El Hombre en Busca de Sentido: Un psicólogo en los campos de concentracion.

Iniciado por Lenz Guderian, 10 de Septiembre de 2008, 20:56:42 pm

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Lenz Guderian

13 de Noviembre de 2008, 16:52:45 pm #15 Ultima modificación: 13 de Noviembre de 2008, 17:01:25 pm por Lenz Guderian
Preguntas y respuestas sobre la existencia humana.

"¡Figúrate! Conocí a ese hombre cuando sólo era presidente de un
gran banco. Ahora, el cargo de "capo" se le ha subido a la
cabeza."


y qué decir de la libertad humana? ¿No hay una libertad
espiritual con respecto a la conducta y a la reacción ante un
entorno dado? ¿Es cierta la teoría que nos enseña que el hombre
no es más que el producto de muchos factores ambientales
condicionantes, sean de naturaleza biológica, psicológica o
sociológica? ¿El hombre es sólo un producto accidental de dichos
factores? Y, lo que es más importante, ¿las reacciones de los
prisioneros ante el mundo singular de un campo de concentración,
son una prueba de que el hombre no puede escapar a la
influencia de lo que le rodea? ¿Es que frente a tales circunstancias
no tiene posibilidad de elección?
Podemos contestar a todas estas preguntas en base a la
experiencia y también con arreglo a los principios. Las
experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre
tiene capacidad de elección. Los ejemplos son abundantes,
algunos heroicos, los cuales prueban que puede vencerse la
apatía, eliminarse la irritabilidad. El hombre puede conservar un
vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso
en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física.
Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a
los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los
demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede
que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de
que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la
última de las libertades humanas --la elección de la actitud
personal ante un conjunto de circunstancias-- para decidir su
propio camino.

Las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre
tiene capacidad de elección. Los ejemplos son abundantes,
algunos heroicos, los cuales prueban que puede vencerse la
apatía, eliminarse la irritabilidad. El hombre puede conservar un
vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso
en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física.
"Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos" y estas
palabras retornaban una y otra vez a mi mente cuando conocí a
aquellos mártires cuya conducta en el campo, cuyo sufrimiento y
muerte, testimoniaban el hecho de que la libertad íntima nunca se
pierde. Puede decirse que fueron dignos de sus sufrimientos y la
forma en que los soportaron fue un logro interior genuino. Es esta
libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace
que la vida tenga sentido y propósito.


El nacimiento de la logoterapia.

He aquí el fundamento primero de lo que después se habría de conocer como la "logoterapia".
La sintesis human del sentido de la vida, considerçandola a çesta como un todo encaminado hacia algun propçosito fundante, organizador y equilibrador del entorno y el uno mismo.


La máxima preocupación de los prisioneros se resumía en una
pregunta: ¿Sobreviviremos al campo de concentración? De lo
contrario, todos estos sufrimientos carecerían de sentido. La
pregunta que a mí, personalmente, me angustiaba era esta otra:
¿Tiene algún sentido todo este sufrimiento, todas estas muertes?
Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene sobrevivir al
internamiento.
Una vida cuyo último y único sentido consistiera
en superarla o sucumbir, una vida, por tanto, cuyo sentido
dependiera, en última instancia, de la casualidad no merecería en
absoluto la pena de ser vivida...

...El modo en que un hombre acepta su destino y todo el
sufrimiento que éste conlleva, la forma en que carga con su cruz,
le da muchas oportunidades --incluso bajo las circunstancias más
difíciles-- para añadir a su vida un sentido más profundo. Puede
conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien, en la
dura lucha por la supervivencia, puede olvidar su dignidad
humana y ser poco más que un animal, tal como nos ha
recordado la psicología del prisionero en un campo de
concentración.

Lenz Guderian

13 de Noviembre de 2008, 17:10:18 pm #16 Ultima modificación: 13 de Noviembre de 2008, 17:12:58 pm por Lenz Guderian
¿Pero qué sucede cuando el propósito y sentido de vivir no culmina y se pierde?

