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Monte Cassino - por el Comandante Rudolf Böhmler

Iniciado por fokker dr1, 29 de Diciembre de 2006, 11:47:59 am

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fokker dr1

EL CALVARIO DE MONTE CASSINO
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por el Comandante Rudolf Böhmler


(Primera Parte)

Desde hacía seis meses, los Aliados se hallaban detenidos ante el Monte Cassino. ¿Conseguirían los alemanes rechazar aún por mucho tiempo los encarnizados asaltos anglosajones, franceses y polacos, decididos a abrirse camino hacia Roma? El siguiente texto ha sido extraído del libro "Monte Cassino", publicado en 1956, por el Comandante de paracaidistas alemanes Rudolf Böhmler, quien nos relata los últimos y decisivos combates de una de las batallas más duras de la Segunda Guerra Mundial.

El éxito obtenido en la defensa de la ciudad y de la montaña de Cassino se cuenta entre los más brillantes hechos de armas que los soldados alemanes hayan llevado a cabo en el curso de la última guerra. Esta importante victoria defensiva de la 1ª división de paracaidistas y de las unidades del ejército de tierra que estaban a sus órdenes, asombró al mundo. Tal resultado es tanto más notable cuanto que fue obtenido en el curso del quinto año de guerra, en una época en que los alemanes no tenían ya la iniciativa de las operaciones. Se luchó en Cassino contra un adversario que disponía de una superioridad aplastante en tierra, mar y aire. Los alemanes se hallaban reducidos a la defensiva en todos los frentes desde hacía un año, sus divisiones estaban muy diezmadas y su armamento muy reducido por los bombardeos aéreos. Igual que veinticinco años antes sus padres hicieron frente al alud de material bélico en Verdun, en el Somme y en Flandes, hoy sus hijos se enfrentaban en Cassino a la terrible oleada de material bélico con la que el enemigo creía poder aplastarles. Los paracaidistas se habían dado cuenta de la situación: la orden de conservar Cassino a cualquier precio significaba una lucha a muerte. Y sabían que tras esta orden se jugaban una partida vital. No se trataba de imponer una pausa provisional al asaltante; se debía sobre todo cerrarle el camino de Roma. Porque Roma, en manos del adversario, significaba también la pérdida de los aeródromos más próximos a la frontera y que cayera más número de bombas sobre la patria ya tan castigada.

