Autor Tema: Los desdichados del Lisbon Maru  (Leído 19191 veces)

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Los desdichados del Lisbon Maru

« en: 29 de Agosto de 2009, 17:49:47 pm »
Los desdichados del Lisbon Maru

Introducción.

                      Uno de los muchos puntos de ataque japoneses el día 7 de diciembre de 1941 fue la posesión británica de Hong Kong en China.  Una variopinta guarnición británica de unos 10.000 hombres defendía el territorio continental y la isla. Hindúes, canadienses, escoceses, ingleses y chinos se enfrentaron a una poderosa fuerza japonesa. La guarnición resistió por 19 días el asalto, pero el dia 26 de diciembre, el brigadier Wallis comandante de las fuerzas, rindió la plaza.

                                    Las fuerzas capturadas fueron encerradas en varios campos  separados por la nacionalidad de sus prisioneros,  de los cuales el más importante fue el de Shamshuipo en donde se encerró a los británicos.

Ingreso de prisioneros británicos al campo Shamshipo en diciembre de 1941


Las condiciones de vida en el campo Shamshuipo eran malas. Las barracas estaban abarrotadas de prisioneros y la comida era pésima.Los suministros médicos eran escasos y una epidemia de difteria había alcanzado proporciones alarmantes. La muerte era algo común. Algunos intrépidos habían logrado escapar pero las represalias contra los que se quedaron fueron muy severas y los castigos para aquellos desdichados que fueron recapturados fueron terribles. Los japoneses no podían entender que alguien que se hubiese rendido intentara escapar.


El 25 de septiembre de 1942, 1816 prisioneros de guerra británicos fueron reunidos en el patio de desfiles del campo de prisioneros Shamshuipo, en donde el teniente del Ejército Imperial Japonés Hideo Wada, a través del intérprete Niimori Genichiro, les dirigió el sgte. Discurso:
.
“Ustedes abandonan Hong Kong y se dirigen a un bello país donde serán bien cuidados y bien tratados. Yo estoy a cargo del traslado y me preocuparé por ustedes. Recuerden mi rostro


La reacción de los prisioneros fue de abatimiento. Después del impacto inicial de la rendición, el día de navidad de 1941, estaban esperanzados en una pronta liberación ya sea por negociaciones entre los gobiernos o por una acción de parte del ejército chino.  Pero ahora, Singapur y Las Filipinas también habían caído y las noticias que llegaban de la situación en Europa, no eran mejores.

                         
                           Había algunos que pensaban que el traslado a Japón, el cual parecía ser el destino más obvio, significaría una mejora en sus condiciones de vida, por cuanto los japoneses no querrían mostrarse crueles e inhumanos en su propia patria con sus prisioneros de guerra por lo que podría esperarse un mejor trato. En cambio, otros más escépticos hubiesen preferido permanecer en Hong Kong en donde quizás las posibilidades de escape o de rescate eran mayores. Pero estas discusiones eran inútiles.

Un prisionero de guerra no tiene elección.

 Rumbo a Japón

                       Los hombres fueron divididos en grupos de 50, cada grupo a cargo de un oficial subalterno, Al mando del grupo completo iba el oficial de más alta graduación, el Teniente Coronel H.W.M. Stewart, comandante del Regimiento de Middlesex, (los “duros de matar”). El 27 de septiembre, después de un breve e inútil examen médico los prisioneros fueron cargados en lanchones y conducidos a un carguero de 7.000 toneladas, El Lisbon Maru, el cual estaba al mando del capitán Kyoda Shigueru.

                     Los prisioneros fueron distribuidos en tres bodegas. En la número uno, cerca de la proa quedaron los miembros de la Royal Navy a cargo del teniente J.T. Pollock. En la bodega número dos, frente al puente de mando se ubicaron los Royal Scots (2do batallón), el regimiento Middlesex (1er Batallón) y otras unidades menores. A cargo de esta bodega iba el Teniente Coronel Stewart. En la bodega número tres, justo bajo el puente se instaló la Royal Artillery al mando del Mayor Pitt.

          Las condiciones de hacinamiento en las bodegas eran espantosas. Los hombres permanecían tendidos hombro con hombro en el suelo desnudo o en plataformas laterales en varios niveles. Los oficiales en un compartimento a medio camino de la cubierta, soportaban similares incomodidades.

