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Angel Salamanca Salamanca

Iniciado por corocotta, 08 de Octubre de 2006, 13:08:56 pm

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Hilfswilliger


corocotta

Lo siento Wittmann, pero no sé donde está la placa.

carlos fdez

como dato curioso os digo que conozco en persona al q es nieto del lugar teniente de millan astray que era de mi pueblo y tambien cuentan los ancianos del lugar que en mi pueblo estuvo el mariscal tito y los ultimos dias de la guerra civil el genera queipo de llano

Wittmann

CitarLo siento Wittmann, pero no sé donde está la placa.


¿Podrias decirme la página de la cual sacaste la imagen? :)

corocotta

La página está en alemán... lo mismo alguno lo podeis traducir
http://www.u-berg.at/texte/foto11.htm

Si lo conseguis me interesaria saber lo que pone

ULRICH

Esta entrevista la realizó Ramón de la Encina y la he recogido de la Revista Española de Historia Militar, Enero de 2003, número 31.
He de decir que he resumido la entrevista.

Tras el comienzo de la guerra civil, y siendo todavía un muchacho, huyó de su pueblo durante la represión republicana y se incorporó a la columna del comandante Castejón. Con esta columna ayudó a liberar Escalonilla, su pueblo, y llegó posteriormente a Toledo.
Angel Salamanca es un recuerdo presente de la historia de España, siempre estuvo en primera línea, con las fuerzas de élite, y como el dice: ".. con la pratección de la Virgen para llegar al final de la contienda vivo". Aunque pueda sonar chusco, e incluso macabro, nuestro interlocutor, Angel Salamanca ha muerto ya, oficialmente,dos veces: una en Teruel, durante la guerra civil, la otra en Rusia, en Krasny Bor; y en ambas, consiguió regresar de esa muerte oficial.
En la primera, como sólo puede suceder a un personaje de novela, tuvo la oportunidad de presentarse en su propia misa de difuntos. Por contra, en Rusia, aunque su muerte se daba por supuesta, siempre existió la duda y su familia lo dió por desaparecido. Hubo incluso una tercera vez pues, casi al final de su cautiverio, y en un juicio sumarísimo, las autoridades soviéticas le condenaron a muerte, condena que luego conmutaron.

-Angel,¿puedes contarnos como fue tu "primera muerte"?

-Mi primera muerte se produjo durante el contraataque de la Batalla de Teruel. En medio de la ofensiva, la nieve y un frío que luego consideré casi de broma comparado con el ruso, me perdí. En la muela de Teruel yo era cabo jefe de los enlaces de mi compañia y en un momento dado, el capitán pidió un enlace. Me presenté y le dije que todos los hombres estaban realizando servicios y que, únicamente yo me encontraba allí; si era urgente, yo llevaría el mensaje en persona. Era para el comandante jefe del batallón, y ciertamente, era de suma importancia. A pesar del mal tiempo reinante en la zona, salí de inmediato, pera las condiciones climatológicas eran tan extremas que me perdí tras las líneas enemigas. Pasaron los días y en mi unidad me dieron por muerto.

-Me imagino que el Ejercito comunicó a tu familia la noticia de tu fallecimiento ¿Como fue aquello?

-Como era preceptivo, con el paso de los días mandaron un telegrama a Escalonilla, comunicando oficialmente a mi familia mi fallecimiento. Mientras, yo deambulaba por las tierras heladas de Teruel, donde el frente había variado de forma constante, hasta que consegui encontrar una posición nuestra. Entonces me presenté a ellos, y al principio no creían mi historia. Tras realizar las oportunas comprobaciones me enviaron a retaguardia para disfrutar de un corto permiso. iY para que tranquilizara a mi familia y deshiciera el entuerto! Mientras tanto, y para evitar sufrimientos, envié un telegrama a mis padres contandoles lo sucedido.

-Imagino que al recibir el telegrama, tus padres respirarían, aunque el mal trago que habían pasado no se lo quitó nadie.

-iNo, no...! La situación del momenta impidió que el telegrama llegase a tiempo y cuando me presenté en mi pueblo, mis familiares y amigos se encontraban en la iglesia celebrando una misa por mi "eterno descanso", produciendose -como te puedes suponer- las naturales escenas que iban desde el espanto a la incredulidad para terminar en una gran alegría.
Una vez todo aclarado y cuando ya estaban de vuelta en mi casa, llegó el famoso telegrama aclaratorio.


La guerra continuaba y Angel se reincorporo a la Bandera de Falange, donde realizó la ultima parte de la misma. Participó en la Batalla del Ebro y en la toma de Lérida. De esta época guarda uno de esos recuerdos.

-Yo no se nadar, y en la ofensiva de Lérida tuve que atravesar los caudalosos ríos que la rodean. Ahi si que pasé verdadero miedo, pues al enemigo no se le ocurrió otra idea para defenderse, que abrir de golpe las compuertas de los embalses en la zona de Tremp, y el agua se precipitó, violentamente, cuenca fluvial abajo.

-Angel,¿cual fue tu actitud cuando te enteraste que Alemania había iniciado la "Operación Barbarroja", 0 sea, el ataque a la Unión Soviética?

