Discursos del Führer.

Iniciado por ULRICH, 18 de Febrero de 2006, 19:24:05 pm

Tema anterior - Siguiente tema

ULRICH

Munich, cerveceria Löwenbräukeller, 8-11-1942.
Ante los veteranos de 1923 el «Führer» promete el retorno a los gloriosos días del NSDAP. Al mismo tiempo no tiene otro remedio que reconocer -si bien de manera limitada- los reveses de las últimas semanas: El-Alamein, los desembarcos aliados en Argelia y Marruecos y los bombardeos de las ciudades alemanas.



Del arte de gobernar de nuestros enemigos y de sus consecuencias catastróficas en nuestra Alemania democrática, nació nuestro movimiento. De haber hecho ellos verdaderamente feliz a Alemania, no hubiéramos tenido nosotros la oportunidad, ni yo el motivo para dedicarme, día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año, precisamente a esa labor; porque eso si que lo saben ustedes, compañeros de la primera hora: yo no me dediqué a haraganear, no me dediqué a hablar en los clubs elegantes, ni a sentarme aquí y allá ante una chimenea para mantener un amable diálogo. Me entregué a peregrinar por todas partes, de arriba abajo por las tierras alemanas, de norte a sur, de este a oeste, con la única intención de liberar a mi pueblo de la miseria en que le habían sumido los gerentes del capitalismo internacional. Queríamos terminar con la conjura de judíos, capitalístas y  bolcheviques y, finalmente y para siempre, hemos terminado con ella. Pero apenas habían sido derrotados en Alemania cuando ya desde otras partes del mundo, como en 1914, empezaron a atacarnos.
Entonces era la Alemania del Káiser, ahora es la nacionalsocialista; entonces era el Káiser, ahora soy yo.
Sin embargo, existe una diferencia: teóricamente aquella Alemania era imperial pero en la práctica se encontraba deshecha. Al Káiser le faltaba la energía para oponerse a los enemigos; en mi, sin embargo, han encontrado un adversario que no conoce la palabra capitulación. Ya en mis años de infancia tenía la costumbre -quizás un gran defecto para mi edad, pero acaso a fin de cuentas una virtud- de reservarme la última palabra. Y todos nuestros enemigos pueden estar seguros: la Alemania del pasado abandonó las armas un cuarto de hora antes de tiempo; por mi parte, y por principio, no las abandono hasta cinco minutos después de la hora.
Y cuando hoy dicen que en alguna parte del desierto están recobrando algo de terreno -no es la primera vez que recobran algo para tener luego que devolverlo con creces- forzoso es asegurarles que lo importante en una guerra es el golpe definitivo. Y de que ese golpe lo asestaremos nosotros pueden estar ustedes convencidos.

Es comprensible que en una lid tan amplia como la que se presenta ante nosotros no nos podamos apuntar un éxito cada semana. Resulta prácticamente imposible y, por lo demás, no es decisivo.
Lo decisivo es tener las posiciones que deben terminar con el enemigo, poseerlas, mantenerlas y ocuparlas de tal manera que no puedan perderse nunca. Y esto pueden ustedes creerlo: lo que cae en nuestras manos lo mantenemos de tal modo que allí donde durante esta guerra ponemos el pie nadie es capaz de volver a poner el suyo.
Cuando hoy Roosevelt lleva a cabo su ataque contra Africa, asegurando que debe adelantarse a Alemania e Italia para proteger esas tierras, no merece la pena perder una sola palabra para contestar al viejo gángster. Sin la menor duda es el más hipócrita de todos esos clubs que tenemos enfrente. Pero Roosevelt puede estar seguro de que no sera el quién diga la última palabra, la palabra decisiva.
Nosotros seguiremos preparando detalladamente como siempre nuestros golpes y, como siempre, llegarán a su debido tiempo; y ninguna respuesta de la otra parte, como hasta ahora, se verá coronada por el éxito. Hubo una vez gritos de victoria porque unos cuantos ingleses habían conseguido desembarcar en Boulogne y ocultarse. Seis meses, después ya nadie canta victoria por ello. Las cosas han salido de manera diferente a como esperaban, y seguirán saliendo así. Pueden ustedes estar seguros de que el mando y la «Wehrmacht» harán cuanto hay que hacer y cuanto se puede hacer. Lo que distingue a esta época de la pasada es que detrás del Káiser no estaba ninguna parte del pueblo, y detrás de mí se encuentra la más gigantesca organización que haya conocido nunca el mundo. Y esta organización representa al pueblo alemán. Y lo que igualmente distingue los tiempos actuales de los pasados es que a la cabeza de este pueblo no se encuentra nadie que piense huir al extranjero si llegaran momentos críticos, sino que se encuentra alguien que sólo ha conocido el combate y cuyo principio es golpear, golpear y golpear.