El prisionero que perdía la fe en el futuro --en su futuro--
estaba condenado. Con la pérdida de la fe en el futuro perdía,
asimismo, su sostén espiritual; se abandonaba y decaía y se
convertía en el sujeto del aniquilamiento físico y mental. Por regla
general, éste se producía de pronto, en forma de crisis
, cuyos
síntomas eran familiares al recluso con experiencia en el campo.
Todos temíamos este momento no ya por nosotros, lo que no
hubiera tenido importancia, sino por nuestros amigos. Solía
comenzar cuando una mañana el prisionero se negaba a vestirse
y a lavarse o a salir fuera del barracón. Ni las súplicas, ni los
golpes, ni las amenazas surtían ningún efecto. Se limitaba a
quedarse allí, sin apenas moverse. Si la crisis desembocaba en
enfermedad, se oponía a que lo llevaran a la enfermería o hacer
cualquier cosa por ayudarse. Sencillamente se entregaba. Y allí se
quedaba tendido sobre sus propios excrementos sin importarle
nada.


Aquí otro ejemplo que culmina con la muerte

Una vez presencié una dramática demostración del estrecho
nexo entre la pérdida de la fe en el futuro y su consiguiente final.
F., el jefe de mi barracón, compositor y libretista bastante
famoso, me confió un día:
"Me gustaría contarle algo, doctor. He tenido un sueño
extraño. Una voz me decía que deseara lo que quisiera, que lo
único que tenía que hacer era decir lo que quería saber y todas
mis preguntas tendrían respuesta. ¿Quiere saber lo que le pregunté? Que me gustaría conocer cuándo terminaría para mí la guerra. Ya sabe lo que quiero decir, doctor, ¡para mí! Quería
saber cuándo seríamos liberados nosotros, nuestro campo, y
cuándo tocarían a su fin nuestros sufrimientos." "¿Y cuándo tuvo
usted ese sueño?", le pregunté.
"En febrero de 1945", contestó. Por entonces estábamos a
principios de marzo.
"¿Y qué le contestó la voz?"
Furtivamente me susurró:
"El treinta de marzo."
Cuando F. me habló de aquel sueño todavía estaba rebosante
de esperanza y convencido de que la voz de su sueño no se
equivocaba. Pero al acercarse el día señalado, las noticias sobre la
evolución de la guerra que llegaban a nuestro campo no hacían
suponer la probabilidad de que nos liberaran en la fecha
prometida
. El 29 de marzo y de repente F. cayó enfermo con una
fiebre muy alta. El día 30 de marzo, el día que la profecía le había
dicho que la guerra y el sufrimiento terminarían para él, cayó en
un estado de delirio y perdió la conciencia. El día 31 de marzo
falleció. Según todas las apariencias murió de tifus.


Lenz Guderian

13 de Noviembre de 2008, 17:37:22 pm #17 Ultima modificación: 13 de Noviembre de 2008, 17:41:07 pm por Lenz Guderian
En su apartado dedicado a la psicologçia de los guardias del campamento Frankl afirma que la bondad humana esta presente en todos los grupos humanos, incluso en aquellos merecedores de condena

... es preciso afirmar que aun entre los guardias
había algunos que sentían lástima de nosotros.
Mencionaré
únicamente al comandante del campo del que fui liberado.
Después de la liberación --y sólo el médico del campo, que
también era prisionero, tenía conocimiento de ello antes de esa
fecha-- me enteré de que dicho comandante había comprado en
la localidad más próxima medicinas destinadas a los prisioneros y
había pagado de su propio bolsillo cantidades nada despreciables.
Por lo que se refiere a este comandante de las SS, ocurrió un
incidente interesante relativo a la actitud que tomaron hacia él
algunos de los prisioneros judíos. Al acabar la guerra y ser
liberados por las tropas norteamericanas, tres jóvenes judíos
húngaros escondieron al comandante en los bosques bávaros.
A
continuación se presentaron ante el comandante de las fuerzas
americanas, quien estaba ansioso por capturar a aquel oficial de
las SS, para decirle que le revelarían donde se encontraba
únicamente bajo determinadas condiciones: el comandante
norteamericano tenía que prometer que no se haría ningún daño
a aquel hombre. Tras pensarlo un rato, el comandante prometió a
los jóvenes judíos que cuando capturara al prisionero se ocuparía
de que no le causaran la más mínima lesión y no sólo cumplió su
promesa, sino que, como prueba de ello, el antiguo comandante
del campo de concentración fue, de algún modo, repuesto en su
cargo, encargándose de supervisar la recogida de ropas entre las
aldeas bávaras más próximas y de distribuirlas entre nosotros.
El prisionero más antiguo del campo era, sin embargo, mucho
peor que todos los guardias de las SS juntos
. Golpeaba a los
demás prisioneros a la más mínima falta, mientras que el
comandante alemán, hasta donde yo sé, no levantó nunca la
mano contra ninguno de nosotros.