-Me ofrecí voluntario en sendas cartas al agregado militar germano en España. En ambas ocasiones este respondió, gentílmente, que no era el momento pues no se preveía, a corto plazo, la inclusión de extranjeros en las filas del ejército alemán.

Mas tarde se crea la "Division Española de Voluntarios" y Angel se apunta de los primeros, pero a pesar de lo que hoy se diga, el número de los que se apuntaron multiplicaba el de los necesarios.

-Mi padre no quería que fuera a luchar a Rusia, pues creía que ya había hecho lo que debía en la guerra de España, y por ello consiguió, que me rechazaran en el reconocimiento médico, cosas de la vida. Cuando me enteré me sentí dolido, pero comprendí el temor de mis padres.
Más tarde, me apunte nuevamente, pero sin decírselo a nadie. Un día desaparecí de Toledo y me presente en Logrono al 14 Batallón de Marcha. El camino hacia el frente comienza alli. Era el catorce de julio de 1942.


-Cuando llegaste a Alemania ,¿a donde te enviaron?

-Durante casi dos meses estuvimos preparádonos en el centro de instrucción de Hof, para ir al frente. Finalmente, el 15 de septiembre partimos para ocupar nuestros puestos en la remozada y engrosada División, que guarnecia uno de los puntos más débiles del dispositivo alemán cerca de Leningrado. Alli me encuadraron en la 5 Compañía del II Batallón del Regimiento 262, que tenía el puesto de mando en Krasny Bor, un pequeño pueblo junto a la vía férrea que une las dos grandes capitales rusas.

-Tengo entendido, Angel, que te incorporaste a la compañía del mítico capitán Palacios.

-En efecto, Ramón. El capitán Teodoro Palacios me recibió y me asignó a la segunda sección, que mandaba el alférez Céspedes. Yo llevaba en el bolsillo una carta de recomendación para el general Esteban Infantes, pero la carta nunca salió de mi bolsillo hasta que me la requisaron los rusos. Años después, de vuelta en España, el propio general me preguntaría por ella, intercambiandonos una leve sonrisa.

Krasny Bor. Tantas veces contado. Salamanca me cuenta su propia versión de la Batalla, siempre con la idea de que "...hay tantas batallas diferentes, como soldados estuvieron en ella." No vamos a repetir pues, por enésima vez, la versión oficial de lo que sucedió alli, cerca de aquel apeadero ferroviario por cuya posesión se luchó a vida y muerte, sino su propia experiencia, ¡Su batalla!. Angel fue el escucha que se adentró en territorio enemigo para, al volver, informar al mando del impresionante despliegue soviético. Después organizó a sus hombres para aguantar lo que ses les venía encima.

Durante casi dos horas, todo tipo de proyectiles llovieron ininterrumpidamente sobre nosotros; unas 600 piezas de artillería hicieron que el hielo y la nieve se derritieran a nuestro alrededor, a pesar de los 16 grados bajo cero.En esta preparación artillera desaparecieron, volatilizados, más de la mitad de los soldados españoles que causaron baja ese día. Se produjo un hueco enorme en el dispositivo defensivo divisionario pero, sin embargo, los flancos quedaron casi intactos. Después, una marea humana se lanzó al asalto.
Era como en las películas del oeste cuando ves una estampida de bisontes; miles y miles de rusos, unos junto a otros, sin apenas sitio para moverse hacia los lados y sin que viesemos su final, avanzaban sobre nosotros.


- Y tu, Angel, ¿que pensabas en ese momento?

-Ahí no hay tiempo para pensar.
Las ordenes eran aguantar, y aguantamos, mientras aquella gente corría hacia nosotros como si todos hubiesemos muerto. Eran tantos los rusos que había, que nos podían haber matado a gorrazos. Pero nosotros estabamos allí dispuesto a morir hasta el último y eso fué todo.
Cuando prácticamente podíamos ver el blanco de los ojos de la primera fila rusa, yo que era el jefe de las posiciones más adelantadas, ordene fuego; al mio le siguieron el de otras posiciones, y pronto, una nube de plomo recibió a los rusos. La ola se para en seco, y el frente de esa ola cayó desplomado, los que les seguían pasaron sobre ellos y tambien cayeron y así sucesivamente, de pronto comenzó a formarse una muralla de cadaveres frente a los españoles. Este muro era escalado por el otro lado para ser coronado y caer al vacío de los que venian a morir a las balas españolas. Fueron seis oleadas de asalto, todas iguales. El general ruso no comprendía nada -como reconocería después- ya que no esperaba ninguna resistencia después del ablandamiento artillero.


-Aquello, según nos cuentas, no parecía tener fin. ¿Como llegaron los rusos a tomar tu posición?

