Porque España no participo en la SGM

MacARTHUR

19-01-2007

[size=15pt]Conversaciones de Hendaya[/size]

La mañana del día 23 de octubre de 1940 era soleada y con buena temperatura, aunque por la tarde llovió ligeramente. La estación internacional de ferrocarriles disponía de un sistema doble de vías paralelas, a fin de que pudiesen entrar los trenes españoles que utilizaban carriles más anchos que los europeos. 

Adolf Hitler y su ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop, que en la víspera se habían reunido con el político francés Pierre Laval, y eran esperados el 24 por el mariscal Philippe Pétain, llegaron antes de la hora prevista. Francisco Franco llegó con algún retraso. Había pernoctado en San Sebastián, lo mismo que su cuñado Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores de España. Mientras que el Führer paseaba por el andén, engalanado de banderas alemanas y españolas, a la vista de los soldados que iban a rendir honores.   

Cuando el Generalísimo descendió del vagón, Hitler y von Ribbentrop le esperaban al pie de la escalerilla. Franco vestía uniforme militar con gorro cuartelero, mientras que Hitler usaba el uniforme del Partido, con gorra de plato. El barón von Stohrer hizo las presentaciones y luego, juntos, los dos jefes de Estado revistaron las tropas.

La entrevista se celebró en el tren oficial “Erika” del Führer. En el momento de subir al vagón se dijo al embajador de España en Berlín, Espinosa de los Monteros, que ni él ni von Stohrer iban a participar en la reunión. Así pues, en la entrevista celebrada en el coche-salón del Führer asistieron Franco, Hitler, von Ribbentrop, Serrano Suñer y como intérpretes, por parte alemana Gross y por parte española el Barón de las Torres.

MacARTHUR

19-01-2007

[size=16pt][color=Navy]La versión del traductor español, Barón De las Torres[/color][/size]


Este documento recoge paso a paso la famosa entrevista de Hendaya entre Franco y Hitler. Las anotaciones a la conferencia Führer-Generalísimo fueron realizadas por el Barón De las Torres, que actuó en el histórico encuentro como traductor de alemán por parte española. Dado el interés historiográfico del documento, procedemos a reproducirlo íntegramente, tal y como fue redactado por don Luis Álvarez de Estrada y Luque, Barón De las Torres, 3 días después de celebrada la entrevista.

[color=Navy]«Anotaciones sobre la «Conferencia de Hendaya»[/color]

Celebrada el 23 de octubre de 1940 entre Su Excelencia el Jefe del Estado y el Führer, canciller del Reich, con asistencia de los respectivos ministros de Asuntos Exteriores, señores Serrano Suñer y Ribbentrop.

Llega el tren que conduce a Su Excelencia el Caudillo a la estación de Hendaya poco después de las tres de la tarde. Hace Su Excelencia el viaje en el «break» de Obras Públicas, acompañado por el ministro de Asuntos Exteriores, señor Serrano Suñer, y los jefes de sus Casas Militar y Civil.

A la llegada del tren es recibido en el andén por el Führer, a quien acompañan su ministro de Negocios Extranjeros, señor Ribbentrop, mariscal Keitel y todo su Estado Mayor. Una vez hechas las presentaciones de los séquitos respectivos, invita el Führer a Su Excelencia a pasar a su coche-salón, donde se ha de celebrar la entrevista.

En dicho coche-salón, y en una mesa rectangular para seis personas, toman asiento Su Excelencia el jefe del Estado, el Führer, el señor Serrano Suñer, el señor Ribbentrop, un intérprete alemán y el barón De las Torres, que actúa como intérprete por parte española, prohibiéndose el acceso a dicho salón de ninguna otra persona, ya que los embajadores de Alemania en Madrid, señor von Stohrer y de España en Berlín, general Espinosa de los Monteros, han permanecido con el resto del séquito.

El Führer está sentado en una cabecera, teniendo a su derecha al Caudillo y a su izquierda al señor Serrano Suñer; a la derecha del Caudillo está el señor Ribbentrop.