En el mes de Marzo de 1944, a las órdenes del célebre general neocelandés Freyberg, un ataque de la 5ª brigada indostánica y del 25º batallón neocelandés había abierto una brecha en el frente alemán. Esto no dio resultado más que en parte. El 2/4º regimiento de paracaidistas alemanes pudo cerrar la brecha con sus contraataques del 19 de Marzo, pero esta unidad sufrió al hacerlo graves pérdidas. A pesar de la violencia con que fue llevado este ataque, predominó el espíritu caballeresco de los dos campos. Alemanes e indostánicos trabajaron juntos para recoger a muertos y heridos. Cumplieron con este deber de humanidad unos junto a otros, no como enemigos, sino como verdaderos camaradas. La guarnición británica devolvió a los paracaidistas alemanes sus heridos y su médico, y llegó inclusive a poner a su disposición cuatro camillas que les permitieran evacuarlos. Los indostánicos ofrecieron entonces a sus adversarios -y no solamente a los heridos- cigarrillos y chocolate y les dieron sus cantimploras para que bebiesen, probando así en cuán alta estima tenían a sus enemigos. Al día siguiente recibieron de nuevo, con todo el espíritu caballeresco de su raza, a los soldados alemanes que venían a devolver las camillas. Sin embargo, apenas terminada la tregua, volvieron a ser enemigos encarnizados.
Después del fracaso de Freyberg, el general Wilson pasó inmediatamente al siguiente "round", es decir, a la tercera y última batalla de Cassino. Las enormes reagrupaciones que realizaron los ejércitos aliados les impidieron, ciertamente, reanudar de inmediato las operaciones terrestres, pero el buen tiempo les permitió lanzar la aviación a la batalla con toda su potencia. Sin embargo, esta vez su misión era desorganizar el abastecimiento de los ejércitos alemanes y "estrangular" a las divisiones de Kesselring. Tales eran el sentido y el objeto de la operación "Strangle", que, comenzada en la segunda quincena de Marzo, se prolongó durante toda la ofensiva de primavera. Día tras día, el general Eaker enviaba a las unidades de la Iª flota aérea británica y de la IIª flota aérea norteamericana sobre la Italia central, donde, en formaciones cerradas, volaban en picada sobre la red ferroviaria, al sur de la línea de Pisa-Florencia-Rimini. Bombardeaban aún más intensamente los importantes nudos ferroviarios de Pisa, Florencia y Arezzo y también Terni, Perusa y Viterbo, atacando al mismo tiempo los puentes, los sectores más importantes, los talleres de reparación y los depósitos de locomotoras. Cazas y caza-bombarderos preferían como blanco las locomotoras tan difíciles de reemplazar. Los bombarderos estratégicos atacaron la zona de los Alpes, en especial el Brenner, y martillearon los nudos ferroviarios más importantes de la Italia del norte.
Pero Eaker no limitó sus ataques a la red ferroviaria italiana. Los dirigió igualmente contra las otras vías de abastecimiento terrestre en las cercanías del frente o en la zona de retaguardia, subiendo hacia Florencia. Sus bombardeos hacían saltar los puentes y las carreteras de montaña y bloqueaban el paso en muchas localidades. Los cazas aliados barrían las carreteras de Italia meridional y central, disparando sin piedad contra todo vehículo alemán. Lo mismo que el tráfico ferroviario, el tráfico diurno por carretera quedó pronto anulado. Y sólo cuando hacía mal tiempo se atrevían a salir trenes y camiones. Los aviadores aliados tomaron también como objetivo los puertos de las costas del Tirreno y el Adriático, ya que una parte del abastecimiento de los ejércitos Xº y XIVº era traída por mar, sobre todo por Génova, La Spezia y Livorno, y también por Venecia y Ancona.
La operación "Strangle" despertó inmensas esperanzas en el mando aliado. No obstante, a pesar del implacable esfuerzo de estrangulamiento de la M.A.A.F. (Mediterranean Allied Air Force), el sistema logístico alemán permaneció intacto antes y después de la ofensiva de primavera. Si la ofensiva de Mayo no terminó en una catástrofe para los alemanes se debe, en definitiva, a los estados mayores logísticos y al celo de los ferroviarios, la intendencia y el cuerpo de ingenieros. El deficiente abastecimiento de las tropas combatientes, a pesar de todos los esfuerzos de estos estados mayores y de sus dependencias, es imputable en primer lugar a la situación crítica de nuestras fábricas de material de guerra y sólo en segundo término a la operación "Strangle".
Esta operación era un indicio innegable de las intenciones de los Aliados. El mando alemán la consideraba con razón como los preliminares de un gran ataque que iba a ser el decisivo. Pero no se podía adivinar cuándo, cómo y dónde asestaría Alexander el golpe principal. Dos preguntas, sobre todo, quedaban sin respuesta: ¿Intentarían los Aliados aliviar todo el frente sur con un nuevo desembarco, quizá en Civitavecchia, o todavía más al norte, en Livorno? Esa operación, pensaba Kesselring, provocaría el derrumbamiento de todo el frente de Italia central y asestaría un golpe mortal a su grupo de ejércitos. Por otra parte, ¿apoyaría el general Alexander esta ofensiva emprendiendo operaciones de envergadura con tropas aerotransportadas en el valle del Liri? El mando alemán esperaba un ataque en profundidad y en un ancho frente en el sector de Cassino, y los preparativos de ataque en el río Garellano ya no podían ocultarse.