-En efecto, aquello parecía que no iba a terminar nunca. A la séptima oleada el mando ruso hizo variar la progresión de su frente hacia la zona española desde la que no les disparaban, la artilleria y los morteros rusos empezaron a trabajar y los españoles empezaron a caer, pero los rusos seguían teniendo bajas, ahora incluso más, pues se les disparaba de costado segun pasaban, y además entraban de lleno en el lodazal que ellos mismos habían provocado al derretir la nieve y el hielo, y que era peor; justo donde ningún español había sobrevivido.
Durante horas se luchó cuerpo a cuerpo, pero no había balas suficientes para matar a todos los rusos que asaltaban y los "guripas" flaquearon en algunos lugares. Al final, me quede sólo con un soldado de Astorga, y como el capitán me había ordenado que me replegara por cuatro veces, no me quedo más remedio que hacerle caso. Teodoro Palacios me recibió con un escueto: iSalamanca, por fin se te han arrugado! ¡A mi no se me arrugan! -contesté- y cogiendo a dos soldados asalté, nuevamente, mi antigua posición. Allí unos rusos saqueaban lo poco que habíamos dejado, y como la situación volvió a ser insostenible decidí volver a la posición principal. Al regresar, Palacios me dijo: iSalamanca, desde este momento eres Medalla Militar.


-¿Es ahí cuando caiste prisionero de los rusos?

-¡No!, me dice Angel como si hubiese herido su sensibilidad. Durante horas resistimos, yo me ocupé de los morteros y las ametralladoras, pero los tubos ardían, y las máquinas no daban abasto para llenar cintas. Los rusos situaron morteros de 81 y de 120, que nos batían a placer. Yo llegué a perder tres dotaciones de una ametralladora. Cuando miré al último relevo, éste me pidió con los ojos que no le ordenase hacer fuego con ella; finalmente, yo me hice cargo de la máquina. Instantes después una granada caía delante de mi, lanzandome a más de cuatro metros y perdiendo parcialmente la visión.
Ya sin munición, la última orden de Palacios fue: "si no hay munición, tirarles bolas de nieve ". Poco después nos rendimos. Eran las tres de la tarde, y allí comenzaba nuestra última batalla.


-Angel, háblanos algo, si te parece, de tu cautiverio en Rusia.

- "Vivir no viviras, ya que esto no es vivir, pero morir no te dejaremos ". Estas palabras me las dijo un oficial de la MVD durante el cautiverio. Y son ciertas. Nada más capturarnos, lo primero que hicieron fue saquearnos; no nos dejaron nada, sólo nuestra ropa y a veces, también nos quitaron alguna prenda, para lo que utilizaron una violencia inusitada, casi salvaje, y sobre todo innecesaria. A continuación nos condujeron tras sus líneas.
En un primer momento pensamos que nos matarían enseguida, pues de vez en cuando oíamos un disparo de pistola en las cunetas, pero no eran para nosotros, eran para los heridos graves, ya fuesen espanoles, alemanes o sus propios heridos: el que no podía andar y valerse por si mismo era rematado directamente en la cuneta o en mitad de la carretera, sin ningún pudor por parte del matarife. Unos a otros nos ayudabamos, pues pararse sería fatal. Así llegamos a nuestro primer cautiverio.


-Creo recordar que comentaste hace un momento, que tenías algún tipo de herida, producto del morterazo cuando manejabas la ametralladora.

-Perdí temporalmente la visión, además de pequeños rasguños. A los heridos leves nos separaron y en un primer momento pensamos que nos iban a matar, pero no fué así. Nos llevaron al hospital y nos bañaron. Después nos hicieron una cura y a los que pudieron, nos devolvieron con los demás. Allí, pues, empezó el largo cautiverio, once años muerto en vida por el designio de Stalin.........





Günter

11 de Octubre de 2006, 21:16:23 pm #21 Ultima modificación: 14 de Octubre de 2006, 11:34:37 am por Günter
Pone mas o menos:

En memoria de los 5000 soldados españoles que combatieron en el frente del Este 1941/1945 a traves de la tierra y el aire y (por intuicion creo que pone) a los prisioneros de guerra hasta 1954

corocotta

Muy buena Günter, ahora te empiezas a interesar por los divisionarios españoles en vez de por los blindados... ;)
Hubo muchos más héroes como Angel que permaneceran anónimos, una pena.
Al principio del post dudaba de las razones del alistamiento de Angel, pero tras esto se ven claras, (la foto junto a los de extrema derecha empieza a cobrar sentido)

ULRICH


Angel Salamanca señala Krasny Bor


Réplica de la celda en la que vivió durante 11 años.


Reencuentro familiar a la vuelta de la URSS.


18 de Junio de 1998. En el pátio de armas del Cuartel General del Ejército, besa la bandera española.


Medalla militar individual



Escenas del acto.


Junto a Donato Pascual, otro Medalla Militar Individual, que fuera en su día chofer del General Muñoz Grandes

UN SALUDO.


Doctor Oskar


ULRICH

Gracias Doctor, me pareció un buen complemento al trabajo de corocotta. Es increible la anecdota de la vuelta a casa durante la guerra civil en medio de su propio funeral  :o . Y lo de los montones de cadáveres rusos me recordaba a "enemigo a las puertas".

UN SALUDO.

Wittmann


Armia Krajowa

Hace poco que descubri a este héroe español, hay que ver lo poco que se conocen.