Comienza Su Excelencia el jefe del Estado señalando la satisfacción que le produce el encontrarse por vez primera con el Führer, a quien de nuevo reitera las gracias por la ayuda que Alemania prestó a España durante nuestro Glorioso Movimiento Nacional.

El Führer contesta a Su Excelencia diciendo que es también para él muy grato el momento de encontrarse con el Generalísimo, y después de ensalzar la gesta del pueblo español, que ha sabido enfrentarse contra el comunismo a las órdenes de Su Excelencia, señala la importancia que tiene la reunión de ambos jefes de Estado en este momento crítico de la guerra en Europa, en que acaba de ser derrotada Francia.

Empieza el Führer por hacer una relación bastante minuciosa de todos los acontecimientos ocurridos hace trece meses, y que han dado origen a la guerra mundial, insistiendo que él no quería la guerra, pero que se ha visto obligado a aceptarla con todas sus consecuencias. Pinta la situación de Europa como completamente favorable a las armas alemanas, diciendo textualmente: «Soy el dueño de Europa y como tengo doscientas divisiones a mi disposición, no hay más que obedecer.» Continúa el Führer ponderando la eficacia y el dominio de las fuerzas alemanas, asegurando que será cuestión de muy poco tiempo el aniquilamiento de Inglaterra, cuya invasión se está preparando con gran eficacia, y que le interesa tener prevenidos y sujetos todos los puntos neurálgicos que puedan ser de interés para sus enemigos, y por ello es por lo que le ha interesado tener esta conversación con el Caudillo, pues hay varios puntos en los que España está llamada a desempeñar un papel muy importante, y que no hay duda que velando por sus intereses políticos lo llevará a cabo, ya que si dejara pasar esta oportunidad no se le podría presentar nunca más.

A este respecto, dice que le interesa y preocupan 3 puntos, que son: Gibraltar, Marruecos e islas Canarias.

Continúa diciendo el Führer, al pasar a tratar de Gibraltar, que ésta es una cuestión de honor para el pueblo español, el reintegrar a la Patria este pedazo de suelo que está todavía en manos extranjeras, y que por su situación privilegiada en el Estrecho sea el punto de apoyo más importante que para la navegación por el Mediterráneo tienen los aliados, y que, por tanto, hay que ir tomando en consideración la necesidad de que se cierre el Estrecho, ya que si Ceuta y Gibraltar estuvieran en manos españolas, sería imposible la navegación.

Ataca el segundo punto referente a Marruecos, diciendo que España, por su historia y por otros muchos antecedentes, es la llamada a quedar en posesión de todo el Marruecos francés y de Orán, y que, desde luego, si España entraba en la guerra al lado del Eje, se le garantizaba el dominio de los territorios antes citados.

Por lo que se refiere a las islas Canarias, dice que, aunque está convencido de que los Estados Unidos no han de entrar en la guerra, pues no tienen intereses de gran envergadura en ella, no así los ingleses, que aunque sufren una situación precaria actualmente, en cualquier golpe de mano podrían hacerse con ellas y sería, desde luego, un golpe muy fuerte contra la campaña submarina que con toda eficacia se está llevando a cabo.

Su Excelencia el Jefe del Estado contesta a los puntos que acaba de mencionar el Führer, diciendo que aunque es exacto que Gibraltar es un pedazo de tierra española que hace muchos años está en manos ajenas, y que sería de gran satisfacción para el pueblo español que volviera a formar parte de la Patria, hay que comprender que lo que al Führer le parece muy fácil, que es tomar la ofensiva contra Gibraltar, supone para un pueblo que acaba de pasar por una de las más terribles guerras civiles un sacrificio, ya que no tiene aún cerradas las heridas de todo orden que ha sufrido, y que sería una muy pequeña compensación para los estragos y dificultades que la entrada en guerra con Inglaterra supondría.

