nosotros en cada combate aéreo nos motivaban y nos alegraban, y a pesar del cansancio, seguíamos luchando con la misma intensidad y energía.

Al cabo de poco tiempo, los alemanes disminuyeron la intensidad de sus acciones aéreas. Ellos comenzaron a actuar de forma más calculadora y con más cuidado. Cuando estábamos patrullando sobre el campo de batalla, nos fijamos en la formación de combate de los “Junkers”: era algo extraña. Los “Junkers” se dirigían a la línea del frente en una formación a 3 niveles. Esto nos recordaba la famosa “estantería”, una formación de combate empleada por nuestros cazas, desarrollada por nuestros pilotos en la batalla aérea de Kubán, en la primavera de 1943. Ahora los alemanes nos copiaron este modelo de formación y lo aplicaron automáticamente para sus bombarderos.

Las intenciones de los alemanes eran evidentes. Volando en tres grupos puestos en formación escalonada y a diferentes altitudes, ellos contaban con que al menos uno de los tres grupos pueda llegar hasta el objetivo. El comandante de nuestro regimiento rápidamente entendió la situación y envió la orden a nuestras patrullas aéreas: “¡ataque masivo!”. Por el radiotransmisor de guiado aéreo fue dirigido al lugar de la batalla un grupo de cazas de reserva. Ahora no recuerdo exactamente cuantos aviones participaron por nuestra parte. Pero los alemanes eran muchos, eran 3 grupos de bombarderos de picado, con 27 aparatos en cada grupo, más los 20 “Focke-Wulf” y aproximadamente 10 “Messerschmitt”. ¡En total eran más de 100 aviones! El combate duró 40 minutos. La lucha se estableció en los tres niveles. Como resultado, ninguno de los aviones alemanes pudo alcanzar la zona de nuestras tropas.

Este combate aéreo era muy duro y complicado, y para nosotros ha sido muy provechoso en cuanto a la experiencia obtenida. Algunos de nuestros pilotos, sobre todo los de menor experiencia, en ocasiones perdían a sus líderes. En el momento más culminante del combate desapareció mi punto. Yo me separé de mis compañeros y fui cogido en “tijeras” por 4 “Focke-Wulf”. La maniobra realizada por los “Focke-Wulf” representaba un peculiar “tonel”. Dos de ellos se mantenían sobre mi. La segunda pareja se encontraba por debajo de mí. De esta forma acabé bloqueado por ellos casi por completo. Cuanto intentaba ascender, me entraba la pareja superior. Cuando intentaba separarme en picado, abría fuego la pareja inferior.

He de reconocer que mi situación era muy complicada. Finalmente pude separarme de ellos realizando un brusco pilotaje. Decidí que enfrentarme a ellos solo, no daría ningún resultado, busqué un momento oportuno y me retiré, dirigiéndome al punto de reunión. Allí encontré a mi punto, y tras reunirme con él volvimos a entrar en combate. He de destacar que cuando se prevé un combate complicado, es obligatorio establecer a priori los puntos de reunión. El combate aparentaba ser caótico, pero en realidad estaba bien organizado. Cuando nuestros pilotos perdían de vista a sus compañeros, se dirigían al punto de reunión, rápidamente se encontraban allí y volvían al combate para seguir luchando. Como resultado, una táctica más sofisticada y una organización más precisa del combate aéreo nos dieron la victoria sobre un centenar de aviones enemigos.

Los combates en Dniester duraron más de una semana. Los alemanes en varias ocasiones cambiaron su táctica de combate. Dejaron de utilizar a los bombarderos medios, y comenzaron a emplear los grupos de asalto mixtos, combinando a los “Focke-Wulf” con los “Junkers”. Esta táctica de utilizar grupos mixtos no era complicada de llevar a la práctica. Primero sobre el objetivo aparecían los “Focke-Wulf”, intentaban asaltar a nuestras tropas terrestres y tras desprenderse de las bombas actuaban como cazas para escoltar a los “Junkers”. Pero nosotros enseguida frustrábamos todas las intenciones enemigas mediante la utilización de la formación escalonada múltiple, mediante la organización del combate a varios niveles simultáneamente, mediante una correcta dirección del combate por radio y gracias a la eficiente utilización de los radares. La gran agrupación aérea alemana, emplazada en Yassy, finalmente fue derrotada. Solamente en los primeros 4 o 5 días nuestros pilotos derribaron aproximadamente 300 aviones alemanes.