                      La comida era excepcionalmente buena para un prisionero de guerra. Arroz y té en la mañana, y por la tarde, más arroz y té más un cuarto de lata de carne y un puñado de vegetales. Había suficiente agua para beber, algunos cigarrillos fueron distribuidos, un verdadero lujo. Las letrinas consistían en cubos de madera en cubierta a los que se accedía por turnos y eran ostensiblemente escasos para el número de hombres a bordo. Alrededor de la mitad de los prisioneros (versiones japonesas indican que todos) habían sido provistos con chalecos salvavidas.

                                  Iba a bordo también, un destacamento de 778 soldados japoneses y una guardia de 25 hombres bajo el mando del teniente Hideo Wada.
             El barco zarpó el 27 de septiembre. Los primeros 4 días transcurrieron en completa tranquilidad, el clima era bueno y a los prisioneros se les autorizó a salir por turnos a cubierta para tomar aire fresco y hacer ejercicios. La nave contaba con cuatro botes salvavidas y seis balsas. El Capitán había dispuesto que en caso de ataque, los cuatro botes y cuatro de las balsas fueran para uso de los japoneses. Los 1816 prisioneros deberían arreglarselas con las dos balsas restantes.

El Lisbon Maru


El Ataque

La noche del 30 de septiembre de 1942, el submarino americano USS Grouper (SS 214),  un clase Gato perteneciente a la 81 División de la fuerza de submarinos del Pacífico, se encontraba en su segunda patrulla de guerra, al sur de Shanghai. Era una brillante noche de luna llena. Alrededor de las  4 AM. El Grouper avistó al Lisbon Maru.
           
                     Su comandante decidió que era una noche demasiado luminosa como para un ataque de superficie, por lo que decidió seguir a su presa para determinar exactamente su curso y velocidad y esperar las primeras horas del día siguiente para intentar un ataque.

                                          Al amanecer, el Lisbon Maru cambió su curso en 50 grados, dejando al submarino en una muy mala posición para atacarle. El Grouper se sumergió y maniobró para lanzar su primer ataque. A las 07:04 am lanzó tres torpedos al más cercano rango posible (3.200 yardas) pero erró los tres lanzamientos. El Lisbon Maru, continuaba su curso inmutable. El comandante del Grouper lanzó un cuarto torpedo y luego de dos minutos y diez segundos se escuchó una fuerte explosión. A través del periscopio, el comandante pudo ver que el Lisbon Maru había girado en 50 grados y luego se había detenido. No había signos visibles de daños. El Grouper maniobró entonces buscando ángulo para  un tiro directo a proa. En ese momento, el submarino comenzó a recibir fuego de armas menores.

                                             
                           A bordo del transporte, los prisioneros habían escuchado la explosión y sentido una fuerte sacudida, pero no podían saber si era producto de un torpedo o una explosión interna en la sala de máquinas. Se percibia una gran actividad en la nave y algunos prisioneros que se encontraban en la cubierta, fueron empujados a toda prisa de vuelta a las bodegas

                   Hacia las 08:45, el Grouper lanzó un nuevo torpedo a la nave, el cual falló por poco. El Lisbon Maru presentaba ya una leve inclinación a estribor. El comandante del Grouper, dispuso ahora lanzar un torpedo de popa por lo que giró el submarino y a las 09:38 lanzó su sexto torpedo. 40 segundos más tarde se pudo oir una fuerte explosión.
                     Poco después del último disparo, el comandante detectó un bombardero Mitsubishi Davia 108 que se acercaba a la nave y dos minutos después tres cargas de profundidad estallaron en las cercanías sin provocar daños en el submarino.  Es poco probable que el sexto torpedo haya alcanzado a la nave, los prisioneros no lo notaron. Puede que haya pasado desapercibido entre las explosiones de las cargas de profundidad. Versiones japonesas aseguran haberlo destruido.

                           “Era alrededor de las 09:40 cuando descubrimos el sexto torpedo dirigiéndose hacia la nave” declararía posteriormente uno de los artilleros. “El sargento Moji  nos dio la orden de disparar al torpedo. Cargamos el cañón, apuntamos al torpedo y logramos un impacto directo”

                          El submarino emergió a profundidad de periscopio. A lo lejos se podía ver el avión buscándolo pero no pudo divisar la nave por lo que asumió incorrectamente que se había hundido.