Por otro lado, continúa el Caudillo, por lo que se refiere a Marruecos, debe tenerse muy en cuenta el esfuerzo que para una España aún no rehecha de la guerra civil supone el mantenimiento de los efectivos militares que tiene en su zona y que obliga a las tropas francesas a mantener unos efectivos importantes inactivos que no pueden acudir a otros sectores. Continúa el Caudillo diciendo que agradece mucho los ofrecimientos que para después de la guerra, y en el caso que entrara España en ella, que le hacen de la zona francesa y de Orán, que no se le ha ocurrido pedir, pero que estima que para ofrecer las cosas es necesario tenerlas en mano, y que, hasta ahora, el Eje no dispone de ellas. Añade el Caudillo que este problema de Marruecos no lo ha considerado él vital para España, y comprende que no se le ha hecho justicia a nuestro país y que no se le ha reconocido la situación que por derecho e historia le corresponde; pero que habiendo sido, como lo prueba la Conferencia de Algeciras, problema que siempre suscitó la intervención de todos los países, aun de aquellos que más alejados se encontraban de él, estima que no debe procederse a la ligera, sino, por el contrario, sin hacer dejación ninguna de los derechos que le asisten, examinar el problema con toda frialdad.

Por lo que se refiere a las islas Canarias, no cree el Caudillo que puedan ser objeto de un ataque, pero desde luego, reconoce que aun cuando existen en las islas efectivos necesarios, los medios de defensa de que disponen las islas no están a la altura de las circunstancias, pues el armamento no es eficiente.

A esto contesta el Führer diciendo que se enviarían por Alemania las baterías de costa de gran calibre que fueran necesarias, así como los técnicos encargados de montarlas y enseñar su manejo.

Señala el Caudillo, con referencia al cierre del estrecho de Gibraltar, que considera de mucha más urgencia e importancia el cierre del canal de Suez, pues el corte de éste traería aparejada la inutilidad del estrecho de Gibraltar, y pasaría a ser un mar el Mediterráneo un mar muerto.

El Führer se mantiene en su postura de que considera más importante cerrar por Gibraltar que por Suez.

Insiste el Führer en señalar los grandes beneficios que reportaría a España una intervención al lado del Eje, manifestando que cree llegado el momento en que España tiene que tomar una determinación, pues no puede permanecer indiferente a la realidad de los hechos y de que las tropas alemanas se encuentren en los Pirineos. Y añade que como mañana o pasado tiene concertada una entrevista con el mariscal Pétain y el señor Laval en Montoire, quiere saber a qué atenerse respecto a la actitud de España para obrar en consecuencia con respecto a Francia. 

Contesta a éste el Caudillo que no cree que tenga nada que ver la actitud de España en las conversaciones de una potencia que acaba de hacer ofrecimientos, pues, una de dos, o estos ofrecimientos no son más que el cebo para una posible entrada de España en la guerra o no se piensa cumplirlos si la actitud de Alemania con el Gobierno de la Francia derrotada no es excesivamente dura.

Esta contestación del Caudillo no parece agradar mucho al Führer (seguramente porque es verdad), y recalca de una manera un poco vehemente, y sin recoger lo dicho por el Generalísimo, que él no puede ir a Montoire a entrevistarse con Pétain sin conocer una actitud definida por parte de España.

El Caudillo vuelve a insistir en lo antes manifestado, y además reitera que España, que acaba de sufrir una gravísima guerra civil, que ha tenido cerca de un millón de muertos por todos los conceptos, que está falta de víveres y de armamento,no puede ser llevada sin más ni más a una guerra cuyo alcance no se puede medir, y en la cual no iba a sacar nada.

(Al llegar a este momento se suspendió la sesión, que ha durado desde las cuatro menos cuarto a las siete menos veinte. La conversación ha resultado lenta por tener que traducirse del español al alemán y viceversa. Una vez terminada la conferencia se traslada el Caudillo a su coche-salón hasta la hora de la cena que ofrece el Führer a Su Excelencia y a su séquito. Se reanuda la conferencia poco después de las diez y media de la noche.)