La batalla de Dniester demostró claramente que en un combate aéreo no se puede aplicar un modelo estándar, y que la victoria es obtenida por aquel bando, el cual logra sus objetivos resolviendo las cuestiones bélicas de forma creativa, que introduce continuamente innovaciones tácticas, quien tiene una visión global y busca nuevos métodos de lucha para encontrar a los más eficientes, imponiendo al enemigo su táctica, su iniciativa y su voluntad. Para mí en particular, esta batalla me aumentó de forma significativa la lista de derribos individuales, llegando a ser 34. Pero lo más importante, tanto para mi como par mis compañeros, es que aquella batalla nos empujó para realizar un análisis más profundo de las tácticas enemigas, e impulsó a buscar combinaciones tácticas más avanzadas. Aun nos quedaban sangrientos combates por delante. Y nosotros, los pilotos de caza, debíamos realizar estos combates utilizando elementos tácticos aun más avanzados, buscando aquellos que nos permitan abatir al enemigo cada vez con mayor fuerza.

El Guardian

17-01-2008

La Tercera es la Batalla de Berlín, donde se enfrentaron a la fuerte resistencia de una alemania ya vencida pero dispuesta a defenderse hasta las últimas consecuencias.

Tercera Parte

En el cielo de Berlín

En primavera, nuestro regimiento se trasladó a un aeródromo de campo, construido en la orilla del río Oder. Por fin estábamos en territorio alemán. ¡Llegó el momento de luchar en su propio territorio! Nuestro aeródromo se encontraba tan cerca de la primera línea del frente que los alemanes a menudo lo atacaban con su artillería. Justo al despegar ya se podía distinguir el campo de batalla. Ubicar los aeródromos cerca de la línea del frente para nosotros ya no era una excepción sino una norma. En la mayoría de las operaciones ofensivas, llevadas a cabo por el Ejercito Rojo nosotros, los pilotos de caza, íbamos literalmente siguiendo los pasos de nuestras tropas terrestres. Aterrizábamos justo allí por donde acababan de pasar nuestras unidades acorazadas. En el aire actuábamos exclusivamente sobre el territorio enemigo. La aviacion soviética era dueña absoluta del espacio aéreo.

En relación a este hecho, aquí, estando a varias decenas de kilómetros de Berlín, recuerdo una historia que pasó con uno de los pilotos de nuestro escuadrón. El caso ocurrió en Ucrania. En aquel entonces, las fuerzas aéreas alemanas aun representaban una fuerza bastante importante. En aquella ocasión yo envié en misión de defensa de tropas terrestres a 6 “Lavochkin”. Al principio todo iba bien. Nuestros cazas llegaron al sector preestablecido y comenzaron a patrullar la zona. Al cabo de cierto tiempo el radiotransmisor de guiado del control de tierra comunicó al comandante del grupo de cazas, que al sector se estaba dirigiéndose un grupo de aviones alemanes.

Tras recibir la señal, los “Lavochkin” sobrevolaron la línea del frente, se acercaron a los alemanes e interpretaron algo parecido a un combate aéreo. La patrulla en cuestión realizó un ataque, efectuando varios virajes. Luego, los operarios del puesto de guiado aéreo vieron cómo ambos grupos de aviones, los alemanes y los nuestros, se separaron cada uno por su lado. Los alemanes, seguramente, estaban contentos de haber sobrevivido a pesar de que su bombardeo fue frustrado; los nuestros estaban satisfechos por bloquear y no dejar pasar al enemigo hacia nuestras posiciones. Cuando los “Lavochkin” regresaron al aeródromo, llamé al comandante de la patrulla.

- ¿Por qué dejaron escapar a los “Junkers”? ¿Es así cómo deben actuar los auténticos pilotos de caza?

El comandante de la patrulla quedó sorprendido, y me contestó:

- ¿Para que montar la pelea? Ellos se encontraban sobre su territorio y cuando nos vieron, dieron la vuelta.

He de decir que en aquel periodo de la guerra estos ingenuos razonamientos eran expuestos por algunos de nuestros pilotos. Aquel combate aéreo no se produjo, y no fue por la cobardía de nuestros pilotos: la patrulla estaba formada por pilotos experimentados, dos de los cuales habían llegado a realizar un taran. La causa tenía otro origen: en aquel entonces, aunque nuestras tropas ya estaban avanzando, algunos de nuestros pilotos aun, no pensaban como lo piensan ahora, en esta última fase de la guerra.

