Autor Tema: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.  (Leído 8297 veces)

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J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« en: 28 de Abril de 2009, 17:58:39 pm »

Como sabrán algunos, J.R.R. Tolkien es uno de los escritores más conocidos en el ámbito de la ciencia ficción y la fantasía épica Más que escritor, Tolkien fue también un reconocido académico, lingüista y filólogo especialista en literatura inglesa, anglosajona y escandinava. Sus relatos  - principalmente El Señor de Los Anillos, El Hobbit y El Silmarillion – tuvieron origen en su interés por las lenguas y la mitología nórdica, y su afición por la creación de lenguas ficticias. De hecho, primero creó las lenguas que hablarían sus personajes, y luego escribió las historias de éstos.
Lo que no es tan conocido es la experiencia y las opiniones de Tolkien con y sobre la guerra. Tolkien, Sudafricano de nacimiento, pero criado desde su temprana infancia en Inglaterra, combatió en el frente occidental durante el año 1917, teniendo la suerte de ser regresado a la isla debido a una peste con la que se contagió en las trincheras. Y digo suerte por dos razones, la primera es que algunos de sus compañeros, escritores como él, perdieron la vida entre el fango de las trincheras. La segunda es que los primeros esbozos del mundo que creó, la Tierra Media, se gestaron y fueron garrapateados en amarillentas hojas de cuaderno en barracones atestados de soldados y en hospitales en la retaguardia.
Durante los años 30, Tolkien se estableció como profesor de anglosajón y filología en varias universidades de Inglaterra, y tuvo varios hijos. Durante los turbulentos años de la segunda guerra, sus hijos varones sirvieron en diversas armas: Michael en la defensa antiaérea en homeland y después como cadete en Sandhurst; mientras que Christopher sirvió en la RAF, particularmente en Sudáfrica. Con ellos mantuvo una nutrida correspondencia donde debatía no sólo aspectos de la vida cotidiana durante la guerra, sino reflexiones sobre la naturaleza de la guerra y la política que determinaba o influenciaba los acontecimientos. Cabe destacar que J.R.R. Tolkien era ferviente cristiano y practicante, además de anticomunista, como buen inglés.
Durante los años de la segunda guerra, Tolkien escribió la mayor parte de El Señor de Los Anillos, obra en la que estuvo enfrascado durante unos 15 años. A pesar de negarlo en repetidas ocasiones, son continuas las referencias en la obra a la lucha de los hombres del Oeste contra las hordas del Este, de las fuerzas malignas encarnadas en la figura de humanoides corrompidos, pequeños y retorcidos, como los orcos, y liderados por una fuerza maligna y primordial, bien sea Melkor o Sauron, provenientes del oriente del mundo. Igualmente se hace referencia en ocasiones a la malignidad y codicia de los hombres del sur del mundo, del lejano Harad, descritos como hombres cetrinos y negros, ataviados con velos y turbantes, montados en gigantescos elefantes (olifantes). Pero Tolkien rechazó a lo largo de su vida las acusaciones de racismo, al igual que la referencias al avance del comunismo. Aquí cada quien debe formarse un juicio, después de leer sus obras.


con su esposa Edith

Los siguientes extractos pertenecen a la correspondencia de Tolkien publicada en Cartas (1981). Hice una selección de textos donde se expresan sus opiniones sobre la guerra. Se respeta la numeración original de las cartas.

039  De una carta a Michael Tolkien

29 de septiembre de 1940

A fines del verano de 1940, dos evacuadas fueron alojadas durante un breve período en casa de Tolkien.

Nuestras evacuadas partieron esta mañana, de vuelta a su hogar en Ashford (pertenecían a una familia de ferroviarios), después de algunas escenas cómicas y patéticas. Nunca me he encontrado con gente (madre y nuera) más simple, desvalida, gentil y desdichada. Habían sido apartadas de sus maridos por primera vez en su vida matrimonial, y habrían preferido antes volar en pedazos.