...tratándose de un capataz, el hecho de ser amable con los
prisioneros a pesar de todas las perniciosas influencias del campo
es un gran logro, mientras que la vileza del prisionero que
maltrata a sus propios compañeros merece condenación y
desprecio en grado sumo. Obviamente, los prisioneros veían en
estos hombres una falta de carácter que les desconcertaba
especialmente, mientras que se sentían profundamente
conmovidos por la más mínima muestra de bondad recibida de
alguno de los guardias. Recuerdo que un día un capataz me dio
en secreto un trozo de pan que debió haber guardado de su
propia ración del desayuno. Pero me dio algo más, un "algo"
humano que hizo que se me saltaran las lágrimas: la palabra y la
mirada con que aquel hombre acompañó el regalo.
De todo lo expuesto debemos sacar la consecuencia de que
hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la
"raza" de los hombres decentes y la raza de los indecentes.
Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas
sociales. Ningún grupo se compone de hombres decentes o de
hombres indecentes, así sin más ni más. En este sentido, ningún
grupo es de "pura raza" y, por ello, a veces se podía encontrar,
entre los guardias, a alguna persona decente.

La vida en un campo de concentración abría de par en par el
alma humana y sacaba a la luz sus abismos. ¿Puede sorprender
que en estas profundidades encontremos, una vez más,
únicamente cualidades humanas que, en su naturaleza más
íntima, eran una mezcla del bien y del mal?
La escisión que
separa el bien del mal, que atraviesa imaginariamente a todo ser
humano, alcanza a las profundidades más hondas y se hizo
manifiesta en el fondo del abismo que se abrió en los campos de
concentración.

Lenz Guderian

13 de Noviembre de 2008, 17:44:18 pm #18 Ultima modificación: 13 de Noviembre de 2008, 18:02:33 pm por Lenz Guderian
Tercera fase: Después de la liberación

Aún y cuando tras la liberación, los prisioneros sobrevivientes sintieran un alivii; éste no tomaba la forma de la auforia que muchos esperarían encontrar ¿Que pasaba entonces?

Con torpes pasos, los prisioneros nos arrastramos hasta las
puertas del campo. Tímidamente miramos a nuestro derredor y
nos mirábamos los unos a los otros interrogándonos.
Seguidamente, nos aventuramos a dar unos cuantos pasos fuera
del campo y esta vez nadie nos impartía órdenes a gritos, ni
teníamos que apresurarnos en evitación de un golpe o un
puntapié. ¡Oh, no! ¡Esta vez los guardias nos ofrecían cigarrillos!

(Este hecho resulta singular, en virtud de que durante todo su internamiento el prisionero Frankl no tuvo acceso a una pizca de café o nicotina, lo cual influía en el aumento de la iiritabilidad de los internos)
Al principio a duras penas podíamos reconocerlos, ya que se
habían dado mucha prisa en cambiarse de ropa y vestían de
civiles. Caminábamos despacio por la carretera que partía del
campo. Pronto sentimos dolor en las piernas y temimos caernos,
pero nos repusimos, queríamos ver los alrededores del campo con
los ojos de los hombres libres, por vez primera. "¡Somos libres!",
nos decíamos una y otra vez y aún así no podíamos creerlo.
Habíamos repetido tantas veces esta palabra durante los años
que soñamos con ella, que ya había perdido su significado. Su
realidad no penetraba en nuestra conciencia; no podíamos
aprehender el hecho de que la libertad nos perteneciera.


Por la tarde y cuando otra vez nos encontramos en nuestro
barracón, un hombre le dijo en secreto a otro: "¿Dime, estuviste
hoy contento?"
Y el otro le contestó un tanto avergonzado, pues no sabía que
los demás sentíamos de igual modo: "Para ser franco: no."
Literalmente hablando, habíamos perdido la capacidad de
alegrarnos y teníamos que volverla a aprender, lentamente.