Había pilotos que comprendían su misión de forma delimitada, formal. Ellos razonaban más o menos de la siguiente manera: “el caza se ha de mantener cerca de la línea del frente para prestar apoyo a las tropas terrestres, y para garantizar que ni una sola bomba alemana caiga sobre sus posiciones”. Desde el punto de vista formal, quizás, esto seria lo correcto. Pero en esencia, esta forma de actuar se convertía en una defensa pasiva, no era una táctica ofensiva u activa. Los cazas que defienden el espacio aéreo sobre sus tropas terrestres deben hacer el máximo esfuerzo para buscar al enemigo, para buscarlo por todas partes, esté donde esté; buscarlo, encontrarlo, y eliminarlo de inmediato. Aquellos pilotos que eran partidarios de una patrulla pasiva, no siempre llegaban a cumplir las expectativas como pilotos de caza. Encontrando a los “Junkers” y los “Heinkel” sobre el campo de batalla, ellos los derribaban, pero no podían evitar el hecho de que en alguna ocasión parte de ellos lograran efectuar el bombardeo y causar ciertos daños a nuestras tropas terrestres.

Recordé este combate aéreo de aquél lejano periodo de la guerra para compararlo con nuestra última batalla aérea, llevada acabo en los cielos de Berlín. La diferencia entre ambas situaciones era abismal. En el mes de abril, el grupo central de nuestras tropas se estaba preparando para asestar el golpe definitivo a Berlín. Este ataque tenia que ser realizado en estrecha colaboración y coordinación con grandes agrupaciones aéreas, concentradas lo más cerca posible a la línea del frente.

Nuestro regimiento de caza, como decenas de otros regimientos vecinos, se encontraba en estado de máxima alerta. Nosotros estábamos prácticamente en la zona de la línea del frente. Esto nos daba una serie de ventajas. Gracias a la reducción de trayecto, nosotros podíamos penetrar a mayor profundidad en el territorio enemigo y paralizar sus fuerzas en el propio lugar de su emplazamiento. Esto favorecía a nuestros Shturmovik y bombarderos. Gracias a la reducción de la carga de combustible, ellos podían incrementar de forma significativa su carga bélica y además, realizar una mayor cantidad de vuelos de combate. Así es como era la táctica de nuestros mandos, consistente en concentrar recursos en cercanías de la línea del frente. En todo momento se notaba una precisa organización y control, así como una alta moral ofensiva de nuestras tropas, en preludio de una gran ofensiva.

Éramos conscientes de que la última batalla aérea no iba a ser fácil. En un estrecho sector del frente, los alemanes concentraron contra nosotros aproximadamente 1.500 aviones de combate. Aquí se encontraban las mejores escuadras alemanas. Nosotros utilizábamos pistas de tierra, muchas de las cuales se encontraban en  claros de bosques y tenían accesos muy incómodos. Por el contrario, los alemanes se alojaban en excelentes aeródromos de cemento, pertenecientes a las unidades de defensa antiaérea de la zona de Berlín. Dichos aeródromos estaban bien equipados con diversos medios, incluyendo radares. Además, disponían de algunas novedades: aviones con motores a reacción, misiles, aviones-bomba, etc.

La operación aérea comenzó con el ataque de los bombarderos nocturnos. Cuando anocheció, en el aire aparecieron centenares de “Polikárpov-2, “Ilyúshin-4” y “Petlyakóv”. Ellos lanzaron todo su poder destructivo contra las fortificaciones y las tropas alemanas. Nadie de nuestro regimiento pudo dormir aquella noche. Desde nuestro aeródromo era perfectamente visible todo el panorama del bombardeo aéreo nocturno. En el cielo se movían centenares de rayos de reflectores antiaéreos. Bajo las nubes había miles de explosiones de proyectiles antiaéreos. Las ráfagas antiaéreas de diversos colores atravesaban el aire. Mientras tanto, nuestros aviones se acercaban al campo de batalla en secuencia, por oleadas, y lanzaban sus bombas sobre las posiciones enemigas. El ruido de los motores de los aviones soviéticos no cesó en toda la noche, la artillería antiaérea alemana no paraba de disparar. Toda la línea del frente estaba envuelta en una continua marea provocada por las bombas de gran calibre. Pero todo esto no era más que el comienzo.

Al amanecer fue enviada una nueva orden. Esta vez en el aire se levantaron centenares de “Ilyúshin”, “Túpolev”, “Petlyakóv”. Aparecieron grandes grupos de “Lávochkin” y “Yákovlev”. Luego nos enteramos de que aquel día los pilotos soviéticos realizaron más de 17.000 vuelos de combate. Desde el aire era difícil distinguir lo que estaba pasando en la tierra. Pero lo que estaba pasando en el aire, se grabó en nuestra memoria para siempre.