El USS Grouper




La larga espera

                     A Bordo del Lisbon Maru los japoneses parecían más calmados, pero se mostraban hostiles hacia los prisioneros. Solicitudes de alimentos y agua fueron rechazadas. No había letrinas en las bodegas y muchos de los hombres sufrían de disentería o diarrea. Solicitudes para ocupar las letrinas de cubierta fueron rechazadas, al igual que la entrega de algún tipo de receptáculos. Fue un día angustiante. Era evidente que el barco estaba dañado y escorado pero, en su encierro, los prisioneros ignoraban la extensión de estos daños y las medidas que se estaban tomando para remediar esta situación.

                    Los japoneses habían cerrado parcialmente las escotillas cubriendolas con lonas, a través de las cuales muy poco aire llegaba a las atestadas bodegas.En horas de la tarde del 01 de octubre, llegaron al lugar del ataque el destructor Kure y el transporte Toyokuni Maru, a los cuales fueron transferidos los 778 soldados transportados por el Lisbon Maru. A bordo de la nave sólo permanecieron los 77 miembros de la tripulación y la guardia de 25 soldados a cargo del teniente Wada.

                                Se iniciaron preparativos para remolcar a la nave a aguas menos profundas y comenzaron conversaciones entre el capitán Shigeru y el teniente Wada acerca de qué hacer con los prisioneros. Según Wada, se debía sellar las escotillas de las bodegas, para impedir la fuga de los prisioneros por cuanto su guardia de 25 soldados  era a todas luces insuficiente para controlar a más de 1800 prisioneros. El capitán Shigeru se opuso a esta medida porque en caso de hundimiento significaría una innecesaria pérdida de vidas, pero luego de una fuerte discusión, se impuso la opinión del teniente Wada de que el responsable de los prisioneros era él y que Shigeru, como capitán de la nave, no podía interferir con su autoridad. En consecuencia, alrededor de las 09:00 pm se ordenó a los carpinteros de la nave clausurar  las escotillas. Además se taparon con gruesas lonas dejando a los prisioneros en completa oscuridad y con un pobrísimo suministro de aire.                           


                                    Caía la noche sobre los prisioneros y sus mentes comenzaron a trabajar en descubrir las fórmulas que les permitieran sobrevivir a tan difícil situación. Estaban encerrados en las atestadas bodegas de un barco que se hundía. No habían comido en 24 horas y la mayoría de los hombres ya habían agotado su ración de agua. También habían perdido el acceso a las letrinas de cubierta. A pesar de todas estas incomodidades los hombres permanecían tranquilos  El Coronel Stewart aseguraba que los japoneses no abandonarían la nave y menos aún, a sus prisioneros. El capitán Henderson, de los Royal Scots, de abundante barba, alentaba a quienes como él, no sabían nadar, a que por fin había llegado el momento de aprender. Reiterados intentos del teniente Potter, quien hablaba japonés, por comunicarse con los guardias japoneses resultaron infructuosos.

Durante la noche la condición de los hombres enfermos de difteria empeoró por la falta de agua y la alta temperatura

                  El coronel Stewart luego de una reunión con sus oficiales decidió que la situación era ya insostenible y que debía intentarse una fuga. Usando un cuchillo cocinero que había escapado de la revisión japonesa, el teniente Howell, montado en la escalerilla metálica que daba acceso a la escotilla, en medio de la oscuridad, intentó hacer un agujero en la escotilla, pero agotado por el esfuerzo ya que debía apoyarse con una mano en la escala y con la otra manipular el cuchillo debió abandonar el intento.

                           Hacia la madrugada del día sgte. 2 de octubre, el hundimiento era inminente. Toda la tripulación del Lisbon Maru y la guardia del teniente Wada fue evacuada. Se dispuso una guardia de cinco hombres los cuales deberían permanecer en la nave hasta el último momento, en una misión suicida,  con el fin de evitar la fuga de los prisioneros.

Una imagen del hundimiento captada desde uno de los barcos de rescate


Continúa...

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #1 en: 29 de Agosto de 2009, 17:57:49 pm »
El escape


                                           A las 9 de la mañana, 24 horas después de haber sido torpedeado, el aire al interior de las bodegas era apestoso y era evidente que muchos de los hombres allí hacinados no sobrevirían mucho tiempo más. La inclinación progresiva  de la nave indicaba que el hundimiento no era controlado. El coronel Stewart, ordenó al teniente Howell que nuevamente intentara forzar la escotilla. Esta vez Howell tuvo mejor suerte y logró cortar parte de la lona que cubría la escotilla con lo que un poco de aire fresco alivió la situación por unos momentos. Luego de grandes esfuerzos logró soltar uno de los maderos clavados en la escotilla, creando un hueco lo suficientemente ancho para permitir el paso de un hombre. 
Entonces, Howell se asomó por el agujero y vio una isla cercana, también vio a unos prisioneros de la bodega número tres que luchaban por alcanzar la cubierta saliendo por la claraboya de su bodega.