042  A Michael Tolkien

Después de intervenir en la defensa antiaérea de los aeródromos durante la Batalla de Bretaña, el hijo de J.R.R., Michael fue herido en un accidente sufrido por un vehículo militar durante un entrenamiento nocturno y enviado a un hospital en Worcester. Ésta es una de las varias cartas que su padre le dirigió allí.

12 de enero de 1941      20 Northmoor Road, Oxford

Mi muy querido Mick:

... Las advertencias de bombardeos aéreos son frecuentes aquí, pero se quedan (hasta ahora) sólo en advertencias... Imagino que las cosas «estallarán» más temprano este año que el año pasado -siempre que el tiempo lo permita- y que tendremos una temporada agitada hasta en el último rincón de la isla. Es también evidente que nuestros queridos y viejos amigos los rusos se preparan para alguna picardía. Se trata de una apremiante carrera con el tiempo .... No creo que los simples «ciudadanos» tengan idea de lo que realmente ocurre. Pero el mero razonamiento parece mostrar que Hitler debe atacar este país muy pronto y con extrema severidad, y ello antes del verano. Entretanto, el «Daily Worker» (el periódico del Partido Comunista Británico) es anunciado a gritos en las calles sin ningún impedimento. Tendremos días muy animados después de la guerra, aun cuando la ganemos en lo que a Alemania concierne.
Dios te bendiga, mi querido hijo. Rezo por ti constantemente. Recuérdame. ¿Quieres algo en especial? Te quiere mucho, tu

Padre.

45A Michael Tolkien

Michael era ahora oficial cadete en el Royal Military College, Sandhurst.

9 de junio de 1941      20 Northmoor Road, Oxford

Mi muy querido Michael:

... Una guerra es suficiente para cualquier hombre. Espero que se te ahorre una segunda. La amargura de la juventud o la de la edad madura es suficiente para el curso de una vida: las dos son demasiado. He sufrido una vez lo que tú estás soportando, aunque de modo algo diferente: porque yo era sumamente ineficiente y no tenía nada de militar (y sólo somos iguales en compartir una profunda simpatía y un profundo sentimiento por el soldado raso, en especial por el que proviene de las regiones agrícolas). Entonces no creía que los «viejos» sufrieran demasiado. Ahora sé a qué atenerme. Te digo que me siento como un canario enjaulado. Llevar a cabo las tareas de la prebatalla es sencillamente un veneno. ¡Si sólo pudiera hacer algo activo! Pero así es la cosa: estoy en la «permanente reserva» y de ese modo tengo las manos demasiado llenas aun para ser un guardián nocturno. Ni siquiera puedo salir por las noches de cotilleo con un camarada...
... He pasado la mayor parte de mi vida, desde que tenía tu edad, estudiando asuntos germánicos (en el sentido general, que incluye a Inglaterra y Escandinavia). Hay mucha más fuerza (y verdad) en el ideal «germánico» que lo que la gente ignorante imagina. Me sentí muy atraído por él cuando estudiante (cuando Hitler, supongo, hacía ensayos con la pintura y no había oído de él), como reacción en contra de los «clásicos». Es necesario comprender lo bueno de las cosas para apreciar su verdadero mal. ¡Pero nadie me llama nunca para hacer una emisión radial o escribir un post scriptum! Sin embargo, supongo que sé ahora mejor que la mayoría cuál es la verdad de este disparate «nórdico». De cualquier modo, guardo en esta guerra un ardiente rencor privado -que me haría probablemente mejor soldado ahora, a los 49, que lo fui a los 22- contra ese cabal ignorante, Adolf Hitler (porque lo extraño de la inspiración demoníaca es que de ningún modo realza la estatura puramente intelectual: afecta por sobre todo la mera voluntad). Arruina, pervierte, aplica erradamente y vuelve por siempre maldecible ese noble espíritu nórdico, suprema contribución a Europa, que siempre amé e intenté presentar en su verdadera luz. Entre paréntesis, nunca fue más noble que en Inglaterra, ni más tempranamente santificado y cristianizado ....
Reza por mí. Lo necesito. Te quiere,

Tu padre.