Mientras nuestros bombarderos de picado y los Shturmovik estaban destruyendo las líneas defensivas y ampliaban la brecha para posteriormente introducir en ella a las unidades acorazadas, sobre el campo de batalla, patrullaban nuestros cazas. Algunos grupos de “Yákovlev” y “Lavochkin” escoltaban a los Shturmovik y a los bombarderos, otros patrullaban sobre el campo de batalla, otros patrullaban en zonas cercanas a la línea del frente para bloquear el acceso desde la dirección occidental. Y finalmente, numerosos grupos de reducido tamaño se dirigían hacia el oeste, hacia Berlín, a la zona donde se emplazaba la aviación enemiga. Eran los “cazadores”. Su misión consistía en paralizar las acciones de la aviacion enemiga directamente sobre el lugar de su emplazamiento.

Observando el trabajo de nuestros cazas, a nivel global se podía hacerse una idea sobre su táctica. Estando a gran profundidad, al otro lado de la línea del frente, actuaban los grupos de “cazadores”. Conociendo la posición de los aeródromos enemigos, ellos se dirigían hacia allí y permanecían “colgados” sobre ellos, eliminando a todos aquellos que intentaban despegar. Los “cazadores” actuaban prácticamente en todo el rango de altitudes, desde el “techo” hasta el suelo. Ellos no estaban esperando al enemigo, sino que se dedicaban a buscarlo de forma activa y lo eliminaban cuando lo encontraban. Dicha táctica no estaba basada en el principio de un “encuentro casual”, sino en una búsqueda activa.

Otro de los escenarios que formaban parte de la batalla aérea, eran los accesos cercanos al campo de batalla. Dicha zona como en el caso de la anterior se encontraba en el territorio enemigo, pero estaba a una profundidad de 10-15km de la línea del frente. Por consiguiente, aquellos aviones enemigos que por alguna causa no eran derribados por nuestros “cazadores”, acababan en manos de nuestros cazas que patrullaban en esa zona. Y si el enemigo lograba sobrepasar esta segunda barrera, le estaban esperando las patrullas aéreas de defensa directa. Todo esto formaba parte de la formación de combate de nuestros cazas, escalonada de forma múltiple y que penetrada a gran profundidad en el territorio enemigo. Era una táctica altamente ofensiva, basada en una combinación múltiple de diversos elementos de lucha aérea.

Los mandos aéreos alemanes ya durante las primeras horas de la batalla comprendieron que con el escalonamiento múltiple de nuestros cazas no tendrían ninguna posibilidad de obtener éxito. Por tanto, ellos intentaron emplear una nueva táctica. Teniendo a su disposición una gran cantidad de caza-bombarderos tipo “Focke-Wulf-190”, los alemanes los utilizaban a bajas altitudes.

Tras salir con mi grupo a la zona de los combates, nos encontramos enseguida con uno de estos grupos. Los “Focke-Wulf” iban a una altitud inferior a 500m. A decir la verdad, este hecho al principio me sorprendió bastante. ¿Qué debe hacer nuestra patrulla aérea en esta situación? No tenia tiempo para pensar, la distancia entre nuestros grupos se acortaba progresivamente. En el primer instante pensé atacar desde arriba. Pero atacar de esta forma no era beneficioso para nosotros, dado que nos dejaba la posibilidad de realizar un único ataque. Además, hay que tener en cuenta que este ataque no daba muchas posibilidades de lograr el éxito, porque al atacar a baja altitud había que tener en cuenta la altitud de salida del picado, lo que implicaría abrir fuego a una gran distancia. Por tanto, rechacé este primer plan. Luego se me ocurrió realizar ataques por los flancos, entrando a la misma altitud a la que iban los alemanes. Sin perder más tiempo, decidí entrar en acción, empleando este ultimo modelo de ataque.

En aquel momento la situación era la siguiente: los aviones alemanes comenzaron a alargar la formación para formar el círculo de combate. Los cazas de escolta que les cubrían, seguían permaneciendo en el exterior del círculo. Nuestra patrulla alcanzó una gran velocidad. Esta velocidad tenía que ser aprovechada para lograr una ventaja desde el principio. Di la orden a mis puntos para comenzar el ataque y puse la palanca de gases a tope, lanzando mi avión contra los “Focke-Wulf”. Apunté rápidamente. ¡Fuego! El “Focke-Wulf” quedó envuelto en llamas, dio una voltereta y se estrelló contra el suelo. Mi “Lavochkin” atravesó la formación alemana tan de repente que ellos no tuvieron tiempo de reaccionar. Me separé de ellos, seleccione a otro de los “Focke-Wulf” que estaba en el flanco y volví a repetir el ataque. El resultado fue el mismo que antes. El alemán se incendió y cayó al suelo. En aquel instante uno de mis puntos derribó un tercer avión enemigo.