En la 2ª parte de la conferencia se nota desde el principio el afán del Führer de hacer ver al Caudillo la conveniencia de entrar al lado de Alemania en la guerra, por estar ésta, como quien dice, virtualmente ganada, y asegurando que tendría España cuanta ayuda pudiera necesitar tanto en provisiones como en armamentos.

Vuelve el Caudillo a insistir en lo que tantas veces ha repetido durante el curso de la conversación, de que España no está preparada para entrar en ninguna guerra, y que no se le pueden pedir sacrificios inútiles para no obtener nada de ellos, y que considera que ya es buena ayuda la neutralidad española que le permite no tener efectivos en los Pirineos y la distracción de fuertes contingentes franceses por nuestras fuerzas militares en la zona de Marruecos, aparte de lo que representa el haberse adueñado España de Tánger, evitando que lo hicieran otros.

El Führer a esta contestación, y visiblemente contrariado, manifiesta que, aunque eso es verdad, no es lo suficiente ni lo que necesita Alemania.

El Caudillo le vuelve a contestar que él no puede llevar al pueblo español a una guerra que, desde luego, sería impopular, ya que en ella no se podría alegar que estaba implicado el prestigio ni la conveniencia de España.

Después de un forcejeo insistiendo ambos jefes de Estado en sus puntos de vista, y teniendo en cuenta que quiere llegarse a una solución por parte de Alemania, propone el Führer, de acuerdo con su ministro de Asuntos Exteriores, señor Ribbentrop, que se firme por parte de España un compromiso en el que se compromete a entrar en la guerra al lado de Alemania cuando ésta estime necesario que lo haga más adelante.

El Caudillo vuelve a insistir en los tan repetidos puntos de vista respecto a la imposibilidad de España de entrar en una guerra que no le habría de reportar ningún beneficio y que, por tanto, aunque fuera un compromiso aplazado, él no lo puede aceptar.

Se siguen manteniendo durante más de tres cuartos de hora los respectivos puntos de vista y, pasadas las doce y media, el Führer, que ha ido cada vez perdiendo más su control, se dirige en alemán a Ribbentrop y le dice: «Ya tengo bastante; como no hay nada que hacer, nos entenderemos en Montoire.»

El Führer, dando muestras de su soberbia o de su mala educación, se levanta de la mesa y, de forma completamente militar y agria, se despide de los presentes, acompañado de su ministro de Asuntos Exteriores.

Poco después, y ya de manera oficial, tiene lugar la despedida en el andén en forma aparentemente cordial.

A la una menos cinco arranca el tren que conduce a Su Excelencia, quien creo ha sacado una impresión del Führer distinta a la que se había imaginado, como aquel señor que cree encontrarse con otro y se lleva un chasco.

Mi impresión, como español, no puede ser mejor, pues conozco a los alemanes y sé de sus procedimientos, y teniendo en cuenta la fuerza que tienen hoy en día dominando Europa entera, la actitud del Caudillo ni ha podido ser más viril ni más patriótica ni más realista, pues se ha mantenido firme ante las presiones, justificadas o no, del Führer y ha pasado por alto con la mayor dignidad los malos modos, al no ver satisfechos los deseos, del Führer-Canciller.

[color=Navy]**L. Álvarez de Estrada y Luque

Barón De las Torres

26 de octubre de 1940**[/color]

MacARTHUR

19-01-2007

[size=15pt]Planes aprobados por el Almirantazgo británico en caso de guerra con España:[/size] Hacer click [size=12pt]Por supuesto, pretendían atacar los puertos del norte y las Canarias. En el caso de los puertos (Vigo, Cádiz y Ferrol) se haría "tan pronto como fuera posible", sin especificar. Tendrían que montar y preparar una fuerza naval para hacerlo, no lo iban a improvisar. Lo que sí estaba previsto era el minado de los puertos. Se descartaba la ocupación de las Canarias, por la escasez de recursos. La respuesta inglesa ("tan pronto como se inicie la guerra") sería la ocupación de las islas atlánticas portuguesas (operaciones Brisk y Shrapnel), para lo que se designaron fuerzas navales y terrestres, con un plazo previsto de embarque de 48 horas desde que se recibiese la orden. Esa habría sido la respuesta inmediata (tardaría varios días y ni siquiera sería en territorio español). Aunque el lugar decidido para responder hubiese sido otro, el tiempo de respuesta de días o semanas hubiese sido inevitable.[/size]

MacARTHUR

19-01-2007

[color=Brown]Franco apareciendo con una gorra de sargento chusquero, ¿qué explicación tiene?.[/color]

Nonsei

19-01-2007

Es la gorra de la Legión, el "chapiri".