El enemigo se equivoca si piensa que nos puede ablandar con algo. No podrá apartarme de mi meta. Se acerca la hora de devolver los golpes y los devolveré con intereses, y con los intereses de los intereses.
Quizá se acuerden ustedes de los tiempos en que debíamos atenernos a la legalidad. Cuántas veces han venido a mí compañeros del partido para decirme: "Führer";entonces me llamaban "jefe" o "Adolf Hitler"; ¿por qué no podemos devolver los golpes y tenemos ,que aguantar lo que hacen con nosotros?
Durante años tuve que obligarles a mantenerse en la legalidad. Con el corazón entristecido tuve que prescindir y expulsar del movimiento a compañeros que no se creían con fuerzas para respetar la orden. Año tras año, hasta que llegó el momento en que pude llamarles de nuevo.
Lo mismo sucede hoy. A veces tengo que contentarme durante meses con contemplar lo que sucede. No crean ustedes que no se me rompe el corazón en mil pedazos mando me entero de los ataques aéreos. Tomo nota de todo. Los del otro lado van a vivir lo suficiente como para darse cuenta de que no ha muerto el espíritu alemán de invención y van a recibir una respuesta que les hará perder los sentidos.

ADOLF HITLER.






ULRICH

Con ocasión de la fiesta conmemorativa de la fundación del partido nazi, Hitler envió desde su cuartel general a los actos de Munich a Hermann Esser, «uno de mis primeros compañeros de lucha», para que leyese una proclama en su nombre. Tres semanas despues de la catastrofe de Stalingrado, Hitler evitaba aún toda aparición en público.

Las Fuerzas Armadas alemanas, que se han batido con tanta bravura este invierno, como ya vienen haciendo desde que comenzó la guerra, se encuentran en estos momentos en medio de un círculo terrible, formado por los bancos de Nueva York y Londres, junto con los judíos bolcheviques de Moscú, confabulados como tremendo peligro mundial.

Yo mismo me encuentro ahora en el Este, y por esta razón no puedo estar hoy entre vosotros. Sin embargo, mis pensamientos se hallan también este año, todavía más que antes, con vosotros. Porque qué destino no habría sacudido a nuestro pueblo y, a través de él, a toda Europa si el 24 de febrero de 1920 y en esa misma sala en que ahora os encontrais, no se hubiesen proclamado las tesis de la revolución nacionalsocialista que se han apoderado del pueblo alemán y le han dado tal fuerza que hoy es capaz no sólo de detener el peligro del judaísmo mundial sino también de acabar con él. El himno de combate de nuestro inolvidable, viejo y fiel camarada Dietrich Eckart resuena en estos meses nuevamente como un grito de alerta, para que los hombres abran los ojos y contemplen el destino que nos espera, a nosotros ahora y a nuestros hijos en el futuro -a nosotros y a todos los pueblos europeos- si no conseguimos que fracasen los planes del judaísmo internacional. A vosotros os resultarán sin duda bien conocidas las circunstancias por las cuales el enemigo ha logrado en el Este, de un modo similar a como en el pasado invierno lo hicieron las circunstancias climáticas, alzarse también en éste con una parte del triunfo que nuestros soldados habían conquistado con bravura heróica durante el verano. Vosotros sabéis también que el camino de nuestro partido no era un sendero fácil ni comodo hacia el exito, sino que estaba lleno de dificultades y de reveses, preparados por los mismos enemigos que, ahora, ante la vista del mundo, estamos combatiendo.