Los dos ataques-relámpago dejaron perplejo al enemigo. Los alemanes rompieron su formación y se separaron. Nosotros comenzamos a seguirles. Seguidamente alcancé a otro “Focke-Wulf”. El alemán iba a la misma altitud que yo. Al darse cuenta de que le estaba persiguiendo, el alemán inclinó el morro de su avión para pasar a vuelo rasante, descubriendo de este modo su panza. Incrementé las revoluciones del motor, acorté la distancia que nos separaba y fijando el punto de deflexión un poco por delante, apreté el gatillo general. El “Focke-Wulf” sin salir del picado se estrelló contra el suelo.

Reuní mi grupo y volví a cruzar la línea del frente. En el aire se estaban librando grandes combates. Todos estos combates transcurrían a altitudes que no superaban 300-600m. Pero la apuesta alemana por las bajas altitudes fue un fracaso. Aquel día, en Berlín, solamente los pilotos de nuestra agrupación aérea derribamos 139 aviones enemigos.

Al día siguiente, el mando alemán envió de nuevo al combate a los grupos de “Focke-Wulf-190”. Esta vez ellos iban en formación escalonada. Nosotros trasladamos el centro de nuestras acciones hacia los accesos del campo de batalla, en la banda delimitada por la línea del frente y las bases aéreas alemanas. ¿En que consistía la ventaja de esta táctica? Los combates sobre el lugar de emplazamiento de las tropas enemigas nos permitían eliminar por sorpresa a los aviones alemanes y a la vez reducir nuestras bajas. En aquellos casos cuando nuestros cazas derribaban pocos aviones, igualmente había efecto positivo: los grupos de bombarderos alemanes se dispersaban y ya no podían continuar con el vuelo de forma organizada. Estos ataques les hundían la moral hasta tal punto que ya no podían realizar ataques a los objetivos terrestres.

Los grupos de nuestros “cazadores” jugaron un importante papel en la batalla aérea de Berlín. Yo también tuve la ocasión en participar en misiones de “caza libre”. Prácticamente ninguno de estos vuelos se producía en vano. El factor sorpresa garantizaba el éxito en nuestros ataques. Precisamente en las misiones de “caza libre” en los cielos de Berlín obtuve mi 62º derribo aéreo. Como ejemplo, voy a exponer el siguiente episodio: la misión de “caza libre” realizada junto con el piloto Titarénko.

Nuestra pareja de “Lavochkin” cruzó la línea del frente a una gran altitud. Nos dirigíamos a la parte sureste de las afueras de Berlín, al sector donde se encontraba una de las bases aéreas alemanas. Para no revelar nuestra presencia antes de lo necesario, nos pusimos de acuerdo por radio de no acercarnos demasiado al aeródromo enemigo. Nos quedamos a la espera en una zona elegida cerca de la base, y desde la cual eran perfectamente visibles los aviones alemanes que estaban en la pista preparados para despegar. Nos ocultábamos en las nubes, y seguimos patrullando. Finalmente los “Focke-Wulf” comenzaron a despegar. Se pusieron en formación y tomaron rumbo noroeste.

  • “Comenzamos primer ataque”, transmití a mi punto. Decidí atacar en esta zona basándome en el siguiente criterio: dado que los alemanes se encuentran cerca de su aeródromo, aun se sienten seguros y relajados; cerca de su base ellos son menos prudentes que en la zona de la línea del frente.

Al llegar el momento oportuno, entramos en picado. Nuestros “Lavochkin” a gran velocidad penetraron dentro de la formación alemana. Como resultado, en el primer picado derribamos a 2 de los “Focke-Wulf”. Al salir del ataque, manteníamos una gran velocidad. Decidí aprovechar la alta maniobrabilidad vertical de “Lavochkin” y realizar otro ataque seguido. En el caso de que algo nos saliera mal, yo y Titarénko nos separaríamos de los alemanes en cualquier momento. En unos segundos ya estábamos otra vez “colgados” sobre los alemanes. Titarénko dañó a uno de los “FW”. Yo también tuve suerte otra vez. Otro “Focke-Wulf” salió despedido en llamas del resto del grupo. No podíamos seguir continuando con el combate, dado que se nos estaba agotando el combustible. Cuando nos retiramos, vimos que los alemanes realizaron un extraño cambio de formación, luego tomaron rumbo a su territorio y se retiraron.

A mi juicio, la idea de un combate aéreo basado en buscar y eliminar al enemigo en las entradas a la línea del frente es la más acertada. Esta idea pone de manifiesto el espíritu combativo de los pilotos de caza soviéticos. Y precisamente gracias a ese espíritu, eran los pilotos soviéticos los que dominaban el cielo de Berlín en la última gran batalla aérea de la guerra.