Desde el punto de vista psicológico, lo que les sucedía a los
prisioneros liberados podría denominarse "despersonalización".
Todo parecía irreal, improbable, como un sueño. No podíamos
creer que fuera verdad. ¡Cuántas veces, en los pasados años, nos
habían engañado los sueños! Habíamos soñado con que llegaba el
día de la liberación, con que nos habían liberado ya, habíamos
vuelto a casa, saludado a los amigos, abrazado a la esposa, nos
habíamos sentado a la mesa y empezado a contar todo lo que
habíamos pasado, incluso que muy a menudo habíamos
contemplado, en nuestros sueños, el día de nuestra liberación. Y
entonces un silbato traspasaba nuestros oídos --la señal de
levantarnos-- y todos nuestros sueños se venían abajo. Y ahora el
sueño se había hecho realidad. ¿Pero podíamos creer de verdad
en él?
El cuerpo tiene menos inhibiciones que la mente, así que
desde el primer momento hizo buen uso de la libertad recién
adquirida y empezó a comer vorazmente, durante horas y días
enteros, incluso en mitad de la noche. Sorprende pensar las
ingentes cantidades que se pueden comer
. Y cuando a uno de los
prisioneros le invitaba algún granjero de la vecindad, comía y
comía y bebía café, lo cual le soltaba la lengua y entonces
hablaba y hablaba horas enteras. La presión que durante años
había oprimido su mente desaparecía al fin. Oyéndole hablar se
tenía la impresión de que tenía que hablar, de que su deseo de
hablar era irresistible.


El camino que partía de la aguda tensión espiritual de los
últimos días pasados en el campo (de la guerra de nervios a la
paz mental) no estaba exento de obstáculos. Sería un error
pensar que el prisionero liberado no tenía ya necesidad de ningún
cuidado.
Debemos considerar que un hombre que ha vivido bajo
una presión mental tan tremenda y durante tanto tiempo, corre
también peligro después de la liberación, sobre todo habiendo
cesado la tensión tan de repente.


Uno de los pelñigros que coore el prsionero es el de la "deformidad moral"

Ahora, al verse libres, pensaban que podían hacer uso de
su libertad licenciosamente y sin sujetarse a ninguna norma. Lo
único que había cambiado para ellos era que en vez de ser
oprimidos eran opresores. Se convirtieron en instigadores y no
objetores, de la fuerza y de la injusticia. Justificaban su conducta
en sus propias y terribles experiencias y ello solía ponerse de
manifiesto en situaciones aparentemente inofensivas. En una
ocasión paseaba yo con un amigo camino del campo de
concentración, cuando de pronto llegamos a un sembrado de
espigas verdes. Automáticamente yo las evité, pero él me agarró
del brazo y me arrastró hacia el sembrado. Yo balbucí algo
referente a no tronchar las tiernas espigas. Se enfadó mucho
conmigo, me lanzó una mirada airada y me gritó:
"¡No me digas! ¿No nos han quitado bastante ellos a nosotros?
Mi mujer y mi hijo han muerto en la cámara de gas --por no
mencionar las demás cosas-- y tú me vas a prohibir que tronche
unas pocas espigas de trigo?"
Sólo muy lentamente se podía devolver a aquellos hombres a
la verdad lisa y llana de que nadie tenía derecho a obrar mal, ni
aun cuando a él le hubieran hecho daño. Tendríamos que luchar
para hacerles volver a esa verdad, o las consecuencias serían aún
peores que la pérdida de unos cuantos cientos de granos de trigo.
Todavía puedo ver a aquel prisionero que, enrollándose las
mangas de la camisa, metió su mano derecha bajo mi nariz y
gritó: "¡Qué me corten la mano si no me la tiño con sangre el día
que vuelva a casa!" Quiero recalcar que quien decía estas
palabras no era un mal tipo: fue el mejor de los camaradas en el
campo y también después.


La desilusión de la llegada

La amargura tenía su origen en todas aquellas cosas contra las
que se rebelaba cuando volvía a su ciudad. Cuando, a su regreso,
aquel hombre veía que en muchos lugares se le recibía sólo con
un encogimiento de hombros y unas cuantas frases gastadas,
solía amargarse preguntándose por qué había tenido que pasar
por todo aquello. Cuando por doquier oía casi las mismas
palabras: "No sabíamos nada" y "nosotros también sufrimos", se
hacía siempre la misma pregunta. ¿Es que no tienen nada mejor
que decirme?