MacARTHUR

19-01-2007

¿Se sabe el por qué eligió esa gorra, cuando hasta los intérpretes llevan gorra de plato?.

¿una promesa?, ó algo así. GRACIAS.

MIGUEL WITTMAN

19-01-2007

Como fundador de la Legión la usaba casi siempre.

Gorra de plato llevó mientras ostentaba cargos durante el gobierno de la República: como JEM, Director de la Academia General Militar de Zaragoza, o en su destino en Canarias.

Nonsei

19-01-2007

En realidad el fundador de la Legión fue Millán Astray. Es cierto que la usaba casi siempre, o siempre, en esos años.

Balthasar Woll

19-01-2007

Franco fue uno de los primeros oficiales en alistarse en el Tercio de Extranjeros que así fue como se llamó en un principio la Legión, este cuerpo fue fundado por el Tte. Coronel Millan Astray el 20 de septiembre de 1920 . Para el 10 de octubre de Franco era nombrado lugarteniente de Astray , se hace cargo del entrenamiento de la nueva unidad y funda la 1ª Bandera.

Saludos

MacARTHUR

19-01-2007

[color=Maroon][size=13pt]Karl H. Guderian[/size][/color] hacer click

[size=15pt]En el escrito 68 y 71[/size]

Aquí se habla de una invasión nazi por los Pirineos para cerrar el estrecho (Roux y  Directiva 42). Me parece una idea cojonuda para evitar el desastre del canal de Suéz. Al cerrar la entrada al Mediterraneo les obligas a dar la vuelta a Africa y cruzar el desierto si quieren abastecer a sus fuerzas en el norte de Africa.

¿Por qué Hitler no invadió España, artilla el estrecho en ambos lados e impide el paso a los británicos?. Es la jugada más faci, menos resistencia de la que tuvo Rommel en Africa.

Todo el esfuerzo de guerra en Malta y el norte de Africa con Gibraltar cerrado, nunca se hubiesen producido.

Otro asunto que también es interesante, son los encuentros con Italianos y Japoneses en la Guerra. En esta revista aparecen las conversaciones con Japón, ¿que se sabe? GRACIAS

MacARTHUR

20-01-2007

[color=DarkGreen][size=18pt]Hitler escribe una carta a Mussolini lamentando la actitud de Franco[/size][/color]


Un par de meses más tarde de la entrevista de Hendaya, Adolf Hitler envió una carta a Benito Mussolini, expresándole su preocupación y descontento ante la postura española en el conflicto:

«Duce: Profundamente conturbada España por la situación, que Franco cree que ha empeorado, se niega a colaborar con las potencias del Eje. Temo que Franco esté a punto de cometer el error más grave de su vida. Pienso que su idea de recibir de las democracias materias primas y trigo, como una especie de recompensa por su neutralidad, es extraordinariamente ingenua. Las democracias le tendrán con el alma en un hilo, hasta que consuma el último grano de trigo, y cuando haya llegado ese momento se lanzarán sobre él.

Lamento todo esto porque nosotros habíamos terminado los preparativos para cruzar la frontera española el 10 de enero de 1941 y atacar Gibraltar en los primeros días de febrero. Creo que el éxito hubiera sido relativamente rápido. Las tropas elegidas para esta operación habían sido especialmente seleccionadas y entrenadas. Desde el momento en que el Estrecho de Gibraltar cayera en nuestras manos, el peligro de un cambio de actitud de Francia en el norte y en el África occidental quedaría definitivamente eliminado.