TITUS20050

17-01-2008

Guardian muy buen articulo , segui produciendo mas articulos como este  <<30

Fug

17-01-2008

Son muy buenos los articulos de esa pagina. Bien Guardian.

El Guardian

18-01-2008

Muchas gracias por sus comentarios amigos, realmente ese sitio contiene una gran cantidad de información muy interesante sobre la VVS, seguiré tratando de compartir con ustedes todo lo que encuentre de interés para nuestro foro.

Saludos y nos vemos en el campo de batalla. <<1

josmar

23-01-2008

Buenos articulos, Guardian... <<34

Hiwi

03-02-2008

Buenos relatos, pero seria conveniente que pusieras la fuente.  <<34

leytekursk

03-02-2008

Muy buenos relatos... yo puedo colaborar con algunos de Pokryshkin:

Va el primero:

    "Un día despegué a la cabeza de ocho aviones con la misión de cubrir nuestras tropas de tierra. Al oeste de Novorossik nos topamos con tres grupos de aeroplanos enemigos que llevaban rumbo a Krimskaya. Serían unos noventa bombarderos acompañados por nueve cazas Messerschmitt.

    Ordené a Fiodorov que inmovilizase con dos parejas a los cazas rivales y arremetí junto a la pareja deRechkalov contra los Junkers. Los atacamos por encima. En la primera embestida abatí al jefe de grupo. La formación de los bombarderos se deshizo. Repetí el ataque y otro Junkers cayó envuelto en llamas al suelo. La pareja de Rechkalov atacó también con éxito lo que provocó que el enemigo, presa del pánico, arrojara desordenadamente las bombas. Los Junkers descendieron a vuelo rasante y procuraron salvarse cada cual como podía. Nos abalanzamos sobre la segunda escuadrilla, repitiéndose la escena. El espectáculo era sobrecogedor.

    De pronto oí por radio:

  -¡Pokryshkin!...soy "El Tigre". Tenemos a los alemanes encima...¡Ataquenlos!

              LLamaba la estación de guiado. Teníamos que apresurarnos a la primera línea. Reuní la escuadrilla y tomé rumbo al este. Dejamos atrás, terminando de arder como hogueras de señales, los Junkers derribados.

              Encima de Krimskaya había doce Messerschmitt. Habían venido a despejar el cielo antes de que vinieran sus bombarderos.

            Tras tomar altura, nos abalanzamos, los ocho aparatos que yo mandaba sobre los doce Messerschmitt. Pero ellos no aceptaron el combate y se retiraron en dirección a Anapa. No los quisimos perseguir pues se nos acababan las municiones y el combustible.

                En eso aparecieron por la derecha dos grupos de Junkers acompañados de ocho Messerschmitt. ¿Qué hacer?  No teníamos derecho a retirarnos. No podíamos permitir al enemigo que lanzara las bombas sobre nuestras tropas de tierra. Me dispuse a conducir la escuadrilla al ataque.

                            De una certera ráfaga logré derribar al lider del primer grupo, pero agoté mi munición. Otro tanto le pasó a los demás pilotos, y los bombarderos enemigos seguían avanzando hacia la línea del frente.

        Ordené entonces a mi escuadrilla:

  -¡Cerrad filas!...¡Simulacro de espolonazo!...

                              Los pilotos comprendieron mi intención. Es verdad que nunca antes habíamos emprendido un ataque "psicológico" con la escuadrilla en pleno, pero en la situación en que estábamos no teníamos otra salida.

            los alemanes no aguantaron. Arrojando desordenadamente sus bombas, picaban y viraban para tomar el rumbo de regreso. En esos momentos aparecieron otros cazas nuestros. Ya nos podíamos retirar. Habíamos cumplido nuestra misión sin perder un sólo aparato.

      El 5 de mayo nuestras tropas tomaron el poblado cosaco de Krimskaya.

      Pokryshkin Alexander: Mi guerra aérea. Editorial progreso, Moscú, 1975

    Pags. 288-289.

Fug

03-02-2008

Hola Leyte, no tendras ese libro en Pdf, vamos de alguna foma para poder enviarmelo  <<1 <<1  jeje.        Saludos.

leytekursk

03-02-2008

Hola Fug...

            Desgraciadamente no tengo el libro en pdf...podría escanearlo pero no sé como hacer un pdf...

                                                                            Saludos...

Kurt Meyer

03-02-2008

Que bueno libro tienes leytekursk <<37 Una lastima que no lo tenga en PDF <<10 También me gustaria.

Saludos

MIGUEL WITTMAN

03-02-2008

Buen aporte Leytekursk.

Saludos.

leytekursk

13-02-2008

          En el capítulo octavo de su libro Pokryshkin nos relata su encuentro con el piloto Vadéiev.  Todo un personaje.