Cuando en el año 1920, en esta sala, proclamé el programa del partido y la resolución de combatir a los enemigos de nuestro pueblo con todo el fanatismo posible, yo no era más que un desconocido solitario. Pero Alemania se encontraba en un momento de máxima postración. El número de quienes tenian fe en una posible restauración tendía a desaparecer; y todavía era menor el de quienes tenían fe en nuestra generación. Los escasos hombres que se me unieron entonces tenían ante sí una enorme masa de enemigos. Por cada 100 nacionalsocialistas había varios millones de enemigos, en parte cegados, en parte llenos de odio; el número de los hombres de poca fe que esperaban el triunfo para incorporarse llenos de coraje a los ganadores, era incalculable.
Qué diferencia respecto de la lucha de hoy. Cuanto más se amplia la coalición de nuestros enemigos, tanto menor es su fuerza si se la compara con la de la alianza de los pueblos que combaten por el aniquilamiento de los bolcheviques y de los plutócratas. La lucha del movimiento nacionalsocialista ya se ha visto frecuentemente en la tesitura de que tan sólo los más fanáticos creían en el éxito, mientras que el enemigo se aferraba a las rocas creyendo haber matado nuestras ideas y nuestro partido. Pero el movimiento se ha levantado siempre con una energia renovada, surgiendo cada vez más poderoso de los reveses, de las crisis. El partido se ha llenado de una resolución cada vez más in quebrantable de no capitular en ninguna circunstancia, de no cesar en su lucha bajo ninguna condición sin antes haber batido a nuestros enemigos y haber rota sus confabulaciones.
Camaradas: este fanatismo lo habéis aprendido de mi. Recibid mi garantía de que este
fanatismo no me ha abandonado; de que este fanatismo no me abandonará mientras viva. Habéis recibido de mi la fe y podéis estar seguros de que esta fe es en mi cada vez más fuerte. Quebrantaremos y aniquilaremos la fuerza de la confabulación judía internacional, y la humanidad, que lucha en esta batalla por su libertad, su vida y el pan diario, conseguirá la victoria final.
Así como en los primeros tiempos de lucha, de la lucha por el poder, cada golpe de nuestros enemigos y cada éxito aparente suyo sólo contribuían a reafirmarme en mi determinación encarnizada, también ahora se ve confirmada mi decisión de no dar un sólo paso fuera del camino trazado y que nos llevará tarde o temprano a nuestros objetivos. También hoy me siento animado por la misma voluntad que, movida por el destino, me lleva a cumplir mi tarea hasta las últimas consecuencias.

Tengo derecho a creer que la Providencia me ha destinado a cumplir esta misión, porque si no hubiese sido por su gracia no me habría abierto el camino, como hombre desconocido que era, hasta esa sala, salvandome de todos los peligros y atentados y llevandome así hasta el poder y luego a esta lucha coronada de victorias, tantas como jamás había visto el mundo. Con todo, reconozco que siento muchas preocupaciones por aquellos que poseen un caracter débil, quizás innumerables. Pero la Providencia me ha dado también la felicidad de contar en ésta hora con una comunidad de incondicionales que, con una fidelidad ilimitada, sólo ven un destino común y permanecen y permanecerán inalterablemente a mi lado, al lado del «Führer», en plena lucha.

Afortunadamente para el pueblo alemán, en primer lugar, tanto los judíos de Londres y Nueva York como los judíos de Moscú han señalado con toda claridad cuál era el destino pensado para nosotros. Pero nosotros nos propusimos darles una respuesta no menos clara. Esta lucha no terminará, como quieren ellos, con el aniquilamiento de la humanidad aria, sino con la erradicacion del judaísmo del suelo europeo.


ADOLF HITLER.






ULRICH

Arsenal berlinés, 21-3-1943.
En la primavera de 1943 los ejércitos alemanes en el Este parecen recuperarse. En el «Día del Héroe» Hitler promete la «victoria definitiva».