Pero quedaba una gran incógnita: ¿Hacia dónde dirigiría Alexander su esfuerzo principal? Kesselring creía que sería en los montes Aurunci y el macizo del monte Cassino. Consideraba poco verosímil que el choque principal se redujese a una operación terrestre en el valle del Liri. Pero solamente la ofensiva podía revelar el verdadero emplazamiento de su centro de gravedad. La localización del C.E.F. (Cuerpo Expedicionario Francés) habría suministrado un indicio concreto. Desde hacía ya algún tiempo no estaba en el norte de Cassino. ¿Adónde había ido? Donde apareciera el general Juin allí se podría estar seguro de que Alexander había meditado algo realmente importante. Esto nadie lo sabía mejor que Kesselring, que escribió de su puño y letra a este respecto: «Mi mayor preocupación era conocer la dirección del ataque del C.E.F., su composición y dónde empezaría. El Xº ejército y los estados mayores que de él dependían recibieron la orden de comunicar con urgencia cualquier informe en este sentido, ya que la decisión final que tomase el mando dependía de ello». Esta preocupación estaba muy justificada, como se demostró más tarde. Fue Juin, en efecto, el que destruyó el ala derecha del Xº ejército alemán y abrió a los aliados el camino de Roma.
El 1º de Mayo, durante una conferencia en Caserta, cuartel general de Alexander, se fijó exactamente la orden de operaciones número 1 de los ejércitos aliados de Italia: «Aniquilar el ala derecha del Xº ejército, rechazar a los restos de los ejércitos Xº y XIVº de la región al norte de Roma y perseguir al enemigo hasta la línea Pisa-Rimini, causándole el máximo de pérdidas posibles».
Para romper la línea Gustav y alcanzar estos objetivos, el general Alexander había concentrado poderosas fuerzas entre los Abruzos y la desembocadura del Garellano, situando el centro de gravedad del ataque del VIIIº ejército en la región de Cassino. El cuerpo de ejército de Juin había sido desplazado, situándolo en el alto Garellano, entre el río Liri y Castelforte, habiendo sido reemplazado por el 2º cuerpo polaco en las montañas al norte de Cassino. El 10º cuerpo británico, retirado de la cabeza de puente del Garellano, había sido transferido al norte, en las montañas, y había enlazado con las fuerzas polacas, mientras que el 2º cuerpo norteamericano tomaba posición en la orilla oeste del bajo Garellano. El 5º cuerpo británico, a las órdenes directas de Alexander, se encontraba en el río Sangro. No debía atacar, sino solamente seguir los movimientos previstos de las tropas alemanas. La superioridad de los Aliados en hombres y material era aún más evidente que antes. Habían llegado nutridas unidades del Cercano Oriente, de los Estados Unidos y de Canadá.
El 11 de Mayo, a las once en punto de la noche, todo el frente se activa a la vez. Desde Aquafondata al mar Tirreno, dos mil blancos en llamas dibujan en la noche una verdadera serpiente de fuego. Es un espectáculo grandioso, los "relámpagos" surcan el aire hasta perderse de vista y el fragor de los cañonazos retumba en las laderas de las montañas. La artillería pesada de los ejércitos Vº y VIIIº comenzó a disparar con precisión matemática. De nuevo, miles de proyectiles arrasaban las posiciones alemanas, y ahora los puestos de mando se convertían a su vez en el blanco de los cañones aliados. A las 11,45 hs., los británicos pasaron al ataque en el río Rapido; a la 1,00 hs., los polacos al noroeste del monte Cassino; los franceses, en los montes Aurunci; los norteamericanos, en el sector costero.
El ataque del C.E.F. lo decidió todo muy rápidamente. Las tropas de Juin tenían la misión de penetrar en el Valle del Liri por el sur, después de haber abierto el acceso al valle del río Ausente y haberse apoderado del monte Maio y llegar hasta Pico. Las unidades de Juin se precipitaron con toda su fuerza contra la 71ª división de infantería en el alto Garellano. El efecto de la preparación de artillería duró tanto tiempo que transcurrieron 45 minutos antes de que la 2ª división marroquí, que atacaba en el centro de gravedad, quedara bajo el fuego de los cañones alemanes. Los granaderos de la división Raapke se defendieron desesperadamente contra un enemigo superior en número y acostumbrado a la montaña. Pero el 12 de Mayo, a las tres de la mañana, el monte Faito quedó en poder del 4º regimiento de tiradores marroquíes. El camino del monte Maio estaba libre. Antes, sin embargo, había que apoderarse del monte Girofano para cubrir el flanco izquierdo de la 1ª división motorizada francesa.
La gran sorpresa fue el comportamiento del C.E.F. en el combate. La campaña de 1940 había arrojado un lúgubre velo sobre el ejército francés. No se creía que pudiera recuperarse de aquella total derrota. Y ahora las divisiones del general Juin demostraban ser extremadamente peligrosas. La razón de ello no era solamente la experiencia que de la montaña tenían los soldados marroquíes y argelinos. Otros dos factores contribuían a ello: el equipo del Cuerpo Expedicionario Francés era ultramoderno. Y sobre todo, estas tropas estaban mandadas por oficiales franceses que conocían muy bien su oficio. Con estos tres elementos básicos, Juin había hecho una sólida aleación. Desde entonces sus hombres siguieron mostrándose a la altura de las misiones que se les encomendaron y el mariscal Kesselring ha afirmado a este autor que la presencia del cuerpo de ejército de Juin le creaba siempre graves preocupaciones. Si en los combates de monte Cassino el general Clark le hubiese hecho más caso al general Juin, si se hubiese adoptado su plan que consistía en abrir el valle del Liri, avanzando por Atina, probablemente no se habrían producido las tres sangrientas batallas del monte Cassino y la venerable casa de San Benito no habría sufrido tantos daños. Pero en las primeras semanas que siguieron a su toma de mando de un sector del frente de Italia, Juin no pesaba lo suficiente como para hacerse escuchar en el consejo aliado. Sólo más tarde, cuando demostró su valía con éxitos tangibles, se le prestó más crédito.