  Cito:

      “En cierta ocasión aterrizó en nuestro aeródromo un aparato de otro regimiento. Rodó derecho hacia nuestra chabola, y todos nosotros no pudimos evitar mirar la extraña faz del piloto: era moreno con barba tirando a bermeja. Cuando salió de la cabina nos faltó poco para lanzar una exclamación de asombro. Era un alto mozarrón de anchos hombros. ¡Un gigantón! ¿Cómo se las arreglaría para caber en la cabina del I-16 y encima, con mono de piel?

              Envolviéndonos con una mirada, el desconocido nos sonrió y alzó una mano saludando:

  • ¡Salud a los heroicos guerreros!  - Se acercó a mí y me tendió su manaza - : Soy el sargento Fadéiev.

              Yo le dije mi nombre:

    - ¡Ah Pokrishkin!...Leemos los periódicos.

      Yo, también recordé en el acto el nombre de Fadéiev. Con él estaban relacionadas muchas historias del frente parecidas a leyendas.

            Fadéiev explicó sin demora porqué había venido a parar a nuestro aeródromo:

  - Hemos estado peleando, se me acabó el combustible. ¿Cómo telefonear desde aquí a mi regimiento? ¿Qué necesidad hay de que se pierdan dos cenas?

  • ¿Por qué dos?- le interrogué extrañado.

                  Fuimos al puesto de mando. Mientras Fadéiev torturaba con sus manazas el teléfono y atronaba con su vozarrón de bajo, llamando a su regimiento, yo lo contemplé con curiosidad. Recordé entonces las historias relacionadas con él.

      Vadim Fadéiev servía en otro regimiento de nuestra división. Los pilotos contaban que en los primeros días de la guerra, él y varios cazas más, destruyeron una columna de caballería rumana que se encaminaba al frente. Fadéiev fue el primero en abalanzarse sobre ella y descendió tanto que los caballos, al oír el rugido del motor por encima de sus cabezas, se espantaron, dejaron de obedecer a los jinetes y corrieron en fuga cada cual por su lado. Toda la columna se desperdigó por el campo. Cuando se le acabaron las municiones, Fadéiev alcanzaba a los jinetes y los abatía a sablazos…¡con la hélice de su avión!

                                  Entre los aviadores se corrió otra historia reciente que ocurrió a Fadéiev cerca de Taganrog. Al volver de un servicio de asalto con el avión averiado, aterrizó entre las líneas nuestras y las del enemigo. En tierra de nadie. El adversario abrió fuego inmediatamente contra el aeroplano. Pero Fadéiev logró llegar a nuestras trincheras. Cuando vio los muchos soldados que había allí, empuñó el fusil de uno, se quitó el mono de cuero, y encaramándose al parapeto, atronó con su tremendo vozarrón:

        -!!! Adelante!!!

                 

                  Lo vieron y oyeron los soldados de varias compañías. El aviador avanzó corriendo con el fusil en alto hacia las posiciones enemigas. De todas las trincheras y zanjas de comunicación salieron los soldados en pos de él. Habíase alzado ya un verdadero alud humano. Los alemanes se quedaron pasmados de la sorpresa y no tuvieron tiempo de abrir fuego organizado. Nuestra infantería irrumpió en las posiciones de ellos. Comenzó una refriega cuerpo a cuerpo. A los fascistas se les encogió el ombligo y pusieron pies en polvorosa. Los soldados soviéticos los persiguieron y no tardaron en ocupar la altura dominante. Allí acudieron enseguida fuerzas frescas nuestras y se fortificaron.

                    Cuando al cabo de cierto tiempo, vino a la cota el jefe de la división, Fadéiev ya no estaba allí, pues se había alejado remolcando su avión. Pero logró dar con el héroe. Lo abrazó y le dijo que para la división era de mucha importancia dominar aquella cota y que lo propondría sin falta para una condecoración. Decían que Fadéiev había respondido con bromas a todos los elogios:

      - Ah si hubiese entre vosotros algún avispado que me agenciara ahora mismo dos comidas sabrosas…

            Poco después hube de creer que el suceso pudo ocurrir tal y como lo contaban. Entramos en el comedor. Fadéiev se quitó el mono, y pude ver en su guerrera una Orden de la Bandera Roja nuevecita.

                            Dijo a la camarera “A mí déme dos raciones por favor”. Sacó del bolsillo de la guerrera un papel y se lo enseñó. Yo lo tomé y leí en voz alta: “Entréguese al sargento Vadim Fadéiev, en todas las intendencias, dos raciones de alimentación. Firmado: S. Krasovski”

                    Conocíamos bien al Jefe de nuestro Ejército del Aire y nadie puso en duda la autenticidad del documento entregado a Fadéiev.