Lenz Guderian

13 de Noviembre de 2008, 18:06:38 pm #19 Ultima modificación: 13 de Noviembre de 2008, 18:09:44 pm por Lenz Guderian
Cuando hablábamos de los intentos de infundir en el prisionero
ánimo para superar su situación, decíamos que había que
mostrarle algo que le hiciera pensar en el porvenir. Había que
recordarle que la vida todavía le estaba esperando, que un ser
humano aguardaba a que él regresara. Pero, ¿y después de la
liberación? Algunos se encontraron con que nadie les esperaba.
Desgraciado de aquel que halló que la persona cuyo solo
recuerdo le había dado valor en el campo ¡ya no vivía!
¡Desdichado de aquel que, cuando finalmente llegó el día de sus
sueños, encontró todo distinto a como lo había añorado! Quizás
abordó un trolebús y viajó hasta la casa que durante años había
tenido en su mente, quizá llamó al timbre, al igual que lo había
soñado en miles de sueños, para encontrarse con que la persona
que tendría que abrirle la puerta no estaba allí, ni nunca volvería.
Allá en el campo, todos nos habíamos confesado unos a otros
que no podía haber en la tierra felicidad que nos compensara por
todo lo que habíamos sufrido. No esperábamos encontrar la
felicidad, no era esto lo que infundía valor y confería significado a
nuestro sufrimiento, a nuestros sacrificios, a nuestra agonía.
Ahora bien, tampoco estábamos preparados para la infelicidad.
Esta desilusión que aguardaba a un número no desdeñable de
prisioneros resultó ser una experiencia muy dura de sobrellevar y
también muy difícil de tratar desde el punto de vista del psiquiatra;
aunque tampoco tendría que desalentarle; muy al
contrario, debiera ser un acicate y un estímulo más.
Pero para todos y cada uno de los prisioneros liberados llegó el
día en que, volviendo la vista atrás a aquella experiencia del
campo, fueron incapaces de comprender cómo habían podido
soportarlo.
Y si llegó por fin el día de su liberación y todo les
pareció como un bello sueño, también llegó el día en que todas
las experiencias del campo no fueron para ellos nada más que
una pesadilla.
La experiencia final para el hombre que vuelve a su hogar es
la maravillosa sensación de que, después de todo lo que ha
sufrido, ya no hay nada a lo que tenga que temer
, excepto a su
Dios.


Fuente: El hombre en busca de Sentido Victor Frankl 1946, (1991)
ISBN 84-254-1101-7

Er Chicho

Muy recomendable, francamente. Lo leí hará cosa de dos años, y me asombró lo ligero que se hace;a pesar de lo profundo y duro. Además hace referencia a algunas curiosidades, que personalmente desconocía, como el frío que les protegía de las caries.

Gran trabajo Lenz

Wobst

Excelente post, Lenz. Le he estado leyendo con calma, y ahora es que pude dejar mi opinión. Es increíble la capacidad del ser humano para adaptarse, para crear mecanismos de defensa que, para los que no pasaron por esrasduras y agudas circunstancias, es difícil entender.

CitarEs esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.


Creo que esta es una de las lecciones más importantes que sacar de los años de la guerra y de todas las conflagraciones del hombre.

josmar

Un buen estudio sobre un tema complejo y al mismo tiempo, delicado. Enhorabuena Lenz. #@5

Lenz Guderian

En efecto he encontrado que este libro facilmente se confunde como un texto de superación personal, pues a resumidas cuentas llaga a algunas conclusiones en comun con este tipo de literatura, sin embargo en el trasfondo hay una diferencia abismal. Si alguien ha tenido autoridad moral para habalr del sentido de la vida del hombre contemporaneo ante la vida cotidiana uno de ellos es Victor Frankl

Sikorski

 #@32 Lenz.
No he podido evitar la tentación de hablar en este subforo a pesar de que ya hace muchos días que no aparecían aportaciones. Y es que me encanta que haya aparecido un tema relacionado con la Psicología, aplicada al tema de la SGM.