Gracias al sacrificio y la heroicidad de nuestros soldados en el frente del ESte, nos ha sido posible dominar de modo definitivo la crisis en la que nuestro Ejército, inmerecidamente, se encontraba, debido a la superioridad numérica del enemigo; hemos estabilizado el frente y hemos tomado las medidas oportunas para alcanzar en los próximos meses el éxito que debe llevarnos a la victoria final. Si hubiera sido necesario explicar a nuestro pueblo la extrema gravedad de esta gigantesca lucha a vida o muerte, por tierra, mar y aire, el pasado invierno, no habría dejado la menor duda al respecto. Una vez más las estepas del Este han puesto en movimiento a sus millones de hombres contra Europa. Azuzados por el mismo poder que desde siempre ha organizado las guerras, que se aprovecha de ellas, y que hoy,para alcanzar sus fines, aúna los intereses capitalistas a los instintos bolcheviques.

Hasta que punto durante este invierno el continente de más antigua cultura ha estado expuesto al desastre, es algo que nos dirán futuros investigadores. Si ha podido salvarse el peligro, si ha podido ser alejado de Europa, es por los merecimientos inolvidables de los soldados que honramos hoy.
Pero sólo la consideración de la gran cantidad de preparativos hecha por los bolcheviques para la destrucción del mundo, me permiten reconocer a donde hubiera ido a parar Alemania y el resto del continente de no haber alcanzado el poder hace 10 años el nacionalsocialismo, y de no haber puesto toda su decisión, sin ahorrar esfuerzo, en el rearme y reorganización del Ejército alemán. Porque la Alemania de Weimar, despedazada por los partidos marxistas y democráticos, no hubiera sido otra cosa, ante el asalto llegado del interior del Asia, más que una brizna de paja en medio del huracán.

Cada vez podemos ver con mayor claridad que el conflicto en que se encuentra envuelta Europa desde la primera Guerra Mundial va tomando paulatinamente un caracter sólo comparable con los acontecimientos históricos de la antigüedad.
El judaísmo nos ha comprometido en una guerra despiadada, y si no conseguimos mantener alejado de las fronteras al elemento destructor, este continente se verá convertido en un campo de ruinas y escombros. Y no serían las ciudades incendiadas, con sus monumentos culturales destruidos, las que saldrían peor libradas de la contienda; peor acontecería a las muchedumbres fugitivas que terminarían cayendo en su poder y serían víctimas de esas bestiales hordas asiáticas como en los tiempos de los hunos y de los mogoles. Lo que el soldado alemán y sus aliados protegen hoy en el Este no es el rostro pétreo, o la fisonomía social o intelectual de este continente, sino la eterna sustancia humana de la que, a lo largo de los tiempos, han brotado todos los valores, y que no sólo en Europa y América, sino por todas partes, mucho más allá, ha impuesto su caracter actual a la cultura.

En todas las épocas sólo ha tenído derecho a honrar a los heroes aquel que no tenía motivos para avergonzarse ante ellos. El pasado invierno, lejos de conducir al pueblo alemán al derrotismo, le ha llevado a una gigantesca movilización de todas las fuerzas. Todavía hoy en servicio. Continúa aumentando la producción de material de guerra. Al frente llegan millones de soldados, jovenes voluntarios y heridos dados de alta. Viejos y muchachos reciben instrucción apropiada para la defensa civil. Cientos de miles de muchachas y mujeres colaboran en ella. Asi se va comvirtiendo cada vez más el Ejército alemán en una nación de combatientes.

El nacionalsocialismo, que ya una vez en dura lucha -sin haber jamás considerado la posibilidad del menor compromiso- supo deshacerse de sus enemigos del interior, como fuerza rectora del Reich que es, sabe hoy y sabrá en el futuro acabar con sus enemigos del exterior.
El Reich se ve respaldado en esta tarea por aquellos pueblos de Europa y Asia oriental que estan decididos a defender su existencia y su cultura. Contamos con soldados, sobre todo, de aquellas naciones que no ignoran que su futuro sólo se podra desarrollar dentro de un orden que excluya el diabólico instrumento de destrucción que es el comunismo.
Cuanto más resueltamente se lleve a cabo esta lucha, con menos consideraciones y compromisos, tanto más duradera será la paz.