                        Entonces comenzó la matanza. La pequeña guarnición japonesa de cinco hombres que había permanecido en la nave comenzó a disparar desde el puente hacia los prisioneros que salían de las bodegas. Howell alcanzó a agacharse y los tiros fueron a dar dentro de las bodegas matando a los hombres alli hacinados, entre ellos al teniente Potter.

                        Tan pronto como Howell volvió a la bodega, fue consultado por el coronel Stewart acerca del estado de la nave. Howell indicó que la situación era desesperada y que la nave se hundiría en cualquier momento. Entonces el barco dio un fuerte bandazo y el agua comenzó a escurrir por la escotilla. El coronel Stewart dio entonces la orden de abandonar la bodega y los hombres comenzaron a subir por la escalerilla, luchando contra el agua que entraba, y una vez afuera, evitando los disparos de los japoneses. Los que llegaban ilesos al mar comenzaban a nadar desesperadamente hacia las islas cercanas. Por primera vez, desde el ataque a la nave, cundió el pánico en las bodegas. Los hombres se peleaban por alcanzar la salida, mientras los enfermos y heridos se resignaban a su suerte. Muchos cayeron desde la escalera al fondo de la bodega y sobre sus compañeros que esperaban su turno. Todo ello en medio de los disparos de los japoneses.  En ese momento, el capitán asistente Cuthberson  de los Royal Scots, se calzó impecablemente su Tom O’Shanter (gorra típica escocesa), y al serle consultado si se preparaba para un desfile, contestó que si iba a encontrarse con el Creador, quería estar bien presentado.

                                  Pronto, y ante las enérgicas órdenes de sus superiores, se recuperó la calma y los hombres hicieron fila ante las escalerillas que les llevaban a la libertad. El agua continuaba ingresando a la bodega y si el barco se hubiese hundido en este momento, muy pocos hubieran sobrevivido pero esta vez la fortuna sonrió a los desdichados del Lisbon Maru. El casco de la popa hundida,  había dado con un banco de arena dejando por algunos momentos la parte delantera del barco fuera del agua. Esta situación se mantuvo por cerca de una hora, dando tiempo suficiente a la mayoría de los prisioneros de las tres bodegas para alcanzar la cubierta.

                            Una vez en la cubierta, la mayoría de los hombres se lanzaban inmediatamente al agua, mientras otros permanecían a bordo auxiliando a los heridos y enfermos. El coronel Stewart, a pesar de una herida en su pierna, se esforzaba en agrandar los agujeros de salida para evacuar a los enfermos. El capitán Cuthbertson, fue el último en abandonar la bodega dos, no sin antes bajar dos veces a cerciorarse que no quedara nadie vivo en su interior.

                       Los disparos japoneses habían cesado misteriosamente. No está claro porqué. Es posible que algunos prisioneros se hayan filtrado al puente y acabado con los tiradores. Alguna versión japonesa asegura que estos soldados se habrían sumado al rescate de los prisioneros por cuanto estaban corriendo la misma suerte que ellos, es decir hundiéndose con la nave. Tal vez desertaron.  El misterio permanece.

             Era un agradable y soleado día de octubre y sobre la cubierta, hacia la proa grupos de hombres discutían acerca de las acciones a seguir. Cinco millas al oeste se veían unas islas pero ello significaba un largo camino para hombres en muy malas condiciones y, más aún, muchos de ellos sin salvavidas. El mayor Walker, de los Royal Scots, entregó su salvavidas a un soldado que no sabía nadar y nunca más se le volvió a ver.
                        Entre el Lisbon Maru y las islas al oeste había varias naves menores japonesas rodeadas de flotantes  naufragos que solicitaban ser izados a bordo. Se podía ver como eran rechazados de vuelta al mar y tiroteados en el agua.

                         Hacia el este estaba el mar abierto. Una muerte por ahogamiento en mar abierto parecía más digna en comparación con los rigores de las bodegas o un inútil intento por ser rescatados por las naves japonesas. Había que tomar una decisión rápida por cuanto la proa del Lisbon Maru, comenzaba a perderse bajo las aguas.