053 A Christopher Tolkien

El segundo hijo de J.R.R., Christopher, se alistó en la RAF a mediados de 1943.

9 de diciembre de 1943      20 Northmoor Road, Oxford

Mi muy querido:

La(s) ronda(s) diaria(s) y la común tarea que proveen tanto más de lo que uno pide en realidad. No hay gran diversión, ni distracciones; ninguna nueva idea brillante; ni siquiera una bromita insignificante. Nada que leer... ni si¬quiera los periódicos, donde no se habla sino de la Alharaca de Tehe¬rán. (La conferencia de Teherán) Aunque debo admitir que sonreí con tristeza y «por poco no me acurruco en el suelo sin que me interesara ya el subsiguiente curso de los acontecimientos» cuando me enteré de que Josef Stalin, ese viejo ase¬sino sediento de sangre, invitaba a todas las naciones a unirse a la feliz familia de los pueblos consagrados a la abolición de la tiranía y la into¬lerancia. Aunque debo admitir también que en la fotografía nuestro pequeño querube W.S.C. (Churchill) tenía en realidad el aspecto del peor de los rufianes presentes. Pues bien, me pregunto (si sobrevivimos a esta gue¬rra) si quedará algún rincón, aun un rincón doliente, para reaccionarios anticuados como yo (y tú)...
Cuanto más grandes se vuelven las cosas, más pequeño, deslucido y chato se vuelve el globo. Se está convirtiendo todo en un pobre suburbio provinciano. Cuando hayan introducido las medidas sanitarias americanas, el brío moral, el feminismo y la produc¬ción en masa en el Cercano Oriente, el Medio Oriente, el Lejano Orien¬te, la URSS, las pampas, el Gran Chaco, la cuenca del Danubio, el África Ecuatorial, Aquí y Allá, Mumbolandia, Gondhwanalandia, Lhasa y las aldeas del más oscuro Berkshire, ¡qué felices seremos!...
Pero en serio: el cosmopolitismo americano me parece aterrador. En lo que a mente y espíritu se refiere, y dejando a un lado los triviales te¬mores de la carne tímida que no quiere ser hecha picadillo por la solda¬desca brutal y licenciosa (alemana u otra), no estoy realmente seguro de que su victoria vaya a ser tanto mejor para el mundo en su conjunto y a la larga que la victoria de ——. No creo que las cartas que llegan se censu¬ren. Pero si lo son o no, apenas me es preciso añadir que ésos son los sentimientos de mucha buena gente, y que no hay en ellos indicio de falta de patriotismo. Porque amo a Inglaterra -no a Gran Bretaña y por cierto no al Commonwealth Británico (¡grr!)-, y si estuviera en edad militar, supongo que me estaría quejando en algún servicio activo y dispuesto a ir hasta las últimas amargas consecuencias... siempre en la esperanza de que las cosas le fueran a Inglaterra mejor de lo que ahora parecen. De un modo u otro no puedo imaginar realmente que la fantás¬tica suerte (o bendición la llamaría uno si se pudiera vislumbrar por qué deberíamos ser bendecidos implicando en ello a Dios) que ha acompa¬ñado a Inglaterra se haya agotado ya. Chi vincerá?, preguntaron los ita¬lianos (antes de estar involucrados los pobres diablos) y respondieron Stalin. No del todo correctamente, quizá. Nuestro querube, al que antes nos referimos, puede hacer jugadas arteras: uno lo supone, lo espera y no lo sabe ....

Tu padre.