Yo, como humilde integrante de la profesión te lo agradezco, ya que es el tema que más me interesa.
En cuanto al artículo, interesantísimo. Aunque se le ve el "tufillo" de la escuela psicoanalítica en varias ocasiones. Y es que en el mundo profesional de la Psicología tenemos muy claro desde hace bastante tiempo que el psicoanálisis es una escuela superada desde hace mucho tiempo. Hoy en día son mucho más eficaces tanto a nivel terapeútico como para explicar las diferentes conductas de las personas otras corrientes. En mi caso me adscribo más a escuelas y corrientes como la del neo-conductismo o la del cognitivismo. De hecho, estas últimas son capaces de explicar aquello en lo que se quedó pendiente de explicar el psicoanálisis.
En el texto aparecen, de hecho, fenómenos como la "indefensión aprendida" que ha sido reproducida en laboratorio con animalitos. Y es que la conducta humana se parece mucho a la de lo animales, sobre todo aquellas conductas que tienen que ver con la cautividad.

Finalizo agradeciéndote el artículo y ya puestos a poner citas añado una de Nietzsche: "Aquello que no nos mata nos hace más fuertes", que es muy aplicable al protagonista de la lectura. #@5

Lenz Guderian

26 de Noviembre de 2009, 20:25:38 pm #25 Ultima modificación: 26 de Noviembre de 2009, 20:36:01 pm por Lenz Guderian
Cita de: Sikorski en 26 de Noviembre de 2009, 16:50:15 pm
Yo, como humilde integrante de la profesión te lo agradezco, ya que es el tema que más me interesa.
En cuanto al artículo, interesantísimo. Aunque se le ve el "tufillo" de la escuela psicoanalítica en varias ocasiones. Y es que en el mundo profesional de la Psicología tenemos muy claro desde hace bastante tiempo que el psicoanálisis es una escuela superada desde hace mucho tiempo. Hoy en día son mucho más eficaces tanto a nivel terapeútico como para explicar las diferentes conductas de las personas otras corrientes.


Que bueno que te haya interesado.

En cuanto a las pinceladas del psicoanalisis, pues bueno, no podria ser de otra forma. Victor Frankl tenia formación psicoanalítica.

En cuanto a tu postura sobre el psicoanálisis, opino que es eso, una postura. Yo no veo que el psicoanalisis haya sido superado de la forma en como lo mencionas, y menos se da en el marco del analisis experimental con sujetos de laboratorio. Hay mucho de la personalidad del ser humano que no se explica con "animalitos". Y lo vivido por Frankl es una muestra por demas evidente

Cita de: Sikorski en 26 de Noviembre de 2009, 16:50:15 pm
De hecho, estas últimas son capaces de explicar aquello en lo que se quedó pendiente de explicar el psicoanálisis.


¿Por ejemplo?

Sikorski

Cita de: Lenz Guderian en 26 de Noviembre de 2009, 20:25:38 pm
Cita de: Sikorski en 26 de Noviembre de 2009, 16:50:15 pm
Yo, como humilde integrante de la profesión te lo agradezco, ya que es el tema que más me interesa.
En cuanto al artículo, interesantísimo. Aunque se le ve el "tufillo" de la escuela psicoanalítica en varias ocasiones. Y es que en el mundo profesional de la Psicología tenemos muy claro desde hace bastante tiempo que el psicoanálisis es una escuela superada desde hace mucho tiempo. Hoy en día son mucho más eficaces tanto a nivel terapeútico como para explicar las diferentes conductas de las personas otras corrientes.


Que bueno que te haya interesado.

En cuanto a las pinceladas del psicoanalisis, pues bueno, no podria ser de otra forma. Victor Frankl tenia formación psicoanalítica.

En cuanto a tu postura sobre el psicoanálisis, opino que es eso, una postura. Yo no veo que el psicoanalisis haya sido superado de la forma en como lo mencionas, y menos se da en el marco del analisis experimental con sujetos de laboratorio. Hay mucho de la personalidad del ser humano que no se explica con "animalitos". Y lo vivido por Frankl es una muestra por demas evidente

Cita de: Sikorski en 26 de Noviembre de 2009, 16:50:15 pm
De hecho, estas últimas son capaces de explicar aquello en lo que se quedó pendiente de explicar el psicoanálisis.


¿Por ejemplo?

Por ejemplo está el tema de los instintos primarios.

Según Freud hay dos instintos básicos: el instinto de supervivencia y el instinto sexual. Después de la primera guerra mundial, y al ver sus horrores, añadió el instinto de destrucción. Mejor dicho subdividió en dos el instinto de supervivencia, a los que llamó Eros y Thanatos.

Es decir, y simplificando mucho hay tres "motores" de la conducta humana según el psicoanálisis: nos movemos para sobrevivir, perpetuarnos y destruir.