Lugar del hundimiento


 En el agua

                              El tema fue decidido nuevamente por accidente. La fuerte marea de la zona llevaba inexorablemente a los sobrevivientes hacia los japoneses y las islas del oeste  Apenas los hombres se lanzaban al agua, aferrados a cualquier resto del barco, eran arrastrados por la marea sin remedio otra vez a manos de sus captores. 
                               Aproximadamente a las 10:30 horas, al parecer las órdenes cambiaron entre los botes japoneses y comenzaron a recoger a los sobrevivientes. Puede que hayan notado que algunos prisioneros estaban alcanzando la libertad en la orilla de las islas.

                              Las islas que se veían desde el barco parecían ser las Sing Pang del archipiélago Chusán. La costa era rocosa y la fuerte marea arrojaba a los sobrevivientes contra las rocas. Howell fue uno de los primeros en alcanzar la orilla de la isla más grande y fue rescatado por un sampán de pescadores chinos. Hablando con ellos en el dialecto de Shanghai logró hacer entender a los pescadores que los nadadores que flotaban en el agua eran prisioneros de guerra británicos y no japoneses. Inmediatamente unos 200 pescadores chinos echaron al mar sus 46 juncos y sampanes y comenzaron a rescatar a los exhaustos nadadores. Sin embargo, muchos ya habían muerto ahogados o destrozados contra los requeríos de la costa.

              Un total de 384 sobrevivientes fueron rescatados por los pescadores chinos, a los cuales alimentaron y abrigaron con sus escasos medios. Pero, al día siguiente, una fuerza japonesa fue desembarcada desde un destructor y recapturó a la mayoría de estos desdichados. Sólo tres sobrevivientes lograron evitar esta nueva captura los que fueron ocultados por el líder de la aldea en una caverna cercana. Luego de muchos pesares estos tres afortunados, lograrían llegar a Chungking.

                    Aquellos que fueron recogidos desde el agua por los japoneses, y los recapturados de la isla,  fueron reunidos en la cubierta de una gran cañonera, la cual se mantuvo por tres días en la zona recolectando sobrevivientes desde las islas y, presumiblemente, esperando órdenes respecto de qué hacer con ellos. Los prisioneros, que antes se apiñaban en una bodega, ahora se encontraban por días enteros a la intemperie sin recibir casi alimentos o agua. La gran mayoría había perdido sus ropas y se encontraban desnudos.

Ross Lynneberg, uno de los sobrevivientes, recuerda este momento:
 “El día en que se hundió el Lisbon Maru, fuimos muy afortunados porque había un brillante y cálido sol que nos secó las ropas y nos mantuvo calientes. Pero los siguientes dos días hizo frío, humedad y viento, tanto frío que algunos eran incapaces de moverse y fueron encontrados muertos en la mañana.  Dos muchachos y yo nos turnábamos en compartir mi camiseta. Nos acurrucábamos juntos para darnos calor unos a otros y sobrevivir la noche en la cubierta.”

 Cuando los hombres comenzaban a morir a causa del cansancio y la exposición a los elementos, el barco se puso en marcha hacia  Shanghai, donde los prisioneros fueron desembarcados el 5 de octubre.

        Lo primero que hicieron los japoneses con los prisioneros desembarcados fue pasar lista. Pero muchos no respondieron a sus nombres. De los 1816 hombres que salieron de Hong Kong, sólo 970 respondieron al llamado. 843 habían muerto ahogados o bajo las balas japonesas. Luego de la lista, los japoneses  proporcionaron a los prisioneros una muda de ropa de delgada tela, e infestada de piojos, la cual habría de ser la única a usar durante sus primeras semanas en el helado Japón.




Nuevamente rumbo a Japón

                     Treinta y cinco de los prisioneros los cuales estaban seriamente enfermos, fueron dejados en Shanghai. El resto, fueron embarcados en las bodegas del transporte Shensei Maru en condiciones similares a las que padecieron en el Lisbon Maru. La disentería y la difteria abundaban entre los hombres, severamente debilitados. Cinco más murieron durante la travesía a Japón.

                          El barco arribó a Moji el 10 de octubre donde 36 de los casos más severos de disentería fueron trasladados a un hospital. El resto de los prisioneros fue dividido en dos grupos. El más grande, alrededor de 500, fue destinado a Kobe y los restantes a Osaka. Numerosos periodistas japoneses esperaban la llegada de los prisioneros, a los cuales se les había prohibido bajo amenaza de represalias realizar declaraciones acerca de sus padecimientos.