Me encuentro, pues, muy entristecido por esta decisión de Franco, tan poco acorde con la ayuda que nosotros y usted, Duce, le prestamos cuando él se encontraba en dificultades.»

MacARTHUR

20-01-2007

No creo que la Gran Bretaña estuviera en condiciones de distraer fuerzas (buques, soldados, artilleria, aviones) para la defensa de su territorio y lanzarse a la aventura de ocupar una isla en mitad del Atlantico. Además de mantener esa posición con envios de suministros.

Saludos.

[size=12pt]La ocupación de la peninsula convertiría las Azores en una base aero-naval británica con el consiguiente daño para el arma submarina alemana.[/size]

[size=12pt]Sí, ya comentamos hace tiempo que era la respuesta que tenían preparada los ingleses en caso de entrada de España en la guerra, ya desde 1940. Pero los estrategas alemanes también tenían tener en cuenta que podrían contar con nuevas bases en el Atlántico para sus submarinos y aviones: pérdida de las Azores, pero ganancia de toda la costa atlántica peninsular, lo que implicaría tener bases de abastecimiento mucho más próximas para los submarinos que operaban en el Atlántico central, por ejemplo. Creo que en la guerra submarina saldrían ganando.[/size]

MacARTHUR

20-01-2007

[size=15pt]EUROPA ENTRE BASTIDORES

[color=Navy]Del tratado de Versalles al juicio de Nurenberg[/color] [/size]

[size=8pt]*Autor: Paul Schmidt

Editorial: Destino

ISBN: 84-233-3748-0

Páginas: 679*[/size]

Cuando tras la Primera Guerra Mundial el francés dejó de ser el idioma universal de la diplomacia, se hizo necesaria la ayuda de intérpretes y traductores para el mantenimiento de las relaciones internacionales. Así nació una nueva profesión: traductores e intérpretes en los servicios diplomáticos. Uno de los máximos exponentes en aquel entonces en Alemania era el enviado Dr. Paul Schmidt, intérprete de todos los gobiernos del Reich desde 1922 hasta 1945.

Testigo excepcional de una época crucial en la Historia contemporánea, el doctor Paul Schmidt no solo fue el intérprete oficial de Hitler, sino que vivió en directo los acontecimientos que se señalan en el subtítulo de la obra desde el injusto y abusivo tratado de Versalles hasta la caída del III Reich.

La historia de Alemania, y con ella la de Europa y de sus personajes más destacados, asoman en estas memorias editadas por primera vez en 1949 y ahora reeditadas en 2005. Intérprete excepcional del alemán al inglés y al francés y viceversa, metódico y detallado en su profesión, con un afán constante de superación y puesta al día, fueron cualidades que enriquecieron a Schmidt en el ejercicio de tan delicada y difícil profesión; llena de responsabilidades de enorme peso, pues un error de interpretación podía acarrear consecuencias a veces funestas.

Escogido desde joven para afrontar esas responsabilidades por dirigentes de la política exterior de la República de Weimar podemos ver entre bastidores las sucesivas crisis por las que pasó el Estado alemán y las potencias europeas:

[size=11pt]1-La ocupación del Ruhr por franceses y belgas. 2- La Conferencia de Londres sobre el problema de las reparaciones de guerra alemanas la Conferencia de Locarno. 3-El fracaso y por fin la entrada de Alemania en la Sociedad de Naciones. 4-La Conferencia económica mundial de Ginebra. 5- las entrevistas Stresemann- Poincaré. 6-La liberación de las regiones ocupadas de Alemania. 7-La oferta de moratoria del presidente de los Estados Unidos, Hoover, para el pago de las deudas interaliadas. 8-la salida de Japón de la Sociedad de Naciones. 9-El continuado ascenso del nacional socialismo hasta llegar Hitler al poder.[/size]

Añora el autor los modos y las maneras de la diplomacia internacional en los años 20 y 30 del pasado siglo, radicalmente distinta de los métodos nacional socialistas, aún siendo Schmidt objeto de confianza por los dirigentes del partido nazi.