Conductas como la de los kamikazes no tienen explicación según el psicoanálisis ya que contravienen el instinto de supervivencia. Las corrientes dentro de la psicología que vinieron a partir de los años 50, sobre todo el Neo-conductismo de Skinner o la Terapia Racional Emotivo-Conductual de Albert Ellis si que explicaban fenómenos como éstos ya que le daban mucha más importancia a factores sociales, culturales y personales (el ambiente, vamos) y no tanto a factores genéticos o instintivos.

Es claro que el psicoanálisis (como el estructuralismo de Wundt) tuvo su importancia en su época ya que impulsó los inicios de la Psicología moderna, pero también es fruto de su época (victoriana) y eso tuvo su calado.

Se han dado casos (me viene a la cabeza uno de ellos) en el que un paciente que tenía una fobia a los perros estuvo yendo al psicoanálisis durante 20 años sin resultado alguno. Cuando se le aplicó, en cambio, la técnica cognitiva de la Desensibilización Sistemática superó su fobia en dos semanas.

Es decir, para cualquier dolencia mental relacionada con las teorías del aprendizaje es mucho más efectiva un tipo de psicoterapia relacionada con el aprendizaje. Todo lo que se aprende se puede desaprender (o mejor dicho, aprender de otra manera) sin necesidad a recurrir a simbología sexual o reprimida.

En cuanto a la experimentación con animalitos hay muchas conclusiones que se pueden sacar y son realmente sorprendentes. No olvides que parte de nuestro cerebro es herencia directa de los reptiles (el sistema límbico) que es el que regula la territorialidad y la agresión. Por eso las guerras se dirimen a golpes y disparos. Si nuestro centro regulador de la territorialidad, en lugar de estar inter-relacionado con la agresión estuviera relacionado con el cariño las guerras se librarían a besos

¿Te puedes imaginar a Hitler intentando invadir Inglaterra en plena operación León Marino besando a Churchil?  #@5

Lenz Guderian

04 de Marzo de 2010, 18:09:42 pm #27 Ultima modificación: 04 de Marzo de 2010, 18:58:18 pm por Lenz Guderian
Desde mis años de estudiante me ha sido francamente curiosa esa misteriosa necesidad de los conductistas por pelearse con el psicoanálisis. Y lo digo de esta forma porque el dialogo no es recìproco. Es una pelea de un solo lado. En toda la vasta literatura psicoanalìtica no se hace, mas que escasa referencia a Watson o a Skinner, y ni que decir de otros conductistas francamente olvidados como Hull, Tolman entre otros. En cambio los conductistas dedican buena parte de sus sangres a un enemigo que aparentemente los ignora.  En fin enigmas de la historia.

Por otro lado, si existe una formulación teórica que se base en los instintos primarios ésa es la idea del psicoanálisis. La historia de la libido humana y su desarrollo es una historia de los instintos y sus destinos, de la realidad interna en contraposición con la fantasía y la realidad. Por mas que Skinner trató en su conductismo "radical" de justificar que es innecesario indagar el mundo "debajo de la piel" no logró llenar el vacio explicatico cinetífico necesario que estuviese a la altura de la enorme y variada multiplicidad fenoménica de la subjetividad humana.

El énfasis que hace el psicoanálisis en el impulso sexual ha generado irritación en muchos, no solo en los ajenos como tu al psicoanálisis sino dentro del propio movimiento iniciado por Freud. Adler,  Jung y muchos mas se alejaron del maestro por esta causa.

Por otro lado, no entiendo el consabido cliché que tanto se evoca, de que Freud era "victoriano" cuando el tipo vivio toda su vida en Viena m alejado de la cultura británica inmediatamente posterior a la revolucion industrial. Sus pacientes tal vez si lo eran, pero si algo caracteriza al psicoanálisis es que no era una psicologia acorde a su época. Y recuerda que todo cliche tiene su contrapartida. Lo mismo podria decirse del conductismo, que es una psicología "que tuvo su función" en el contexto del auge del capitalismo exclusivamente estadounidense, donde lo que importa no es el mundo interior del sujeto, sino éste, en tanto objeto que se puede manipular predecir y controlar, en el contexto de una sociedad de consumo. El hombre cono metáfora de la máquina. Y no olvidemos que el propio Watson, iniciador del conductismo, paso la mayor parte de su vida productiva dedicado a la mercadotecnia (Tras ser expulsado de la universidad por sostener un amasiato carnal y epistolar con su secretaria, que llegó a ojos del rector en turno.) lo cual por cierto hizo muy bien y le redituó una fortuna considerable