    En los trenes de traslado, fueron extraordinariamente bien atendidos en cantidad y calidad de alimentos. En Kokura fueron desembarcados otros 50 enfermos de los cuales 21 morirían allí. Otros más serían desembarcados en Hiroshima. Los 326 restantes llegaron finalmente a Osaka donde fueron instalados en un campo en el centro de la ciudad.

Un dibujo de la tragedia realizado por uno de los prisioneros en el campo de Kobe



Las bajas:

Los hombres estaban tan debilitados por su cautiverio que las bajas fueron altas en los meses siguientes. El coronel Stewart y el capitán Cuthbertson murieron al poco tiempo de llegar. Durante el primer año de cautiverio en Japón murieron un total de 244 prisioneros. La mayoría de ellos podría haberse salvado si hubiesen tenido un cuidado adecuado

                     Así, de un total de 1816 oficiales y soldados del grupo original del Lisbon Maru, 843 murieron ahogados o asesinados durante el hundimiento del carguero. 5 más murieron durante el viaje a Japón en el Shensei Maru y 244 más durante su cautiverio en Japón, restando sólo 724 sobrevivientes.


Conclusión:
                           Nadie jamás responsabilizó al USS Grouper por las bajas británicas.  El Lisbon Maru transportaba tropas enemigas y además navegaba sin ninguna señalización de que llevara prisioneros de guerra.

El teniente Howell fue condecorado con la M.B.E. (Orden del Imperio Británico) por su valentía al romper la escotilla que permitió a los prisioneros escapar. Similar condecoración recibió el teniente Norman Broenlow,  de los Royal Scots,  por rescatar a varios de sus compañeros de las aguas y llevarlos a la costa de la isla Sing Pang.

 El interprete Niimori Genichiro fue juzgado en septiembre de 1946 y recibió una condena de 15 años de prisión. Esperando una sentencia de muerte, bailó de alegría cuando escuchó la sentencia.

        El  Capitan del Lisbon Maru Kyodo Shigeru, fue juzgado en octubre de 1946 y condenado a 7 años de cárcel. El teniente Wada a cargo de la guardia de los prisioneros y responsable de cerrar las bodegas,  había muerto en combate poco antes del fin de la guerra.

. Luego de la guerra, el capitán Mann del regimiento Middlesex organizó un fondo entre los sobrevivientes con el fin de entregárselo a los pescadores de la isla Sing Pang en muestra de su gratitud

    En febrero de 1949, Su Excelencia, el Gobernador de Hong Kong, entregó al señor Woo Tung-Ling, lider de los pescadores, un bote de pesca a motor y una recompensa en dinero. Treinta de los supervivientes estaban presentes en el acto.

Proyecto de Memorial a los caídos en el Lisbon Maru en la isla Sing Pang


El sobreviviente Charles Jordan lanza una flor sobre el sitio del naufragio.




                                                Saludos...


Bibliografía:

Tony Banham: The sinking of the Lisbon Maru: Britain's forgotten wartime tragedy
en google libros: http://books.google.cl/books?id=AUJDqAqkRBsC&pg=RA1-PA140&dq=sinking+lisbon+maru#v=onepage&q=&f=false

http://www.lisbonmaru.com/

http://www.fepow-community.org.uk/arthur_lane/html/sinking_of_the_lisbon_maru.htm

http://lisbonmarufoundation.org/

http://www.lisbonmaru.org/blogview.asp?logID=11

http://www.britain-at-war.org.uk/ww2/Hong_Kong/html/body_lisbon_maru.htm#AlfHunt

http://bbs.chinadaily.com.cn/viewthread.php?gid=2&tid=344569&page=2

http://www.bbc.co.uk/ww2peopleswar/stories/96/a4103696.shtml

http://www.mwadui.com/HongKong/Lisbon.htm

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #2 en: 29 de Agosto de 2009, 21:05:32 pm »
Desgraciadamente un caso similar ocurrió con el hundimiento del paquebote inglés RMS Laconia. El buque viajaba en ruta hacia Inglaterra transportando 1.400 prisioneros italianos, 463 tripulantes y guardianes, 262 soldados ingleses de permiso, así como 80 mujeres y niños. Como el Lisbon Maru, no llevaba distintivo alguno que indicase el transporte de prisioneros de guerra (la Convención de Ginebra prohibe el transporte de prisioneros por zona de guerra).