                      Posteriormente Vadim Fadéiev se hizo muy amigo mío. Cuando se fue de nuestro aeródromo, alzó, como tenía por costumbre, una mano y voceó como despedida:

                  - ¡Hasta siempre amigos!”

                                                                Saludos...

leytekursk

22-03-2008

Me he encontrado con esto y me ha parecido interesante de compartir con los amigos del foro.

Fuente: “Las fuerzas de combate rusas” : Sergei Kournakoff. Editorial La Habana, Cuba, 1942. Páginas 189 a 191.

Cito:

“En el documental “Nuestro frente ruso”, hay una escena de un joven soviético héroe del aire, en su casa. Este joven que se llama Víctor Talalikhin, se abalanzó contra los aviones alemanes cuando se agotaron sus municiones y no había otra manera de acabar con ellos. Erskin Cardwell cuenta el relato en su libro reciente All-Out on the road to Smolensk:

                            “Hablé con Talalikhin, por espacio de casi dos horas y al final de ese tiempo pude enterarme que, en la noche anterior, en la que se abalanzó sobre el bombardero a varias millas de altura, el derribó otro Junkers 88 que llevaba una tripulación de cuatro hombres. Procuré averiguar cuantos aeroplanos había él derribado en dos meses de combate contra los alemanes, pero alegó que no tenía conocimiento exacto de ello. Dijo que su unidad había dado cuenta de varias veintenas de aviones y que él era meramente uno más de su grupo.  Además de la medalla de Héroe de la Unión Soviética, Talalikhin ha recibido la Orden de la Estrella Roja y la Orden de la Estrella Dorada. En su guerrera queda poco espacio libre para futuras condecoraciones.

                      “Yo no tenía intenciones de abalanzarme contra el Junkers, dijo. Me encontré con él a mucha distancia de Moscú, ya avanzada la tarde y lo seguí. Volé a cinco millas de altura la mayor parte del tiempo, y procuraba derribarlo descendiendo rápidamente contra él. La tripulación tuvo suerte pues nunca logré dañarlo. Así nos aproximábamos a Moscú descubrí que se habían agotado las municiones y que mi ametralladora y cañón eran inútiles. Sabía que si regresaba a mi base en busca de municiones, se me escaparía y tendría la oportunidad de dejar caer sus bombas.

      “Pero no deseaba perderlo. Había estado esperando mucho tiempo la oportunidad de perseguir a un bombardero cargado en vía a Moscú y decidí procurar cortarle las alas. Había hecho eso varias veces cuando se me agotaban las municiones, pero nunca lo había intentado con un avión tan grande como el Junkers. Es fácil cortarle las alas a un Heinkel o a un Messerschmitt porque son naves menores, pero no sabía lo que sucedería cuando intentase cortar las alas a un Junkers.”

                    “Ya estábamos cerca de Moscú y me había aproximado hasta dos millas. El bombardero alemán estaba encima de mí y decidí aproximarme y cortarle el gobernalle. Me aproximé y el artillero comenzó a disparar contra mí con balas incendiarias. Quería incendiar mi avión y obligarme a descender. Una de ellas me dio en una mano inutilizándomela. Decidí darles con todo lo que tenía.”

                        “Me remonté y piqué su cola. Supongo que desarrollé gran velocidad pero no tuve tiempo de mirar el marcador del tablero. Descendí con toda la fuerza de mi nave y choqué contra el bombardero”.

                                              “Hay una gran diferencia entre cortar las alas e impactar. En el corte de alas siempre hay una buena posibilidad de que la nave propia salga sólo con un ala dañada o la hélice torcida. Pero el choque es otra cosa. Se sabe que se va a perder el avión propio porque el golpe arranca las alas, y el motor se va con ellas. Eso lo deja a uno sentado en la cabina, sin alas, sin motor y sin gobernalle”

“                                          “El Junkers cayó como una bola de plomo. Enterré mi motor en el fuselaje del Junkers y por un momento creí que no iba a poder desprenderme, pero logré liberarme. La tripulación del bombardero no logró saltar y el avión estalló en mil pedazos al caer a tierra y explotar su carga de bombas.”

                          “ Descendí a media milla del avión destruido, pero ya no había nada que hacer. Se había quemado completamente. No me quedaba otra cosa que hacer que volver a mi base y escribir mi informe de los hechos.”

Fin de la cita.

Victor Talalikhin murió en combate contra cazas alemanes el 27 de octubre de 1941 a 5 Kmts. Al oeste de Moscú.

                                                                  Saludos...

 

                                   

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