Sobre la humanidad futura no decidiran aquellos que no supieron apreciar la paz pasada y que con su oscuro espíritu instigaron para que estallara la guerra, llevando a sus pueblos a la ruina, sino esos otros hombres de Estado que ya antes de la contienda, aún disponiendo de un moderado espacio vital, consiguieron para su país innegables mejoras sociales y culturales. El futuro cultural de los
pueblos no será judeo-bolcbevique, ni judeo-capitalista, sino que servirá los intereses nacionales poniendo sobre todas las cosas la hermandad popular.

Que el Todopoderoso, que nos ha guiado a través de todas las pruebas y cuya bendición no nos ha faltado, quiera concedernos su ayuda en el futuro para que podamos llevar a cabo las tareas que hasta la victoria debemos a nuestro pueblo. Queremos rendir homenaje a nuestros camaradas muertos, a sus familiares, a los hombres, mujeres y niños asesinados dentro de nuestras fronteras y a los caídos de nuestros aliados.


ADOLF HITLER.















Moisin-Nagant

Aqui hay un video en el 6to congreso del partido Nazi traducido al ingles con subtitulos.
[youtube=425,350]ii_PCAM_kHo[/youtube]

ULRICH

Es unos de los discursos más conocidos del Führer , una obra maestra de captación de masas.

ULRICH

Cuartel general del Führer, «Wolfsschanze», en las cercanias de Rastenburg, 10-9-1943.
Seis semanas despues de la destitución de Mussolini capituló el Gobierno Badoglio. Con este motivo Goebbels visitó el cuartel general del Führer y rogó a Hitler que se dirigiera al pueblo alemán. Hitler se negó al principio, pero aceptó más tarde grabar una pequeña alocución en cinta magnetofónica. Tal alocución fue retransmitida por todas las emisoras del Reich el 10 de septiembre a las 20 horas:



iCompatriotas! Libre de la pesada carga que desde hace tiempo venían soportando nuestras esperanzas, creo llegado el momento de volver a dirigirme al pueblo alemán sin tener que recurrir a la mentira. El derrumbamiento de Italia hace tiempo que estaba previsto, no como consecuencia de las faltas cometidas con respecto a los planes de defensa o debido a que la ayuda alemana hubiera resultado insuficiente, sino como resultado del fracaso o más aún de la indiferencia de aquellos elementos que venían considerando la capitulación como el punto culminante de sus continuos sabotajes.

Italia y Alemania han combatido codo a codo desde el 10 de junio de 1940; en muchos campos de batalla derramaron juntas su sangre; en ningún momento hemos dudado el «Duce» y yo de que el resultado de esta contienda habrá de decidir sobre el ser o el no ser de nuestros dos pueblos. Por todo esto, Alemania, aun encontrándose ella misma en situaciones difíciles, no ha dejado de ayudar en la medida de sus posibilidades a su aliada.

El Reich alemán y yo en calidad de su «Führer» unicamente podíamos mantener esta actitud partiendo del hecho de que a la cabeza del pueblo Italiano se encontraba uno de los hombres - más importantes de los tiempos modernos: la más preclara figura italiana desde el derrumbamiento del mundo antiguo.
Su fidelidad incondicional ofrecía a la alianza la premisa indispensable para su éxito. Las futuras generaciones italianas tendrán por una gran ignominia el derrocamiento y las ofensas infligidas al «Duce». Es comprensible mi gran dolor personal por la injusticia cometida con este hombre, el deshonroso trato a que se le ha sometido despues de haberse dedicado durante más de veinte años al bienestar de su pueblo, para terminar ahora siendo víctima de un complot criminal. Yo me siento, y me he sentido siempre feliz de poder considerar a este hombre como un amigo. No he aprendido, ni se cambiar mis sentimientos de acuerdo con las necesidades del momento. Estoy seguro de que en la vida de los pueblos, como en la de las personas, con independencia de cualquier peculiaridad, la fidelidad es insustituible, so pena de que la sociedad humana se tambalee y sus organizaciones, tarde o temprano, acaben por desaparecer.
Pese a ese comportamiento ignominioso con el Duce, los soldados alemanes en Sicilia, los pilotos de aviación y los hombres de los submarinos, en una palabra, todas las tropas sin distinción de Tierra, Mar y Aire han continuado cumpliendo con su deber.