Tras ser torpedeado por el U156 de Hartenstein y comenzar a hundirse, se evacuó a todo el personal inglés (de 811 se salvaron 800). Sin embargo la guardia polaca (con mando inglés) que custodiaba a los prisioneros italianos no abrió las bodegas donde iban encerrados, aunque el buque se hundía sin remisión. A pesar de ello muchos italianos lograron abrirse paso y lanzarse al agua para acabar ametrallados por sus guardianes. De los 1.400 prisioneros italianos que transportaba el Laconia, 500 perecieron ahogados o muertos a tiros.

El episodio posterior del intento de rescate por parte del submarino y la respuesta aliada es ya de sobra conocida.

Curiosamente, Hartenstein (que había muerto en combate) fue acusado de causar tal mortandad y Dönitz juzgado en la postguerra por haber dado la orden de no salvar más naúfragos.

Por descontado, tanto los mandos como los guardianes que intentaron que los prisioneros italianos se hundieran con el barco, jamás fueron molestados y sí citados como testigos de cargo en el proceso contra Dönitz.

Saludos.

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #3 en: 29 de Agosto de 2009, 23:26:10 pm »
Curiosamente, Hartenstein (que había muerto en combate)

  ¿En combate?... que no murió huyendo de un Catalina...?

                                                      Saludos...

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #4 en: 30 de Agosto de 2009, 01:16:33 am »
Citar
¿En combate?... que no murió huyendo de un Catalina...?

Exacto, murió (junto a su tripulación) a causa de las cargas de profundidad que le dejó caer en lo alto un Catalina USA del (VP-53/P-1). A eso se le llama morir en combate.

Es como si tratas de la misma manera al comandante del HMS Barham porque resultó torpedeado mientras hacía zig-zag antisubmarino, que era el modo en que los buques de superficie se defendían de esta amenaza.

Lo que llamas huida era el método aprobado en todas las marinas como defensa ante un ataque aéreo, dado que un submarino siempre estará en inferioridad de condiciones frente a un avión ASW. Bueno, los sumergibles alemanes incrementaron su armamento antiaéreo hasta tal punto que se atrevían a hacerles frente en condiciones favorables o cuando no tenían otra opción.

Pero no en Marzo de 1943.

Saludos.

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #5 en: 30 de Agosto de 2009, 01:56:41 am »

 Ahora entiendo Topp. Hartenstein murió en combate, huyendo de un catalina, lo cual era lo habitual en los submarinos germanos...

 Dejémonos de jueguitos de palabras bizantinos y vamos al DRAE que define:

1.- combate.
         (De combatir).
1. m. Pelea entre personas o animales.

2. m. Acción bélica o pelea en que intervienen fuerzas militares de alguna importancia.

3. m. Lucha o batalla interior del ánimo. Combate de pensamientos, de pasiones.

4. m. Contradicción, pugna.


2.-  fuga.
          (Del lat. fuga).
1. f. Huida apresurada.

2. f. Abandono inesperado del domicilio familiar o del ambiente habitual.

3. f. Momento de mayor fuerza o intensidad de una acción, de un ejercicio, etc.

4. f. Salida de gas o líquido por un orificio o por una abertura producidos accidentalmente.

5. f. Mús. Composición que gira sobre un tema y su contrapunto, repetidos con cierto artificio por diferentes tonos.


                    Saludos...

                         




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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #6 en: 30 de Agosto de 2009, 02:12:26 am »
joer leyte ...por esa regla de tres tambien las tacticas de repliege y retirada (impartida en la enseñanza militar ) se podrian considerar huida.
es un arte de la guerra saber retroceder en busca de una buena posicion , cuando sabes que estas en desventaja..por lo tanto no huyo.
no hay que buscarle tres pies al gato.

un saludo

Desconectado Balthasar Woll

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #7 en: 30 de Agosto de 2009, 02:25:23 am »
Osea que por esa regla de tres un carro de combate que retroceda buscando mejor cobertura y le den un pepinazo y en el que muere la dotación no es morir en combate y por supuesto todos los aviadores que intentan esquivar el fuego antiaereo y los marineros en los que su buque hace zig-zag intentando que no le den ¿no mueren en combate? ¿entonces como mueren?.

Saludos

Juan Manoel

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #8 en: 30 de Agosto de 2009, 02:29:12 am »
joer leyte ...por esa regla de tres tambien las tacticas de repliege y retirada (impartida en la enseñanza militar ) se podrian considerar huida.
es un arte de la guerra saber retroceder en busca de una buena posicion , cuando sabes que estas en desventaja..por lo tanto no huyo.
no hay que buscarle tres pies al gato.

un saludo

Una cosa es retirada.........eso es huìda.