066  De una carta a Christopher Tolkien

6 de mayo de 1944

La vida en el campamento no parece haber cambiado en absoluto, y lo que la hace tan exasperante es el hecho de que todos sus peores rasgos son innecesarios y consecuencia de la estupidez humana, la cual (como los «planificadores» se niegan a admitir) es siempre indefinidamente magnificada por la «organización». Pero la Inglaterra de 1917-1918 no estaba en buena situación, y es algo más intragable que en una tierra de relativa abundancia tengas que sufrir semejantes condiciones. Y a los que pagan impuestos les gustaría saber adonde van a parar todos los millones, si la crema de sus hijos son tratados de ese modo. Sin embargo, dado como son los seres humanos, es inevitable, y la sola cura (a no ser la Conversión universal) es no tener ya guerras, ni planificación, organización o regimentación. El servicio al que perteneces, por supuesto, como lo percibe cualquiera que tenga alguna inteligencia, ojos y oídos, es muy malo, pues vive de la reputación de unos pocos hombres galantes, y tú probablemente te encuentras en uno de sus rincones en particular malos. Pero todas las Grandes Cosas planificadas en grande le dan esa sensación a la persona en el potro del tormento, aunque en general funcionan y cumplen su cometido. Un cometido en definitiva malo. Porque estamos intentando conquistar a Sauron con el Anillo. Y (según parece) lo lograremos. Pero el precio es, como lo sabrás, criar nuevos Saurons y lentamente ir convirtiendo a Hombres y Elfos en Orcos. Esto no quiere decir que en la vida real las cosas resulten tan claras como en una historia, y empezamos con un vasto número de Orcos de nuestro lado...


081  A Christopher Tolkien

Christopher se había trasladado a un campamento en Standerton, en el Transvaal

23-25 de septiembre de 1944      20 Northmoor Road, Oxford

Mi muy querido:

Las noticias de guerra occidentales, por supuesto, ocupan gran parte de nuestro pensamiento, pero tú sabes sobre la cuestión tanto como nosotros. Tiempos angustiosos, a pesar de un griterío más bien prematuro. La gente armada está en lo más reñido de la lucha, y piensa (según yo lo creo) que seguirá en lo más reñido de ella por un buen tiempo todavía. No puedo entender la línea adoptada por la BBC (y los periódicos que dependen del Ministerio] D[e] I[nformación]) según la cual las tropas alemanas son una colección variopinta de vivanderos y hombres quebrantados, mientras que al mismo tiempo registran la más amarga defensa contra los más aguerridos y mejor equipados ejércitos (como por cierto lo son) que hayan nunca luchado. Los ingleses se enorgullecen, o solían enorgullecerse, de su «deportividad» (que incluía «dar al diablo su merecido»); y no es que la asistencia a un partido de fútbol en que estuviera comprometido el campeonato de la liga no bastara para desalentar la idea de que la «deportividad» fuera posesión de un gran número de los habitantes de esta isla. Pero es deprimente ver a la prensa revolcándose en la cuneta de manera tan baja como Goebbels en sus mejores tiempos, chillando que cualquier comandante alemán que defienda su terreno en una situación desesperada (cuando también las necesidades militares de su bando se benefician) es un borracho y un estúpido fanático. No me es posible advertir mucha diferencia entre nuestro tono popular y los celebrados «idiotas militares». Sabíamos que Hitler era un pillo vulgar e ignorante, además de tener otros defectos (o la fuente de ellos); pero parece haber muchos p. v. e l. que no hablan alemán que, si tuvieran la oportunidad, manifestarían la mayor parte de las otras características hitlerianas. Había un solemne artículo en el periódico local que abogaba seriamente por el sistemático exterminio de la entera nación alemana como única medida adecuada después de la victoria militar: pues, si os place, ¡no son más que víboras de cascabel y no conocen la diferencia entre el bien y el mal! (¿Y el autor del artículo qué?) Los alemanes tienen igual derecho a declarar a los polacos y a los judíos alimañas exterminables y subhumanas como nosotros a los alemanes; en otras palabras, no tienen ninguno, no importa lo que hayan hecho. Por supuesto, aún hay aquí una diferencia. El artículo tuvo respuesta, y la respuesta fue publicada. El Pillo Vulgar e Ignorante no es todavía un patrón dotado de poder; pero está mucho más cerca de convertirse en uno de ellos en esta isla verde y placentera que lo estuvo antes.