La obra de Schimdt, por el sin fin de datos poco conocidos de esa política entre bastidores a la que como intérprete tuvo un excepcional acceso, ofrece además un interesantísimo retrato de personajes de relevancia política mundial. La descripción de personajes y política de la república de Weimar ofrece un interés extraordinario. Asoma una innegable simpatía por el canciller Stresemann entre los políticos con los que trabajó íntimamente, o por el embajador francés en Alemania en momentos decisivos, François Poncet o la animosidad de Poincaré hacia Alemania.

La galería de personajes de relieve en la política mundial en exposición de confidencias, de momentos de tensión, de debilidades, de rasgos de humor en personajes tan variopintos como Pilsudski, Laval, Chamberlain, Baldwin, Mac Donald, Briand, Halifax, Eden, el almirante Horthy, el mariscal Petain, Hindenburg, Benes, Hacha, Doriot, o Molotov, Litvinov, Chicherin, Primo de Rivera, Serrano Suñer, el duque de Windsor, Boris de Bulgaria- quien no necesitaba traductor al hablar un excelente alemán, como también era el caso de Poncet, y sin ser tan bueno, el de Mussolini-, Leopoldo de Bélgica, el japonés Matsuoka, y una enorme galería de personajes históricos como Mussolini , Ciano, Summer Welles, Cordel Hull y un largo etcetera.

Respecto a los dirigentes del III Reich no es particularmente crítico, sino más bien comprensivo con Goering, tampoco especialmente duro con Goebbels, tampoco con von Neurath, pero quien queda retratado como rematadamente inepto a la vez que «la voz de su amo» es Ribbentrop. Incluso con Hitler, en quien señala su doblez y creciente paranoia con los años, no es tan duro como con Ribbentrop, inútil para el trabajo, desorganizador e histérico.

**Positiva la impresión de Franco en la famosa entrevista de Hendaya con Hitler el 23 de octubre de 1940. Los datos de Schmidt son concluyentes respecto a la irritación de Hitler ante la habilidad de Franco al no comprometer la neutralidad española, resaltando a la luz de los mismos la necedad de modernos oportunistas, ignorantes a la vez que taimados, que quieren hacer ver la antítesis de la realidad, o sea la grotesca afirmación de un deseo de Franco, entrar en guerra, y el rechazo de Hitler.

Schmidt desde su privilegiado observatorio, describe bien el furor y la frustración del Fhürer ante la táctica de Franco.**

Ángel Maestro

MacARTHUR

20-01-2007

[color=DarkOrange][size=18pt]La versión alemana de Paul Schmidt[/size][/color]


El intérprete de Hitler para inglés, Paul Schmidt escribió el libro titulado “Europa entre bastidores” (Ediciones Destino) en el que relata la entrevista de Hendaya, cosa bastante extraña ya que al no saber español no asistió a la reunión. Parece lo más probable, que la versión que da de la conferencia, se deba a lo que le explicara posteriormente Gross, intérprete de Hitler en Hendaya.

El escrito de Paul Schmidt dice así:

«Al principio, Hitler pintó la situación de Alemania con los colores más brillantes: «Inglaterra está ya definitivamente batida». Y terminó su largo párrafo dedicado a las grandes posibilidades alemanas de alcanzar la victoria con estas palabras: «Solamente falta que esté dispuesta a confesarlo.»   

Entonces cayó la palabra Gibraltar. Hitler dijo que si los ingleses lo perdiesen podrían ser excluidos del Mediterráneo y de África.

Franco, **al principio, no dijo nada. Entonces hizo una maniobra de diversión. Dijo que el abastecimiento de víveres en España era malo. Preguntó con expresión atenta si Alemania le podía abastecer. Dijo que necesitaba artillería pesada y antiaérea. ¿Cómo podría defenderse España contra la posibilidad de que le quisieran quitar las islas Canarias?.

Pero por encima de todo consideró incompatible con el orgullo nacional español el aceptar soldados extranjeros para conquistar Gibraltar, que luego había de recibir España como regalo.