Otra cosa es repliegue.............lo que normalmente, de una u otra forma parte de un plan, por lo que aunque a veces es apresurada.......en realidad no lo es tanto.

Saludos.

Desconectado Topp

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #9 en: 30 de Agosto de 2009, 02:42:23 am »
Vale Leyte, Hartenstein murió mientras huía y según el DRAE el 90% de los submarinos germanos perdidos lo fueron mientras huían.

No importa si lo hacían ante escoltas de superficie, aviones ASW o fuerzas superiores. Tampoco que el radar permitía la aparición de aviones sin previo aviso. Los muy cobardes debían haberse quedado en superficie y hacerles frente hasta morir. Todo antes de huir.

Que vergüenza la de los 40 tripulantes de este submarino que huye inutilmente mientras le llueven las cargas de profundidad.



Ahora resulta que el DRAE dice que los casi 30.000 tripulantes del arma submarina alemana que cayeron durante la SGM no lo hicieron en combate, sino mientras huían.

No te acostarás sin saber una cosa más.

Saludos.


Desconectado gaffer

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #10 en: 30 de Agosto de 2009, 02:48:10 am »
 #@6 no... si al final va a resultar que todos los que murieron de un disparo en la espalda el dia-D ( por poner un ejemplo ) #@12 eran unos traidores.
joan..retirada es retirada y solo hay ( como en todo ) ..dos formas de hacerlo , bien o mal.
los republicanos en la famosa bolsa de Bielsa dejaron para los analistas y tacticos militares una de las lecciones magistrales de como se tiene que hacer una retirada , y que fué combatiendo escalonadamente mientras retrocedian para volver a reorganizarse..no estaban huyendo, estaban combatiendo.
repliege es lo mismo o muy parecido.
luego es de sentido común que (por ejem.) yo con un tirachinas y tú con un 88 ¿ que pasa ? ,obviamente tengo todas las de perder , por lo tanto buscaré la forma sin rehusar del combate de que mis posibilidades sean lo mas ventajosas posibles , lo que puede interpretarse como una huida sin serlo.


saludos

Desconectado Balthasar Woll

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #11 en: 30 de Agosto de 2009, 02:52:59 am »
Lo primero que hay que hacer es diferenciar las tres palabras:

Retirada: Acción de retroceder en orden, alejándose del enemigo.

Repliegue: Dicho de las tropas avanzadas: Retirarse en buen orden.

Y una huida normalmente es eso, huir en desorden abandonando equipos, impedimenta y el armamento.

Saludos

Juan Manoel

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #12 en: 30 de Agosto de 2009, 02:57:20 am »
Exacto Ball ese es el concepto, muy de acuerdo contigo.

Saludos.

Desconectado Topp

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #13 en: 30 de Agosto de 2009, 03:07:31 am »
Citar
Lo primero que hay que hacer es diferenciar las tres palabras:

Retirada: Acción de retroceder en orden, alejándose del enemigo.

Repliegue: Dicho de las tropas avanzadas: Retirarse en buen orden.

Y una huida normalmente es eso, huir en desorden abandonando equipos, impedimenta y el armamento.

A la que yo añadiría una cuarta tratándose de submarinos en superficie mientras son atacados: Inmersión.

Cuando estas recargando tus baterías durante la noche mientras intentas adelantar al convoy y de repente te sale de la nada un Liberator (en muchos casos con los motores cortados y planeando) con la trampilla de su bodega abierta, ni te retiras, ni te repliegas, ni huyes, intentas sumergirte para evitar su ataque y emerger por otro lado para continuar la presecución.

La huida se hace generalmente hacia posiciones propias, por eso se llama huida (nadie va a huir hacia el enemigo). Pocos o ningún submarino abandonaban el campo de combate de motu propio a no ser que estuviesen averiados.

Saludos.

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Re: Los desdichados del Lisbon Maru

« Respuesta #14 en: 30 de Agosto de 2009, 03:09:12 am »
                             No entiendo la molestia por la definición de algo que es propio del arma submarina. Ataque siempre ventajoso, es decir, sin ser detectado, en impunidad, y luego ante la presencia de cualquier amenaza una presurosa fuga a las profundidades (o retirada si quieren los más puristas).

          Si me dicen que un submarino hundido mientras huía (o se retiraba) fue hundido en combate...no me suena creíble y menos aún admirable.

                                             Saludos...

  

        

 

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