En todo caso, ambas corrientes tienen su coto de caza, Yo soy decididamente ecléctico. Hace muchos Años asistí a tertulias interminables donde psicoanalistas y conductistas libraban batallas llenas de testosterona donde no se llegaba a nada. Como los "nacionalismos" son irreductibles al final todo se vuelve relativo.  Para muestra responderé los dos ejemplos que has mencionado.

Los Kamikases. En Psicología de las masas y analisis del Yo, Freud explica que en los movimientos masivos el yo individual es transferido al yo colectivo, o colectivizado, esto explica el porqué los sujetos individuales son autonomos e inteligentes, pero, en el contexto de la masa  o la multitud se subordinan. Y eso es lo que precisamente hacían los pilotos kamikases se subordinaban al ideal de la patria y el emperador, lo demas es automatico. Ahora, otos teoóricos como LeBon u otors darían respuestas similares desde afurea del psicoanalisis. El conductismo diría cosas como que es una conducta gragaria, aprendida  y reforzada por factores socioambientales codificadas mediante el lenguaje, etc etc

El beso de Hitler a Churchill.: Dunkerke como Metáfora. Podríamos decir algo así. Hitler en su megalomanía, nunca pudo tener una relación satisfactoria con su espejo. Cada vez que el dictador se miraba se veia mas pequeño, tragicamente, ésto sucedía cuando se agigantaba más y más. Mientras mayor poder tenía su falo, menos estima le permitía el mismo. Los hombres le temían, las mujeres desconfiaban de él. esto provocó en él una poderosa envidia que lo hacía tener celos de todos. Incapaz de coexistencia alguna, dichos celos solo se apaciguaban si lograba dominar  y reducir a sus competidores. Cuando ésto sucedía el líder se volcaba en su contrario tornándose magnánimo, incluso caritativo, siempre seductor Y acaso no es ésta una de las mas difundidas interpretaciones del final de la campaña de Francia. Que Hitler "intencionalmente" dejó escapar al cuerpo expediocionrio Ingles y los restos del Frances como un gesto al gobierno Inglés. algo que va mas alla de un simple beso  Por supuesto que algo así nunca podria saberse si pasásemos horas mirando a un gato con el cráneo trepanado y electrodos conectados a su encéfalo, atrapado en una caja de tortura llena de palancas, o a un raton que lleva tres dias sin comer dentro de un laberinto. Muchas cosas sí, pero eso no, tal cosa es un fenómeno exclusivamente humano, mas comun en los libros de Dostoyevski que en los manuales de laboratorio.

Que has visto terapias interminables sin dar resultados?, yo también. Es una de las criticas que se le hace al psicoanalisis. Y me permito ir mas allà. La famosa Dora, protagonista de uno de los casos mas emblematicos de Freud, no salio bien librada del tratamiento, y dedico buena parte de su vida a denostar la terapia. Yo tambien a veces me he preguntado como es que alguien dedica tantos años de su vida a dpender de su anlaista. Pero es una forma de vida asi se justifican algunos.

Pero Ojo, también podriamos encontrar fracasos en otras terapias. Yo he visto a muchos cognitivo-conductuales ofrecer las perlas de la virgen en tratamientos de adicciones, y ver a sus pacientes recaer reptidamnete aun y cuando se les prescriben poderosos medicamentos.

Sikorski

05 de Marzo de 2010, 10:49:15 am #28 Ultima modificación: 22 de Marzo de 2010, 17:24:01 pm por Lenz Guderian
Lenz, deberías darte cuenta de la ironía y humor de mis palabras. De todas maneras, en cuanto a la explicación que ofreces...¡uf!
Pienso que la realidad es mucho más sencilla y una cosa que no he acabado de captar nunca del psicoanálisis es la idea, casi compulsiva de dar la explicación más compleja y rebuscada a prácticamente todo.
En cuanto a que hay fracaso en todas las terapias: estoy de acuerdo contigo. Partiendo de ahí, cada uno se adscribe a aquellas corrientes que más éxito o garantías piensa uno que te pueden dar.