092  De una carta a Christopher Tolkien

18 de diciembre de 1944

La noticia referida a ti en algún aspecto nada hace por que preserve el equilibrio: es un oficio peligroso, pero Dios te proteja, querido muchacho; como parece que disfrutas en parte de él más que nada hasta ahora, me consuelo un tanto. Me sentiría más feliz si tu tiempo estuviera mejor organizado, de modo que pudieras descansar un tiempo razonable: el entrenamiento forzado me parece irracional. Pero me temo que la Fuerza Aérea es per se algo irracional. Me gustaría que no tuvieras nada que ver con cosa tan monstruosa. Me es de hecho una dura prueba que un hijo mío tenga que servir a este Moloch moderno. Pero tales deseos son vanos, y claramente comprendo que es tu deber prestar semejante servicio en la medida de tus fuerzas y tu capacidad. De cualquier manera, es sólo una especie de remilgo, quizá, como un hombre al que le gustara la carne y los riñones, pero que no quisiera estar relacionado con el negocio de la carnicería. En tanto la guerra se libre con tales armas y uno acepte cualesquiera beneficios que de ellas resulten (como la preservación de la propia piel y aun la «victoria»), tener una especial aversión por la guerra aérea es meramente esquivar la cuestión. Sin embargo, en mi caso ....


096  A Christopher Tolkien

30 de enero de 1945       20 Northmoor Road, Oxford

Mi muy querido Chris:

Acabo de oír la noticia .... Los rusos están a 60 millas de Berlín. Parece que pronto podría suceder algo decisivo. La espantosa destrucción y miseria productos de esta guerra van creciendo hora a hora: la destrucción de lo que debería ser (de hecho es) la riqueza común de Europa, y del mundo, si la humanidad no estuviera tan embrutecida; esta pérdida nos afectará a todos, seamos vencedores o no. Sin embargo, la gente se complace maligna cuando se entera de la existencia de interminables colas, de 40 millas de largo, de miserables refugiados, de mujeres y niños que se vuelcan en el Occidente y van muriendo por el camino. En esta oscura hora diabólica no parece haber entrañas para la piedad y la compasión, ni quedar imaginación alguna. Con lo cual no quiere decir que todo lo provocado principalmente por Alemania (aunque no por ella tan sólo) no sea necesario e inevitable. Pero ¡por qué complacerse en ello! Se suponía que habíamos llegado a una etapa de la civilización en la que todavía fuera necesario ejecutar a un criminal, pero no complacerse en ello, no colgar a su mujer y a su hijo junto a él mientras las multitudes claman. La destrucción de Alemania, aunque se lo haya merecido 100 veces, es una de las mayores catástrofes del mundo. Bueno, bueno... tú y yo no podemos hacer nada para solucionarlo. Y eso tendría que ser la medida del grado de culpa que con justicia debería ser asumida por cualquier miembro de un país que no lo sea a la vez de su gobierno. Bueno, la Primera Guerra de las Máquinas parece estar acercándose a su capítulo final y carente de conclusiones, dejando a todos, ¡ay!, más pobres; a muchos, desgraciados o mutilados; a millones, muertos, y sólo una cosa triunfante: las Máquinas. Como los servidores de las Máquinas se están convirtiendo en una clase privilegiada, las Máquinas han de ser enormemente más poderosas. ¿Cuál es su próximo movimiento? ....

Con todo el amor de tu padre.


101  De una carta a Christopher Tolkien

3 de junio de 1945

Hoy por la tarde hay un desfile de celebración del abandono de funciones de los miembros de la Defensa Civil en los Parques, a la que tendré por fuerza que ir. Pero me temo que todo ello me resulte más bien una burla, pues la guerra no ha terminado (y la que sí terminó, o la parte de ella que terminó, se perdió en una muy amplia medida). Pero, por supuesto, está mal dejarse sumir en semejante estado de ánimo, pues las guerras se pierden siempre, y La Guerra siempre continúa. ¡Y de nada sirve desmayar!