(Continúa en una segunda parte)

Sigel

Cita de: fokker dr1 en 29 de Diciembre de 2006, 11:53:17 am
Anders y sus soldados, situados en las faldas del monte Cassino, se encontraban ante una misión extremadamente difícil y no sospechaban que sus aliados, al lado de los cuales debían combatir para la conquista de aquel sector, ya habían cedido a Stalin desde hacía meses (en la conferencia de Teherán) importantes territorios de su patria; ignoraban que las potencias occidentales, y sobre todo Gran Bretaña, habían abandonado a los polacos del este al dominio del coloso ruso. Y, sin duda, ninguno de los soldados polacos que se disponían a atacar el monte Cassino se imaginaba que llegaría un día en que, por decisión de los Aliados, no podrían regresar a su patria. Tal debía ser, en efecto, la terrible consecuencia del reconocimiento del "gobierno" polaco pro-soviético de Lublin por los Estados Unidos y Gran Bretaña.


¡Que epílogo más irónico... y aleccionador (teniendo en cuenta que supuestamente, la guerra comenzó por "defender" Polonia)!

Magnífico reportage sobre la batalla de Montecasino, Fokker: felicitaciones.
Por cierto, merece la pena recordar que los bombardeos aliados redujeron a cenizas el antiquísimo monasterio de Montecasino (a saber, el más antiguo del monacato occidental) en la falsa creencia que en él se emboscaban unidades de la Wehrmacht. Sin duda, esta fue una pérdida inicua de una de las joyas culturales sacrificadas al Moloch de la guerra, aunque después los norteamericanos donaron recursos económicos para la reconstrucción de lo que pudo rescatarse de la venerable edificación.

Balthasar Woll


Hilfswilliger


Fug

Muy bueno, por cierto, dende anda nuestros aviadoress Fokker y P-47, se les hecha de menos.

Wobst

si, cierto, faltan esos chicos  :-\ :-\

por cierto, esta foto actual del cementerio polaco en las cercanías de la abadía me pareció espectacular:


Fug


Armia Krajowa

Muy buen articulo :)

No se si es el sitio, pero me podriais recomendar un buen libro sobre esta batalla (o el frente italiano en su defento) he visto varios pero no se con cual quedarme.

Está el de Matthew Parker http://www.librerialuces.com/datoslibros.php?cod=124285

y el de Sven Hassel http://www.librerialuces.com/datoslibros.php?cod=123126

Wobst

te puedo pasar el e-book de osprey, lo único es que está en inglés...

STEINER M


Wobst

ciertamente... :( y además hay varios buenos artículos inconclusos esparcidos por el foro

Fug



Juan Manoel

Les dejo algo del cine : Die Grünen Teufel von Monte Cassino (Los Diablos Verdes de Monte Cassino) :









Saludos.

tecumseh

cumple tu deber