Mientras Franco exponía su punto de vista con voz tranquila, Hitler se iba mostrando cada vez más inquieto. Franco, por último, se mostró dispuesto a firmar un acuerdo, mas con tales condiciones previas que dicho convenio no era sino una fachada tras la cual no quedaba nada. Las conversaciones se interrumpieron...Desde un principio había notado que Franco no quería comprometerse a nada fijo.»**

MacARTHUR

20-01-2007

[color=DarkRed]**[size=16pt]Las cartas de Franco[/size]

[size=13pt]La correspondencia desconocida que marcó el destino de España[/size]**[/color]

El periodista e historiador Jesús Palacios descubre en su último libro, [size=12pt]'Las cartas de Franco. La correspondencia desconocida que marcó el destino de España'.[/size] Uno de los aspectos centrales de esta obra en la que el autor ha invertido más de 3 años de trabajo y que ofrece, por primera vez correspondencia que en un 60 % es inédita y mucha "suficientemente desconocida".

Jesús Palacios declaró, sin embargo, las facilidades ofrecidas por la Fundación Francisco Franco que le ha proporcionado correspondencia de Estado y política en la que figuran cartas "comprometidas y críticas" para Franco pero en donde no existe ninguna carta de la rica correspondencia mantenida con Don Juan o las cartas a Hitler, Mussolini o Roosevelt y que el autor ha localizado a través del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán.

El libro de Jesús Palacios abarca 60 años de la historia de España y se inicia con la carta de un joven teniente del Regimiento África 68 a Sofía Subirán, probablemente su primer amor, no correspondido.

La obra se cierra con "patéticas cartas" dirigidas a Franco en 1975 por familias de varios procesados y condenados a muerte. El autor destacó que el libro "expone y clarifica muchos aspectos poco o nada revelados a través de la correspondencia política y diplomática, la interior de los diferentes gobiernos del régimen y también la personal y doméstica".

[size=13pt]Franco reticente[/size]

Respecto al "apasionante capítulo" en el que se desvela el "expreso y claro deseo" manifestado por escrito por Franco de incorporarse a la II Guerra Mundial desde las potencias del eje, Jesús Palacios explicó que Franco pidió al Führer el dominio del norte de África, incluido Gibraltar. "Pasaba por su lado la posibilidad de hacerse con un imperio a costa de Francia", dijo.

Aunque inicialmente Hitler le concedió estas peticiones un elemento nuevo cambió la situación: la decisión del Mariscal Pétain de colaborar con el dictador alemán, lo que inclinó a éste último por retirar la citada oferta a España señalando en una carta que "habría que contentarse con ganancias más pequeñas". Esto hizo que Franco fuese más reticente a la entrada ofrecida en principio.

El autor señaló también que la correspondencia manejada (1.500 documentos de los que ha seleccionado 300 para este libro) pone de relieve que Francisco Franco fue un hombre "empujado en muchos momentos por las circunstancias" que se movía siempre entre las tesis y las antítesis. "Era un hombre extremadamente religioso pero estaba enfrentado al Vaticano; se negó a que Hitler estableciese una base militar en Canarias pero pacto con Estados Unidos las bases de Torrejón.

[size=13pt]Aspectos puramente personales[/size]

Por lo que se refiere a los aspectos puramente personales que ofrece la correspondencia manejada, Jesús Palacios señaló que no ha podido consultar muchas cartas de este tipo si bien en las que ha indagado descubren a un hombre "muy escrupuloso en el manejo de los dineros, es decir, que nunca metió mano en la caja". Al final de sus días en cuentas nominativas tenía 20 millones de pesetas yno poseía otras cuentas fuera de España.

También a través de este tipo de cartas se aprecia "su gran sencillez que llenaba con los silencios que tan nerviosos ponían a quienes acudían a las audiencias" y, además, se observa "cierto sentido del humor". "En el aspecto humano, Franco daba menos dimensión de su faceta de dictador", dijo Palacios.

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