102  De una carta a Christopher Tolkien

9 de agosto de 1945

La noticia de hoy acerca de las «bombas Atómicas» es tan aterradora que uno queda aturdido. La completa locura de esos físicos lunáticos al consentir llevar a cabo trabajo semejante con fines belicistas: ¡planear con calma la destrucción del mundo! Semejantes explosivos en manos de los hombres, mientras su condición moral e intelectual declina, es poco más o menos tan seguro como dar armas de fuego a los internos de una cárcel diciendo que se espera que «eso asegure la paz». Pero algo bueno puede surgir de ello, supongo, si las evaluaciones críticas no resultan exageradas: el Japón tendría que darse por vencido. Bueno, esta¬mos en manos de Dios. Pero Él no mira con buenos ojos a los construc¬tores de Babel.



El resto de la correspondencia se trata de aspectos relacionados con la mitología de sus libros, de los aspectos técnicos de su publicación, o de reflexiones sobre la religión cristiana en el siglo pasado. Si alguno está interesado en el .pdf del libro Cartas, o en alguno de los libros de la Tierra Media, me puede escribir un mp y con gusto se lo mando.

Tenía tiempo sin el placer de escribir un post...  #@2

Saludos.

Desconectado josmar

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Re: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« Respuesta #1 en: 28 de Abril de 2009, 19:40:51 pm »
Hermosa aportación, Wobst. Las cartas destilan humanidad en todos sus renglones, y ciertamente, emocionan.... #@32


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Re: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« Respuesta #2 en: 28 de Abril de 2009, 20:15:34 pm »
De los libros de este hombre me enamore(joer que cursi suena)de joven y a mis 32 abriles aun sigo leyendolo.
Buen post Wobst #@5.


        Saludos

Desconectado Wobst

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Re: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« Respuesta #3 en: 28 de Abril de 2009, 21:28:26 pm »
Pues yo llevo más de 10 años leyendolo... y sigo.
Ahora estoy empeñado en las clases de Quenya (perdón por el offtipic).

Saludos

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Re: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« Respuesta #4 en: 30 de Abril de 2009, 16:01:58 pm »
Yo con mis 73 años sigo leyendo por quinta vez yalgunos libros mas de el y son imposibles de dejar de leer hasta el final #@28

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Re: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« Respuesta #5 en: 02 de Mayo de 2009, 08:22:41 am »
La verdad que muy bueno el tema, nunca me puse a pensar en una relación directa entre la PGM o la SGM y los libros de Tolkien, pero siempre sospeche que habría alguna.

Ahora si sobre sagas hablamos, les recomiendo "La Torre Oscura" de Stephen King, son 7 tomos, algunos tomos de dos libros, pero se leen en una pasada, en mi opinión personal es mas entretenida que el señor de los anillos.
Aunque claro, trata de una temática totalmente diferente, y es por lejos menos conocida.

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Re: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« Respuesta #6 en: 02 de Mayo de 2009, 08:45:18 am »
Yo por mi parte te recomiendo Moisin (Y a todos en general) que no solo os quedeis con el El hobbit y El Señor de los Anillos de lo escrito por J.R.R. Tolkien probad alguno mas pues este hombre y luego su hijo Christopher Tolkien (Recopilando notas de su padre) fueron bastante prolificos.

J.R.R. Tolkien
 El hobbit
 Hoja, de Niggle
 Egidio, el granjero de Ham
 El Señor de los Anillos
    * La Comunidad del Anillo
    * Las dos torres
    * El retorno del Rey
    * Apéndices de El Señor de los Anillos

  Las aventuras de Tom Bombadil
  Árbol y Hoja, y el poema Mitopoeia
  El herrero de Wootton Mayor

Christopher Tolkien
 El libro de los Cuentos Perdidos I
 El libro de los Cuentos Perdidos II
 Las baladas de Beleriand
 El Silmarillion
 El camino perdido y otros escritos
 El retorno de la Sombra
 La traición de Isengard
 La Guerra del Anillo
 Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media

    Saludos

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Re: J.R.R. Tolkien y la segunda guerra mundial. Cartas.

« Respuesta #7 en: 18 de Agosto de 2009, 05:00:41 am »
Ese Tolkien debe ser considerado un genio Mayusculo. Su obra en volumen y caracteristicas es de primer orden.

 

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