Resulta incomprensible que el Gobierno italiano, sean cuales sean sus razones, haya decidido romper de esta manera la alianza y retirarse de los frentes de guerra convirtiendo verdaderamente ahora a Italia en campo de batalla. Quizá lo haya considerado una necesidad ineludible, pero nunca podrá disculparse el hecho de no habérselo comunicado a su aliado. Y todavía más: el mismo dia en que el mariscal Badoglio firmaba el alto el fuego, llamo al representante alemán en Roma para asegurarle que él, Badoglio, no traicionaría nunca a Alemania, que debíamos confiar en él, que el se encargaría de demostrar con los hechos que era merecedor de esta confianza y que Italia no capitularía nunca.
Es posible que este comportamiento sea considerado como un buen ejemplo de táctica política
por los demócratas instigadores de la guerra, asi como por los actuales responsables italianos. Pero la historia juzgará de manera muy diferente, y generaciones enteras de italianos se avergonzaran de esta táctica empleada con un amigo y aliado que ha sabido cumplir con su sangre y predisposición al sacrificio más alla de lo que exigían las letras de los tratados.

iCompatriotas! Después de observar durante dos años la crecida influencia de estos círculos reaccionarios y antialemanes, no podía caberme duda tras la caída del «Duce», del verdadero propósito de tal cambio de Gobierno.
Desde el punto de vista militar la retirada de Italia carece de importancia. El peso de la lucha en ese país lo soportaban desde hace meses las tropas alemanas. Seguiremos combatiendo y, ahora, libres de todas las cargas y consideraciones. Es infantil el intento de la plutocracia internacional de romper la resistencia alemana como ha hecho con la italiana. Se equivoca de pueblo. La esperanza de descubrir traidores entre nuestro pueblo, como ha encontrado en el italiano, se basa en el desconocimiento del Estado nacionalsocialista.

Sin embargo, el destino de Italia debe constituir una lección para todos: cada cual debe permanecer fiel al honor nacional y cumplir con su deber aun en la hora de más dura tribulación o más amarga necesidad. El pueblo que salga triunfante de esta prueba recibirá del Todopoderoso el laurel de la victoria, alcanzando el premio de su vida.

Ese pueblo será Alemania, pese a todo y a todos.



ADOLF HITLER












ravenraider

si bien este discurso es de 1.933, deja entrever el preludio de la II Guerra Mundial

5 - 4 - 1933


Ante la agricultura alemana

¡Señor presidente!, ¡señores!:

Si podemos celebrar hoy otra sesión bajo la bandera negro-blanco-roja y bajo el símbolo del renacimiento nacional en Alemania es quiza porque el campesino aleman ha tomado grandisima parte en este nuevo curso historico de nuestro destino. Se habla tanto de los motivos que determinan individualmente las acciones de los gobiernos y se olvida que todas las medidas adoptadas en ciertos tiempos tienen una misma raiz. Las acciones de años que están detrás de nosotros han partido también de una raiz y, exactamente ocurrira con las de aquel tiempo que yace ante nosotros, que también de una raiz tendran que partir.

Al hablar aquí en nombre del gobierno nacional, quiero hablar de la tendencia de que este necesita. Nos llamamos hoy un gobierno del levantamiento alemán, de la revolución nacional. Queremos decir con ello que este gobierno se siente y considera conscientemente como una representación de los intereses del pueblo alemán. Debe ser asimismo una representación de los campesinos alemanes, pues no puedo defender los intereses de un pueblo si al fin no reconozco la fuerza mas importante en una clase social que significa efectivamente el porvenir de la nacion.

Si paso la vista por sobre todos los fenomenos aislados de la economia, por sobre todas las transformaciones politicas, al fin queda siempre la cuestión esencial de la conservación de la nacionalidad en si. Esta cuestión solo podra ser resuelta favorablemente cuando haya quedado resuelto el problema de la conservación de los campesinos. Que un pueblo podía existir sin ciudadanos, nos lo enseña la historia, que no es capaz de vivir sin campesinos, lo hubiera demostrado en un tiempo la historia si hubiese persistido el antiguo sistema. Todas las oscilaciones son al fin tolerables, todos los reveses de la suerte pueden ser conllevados siempre que exista una clase campesina fuerte. En tanto que un pueblo pueda contar con una clase campesina fuerte, sacara de ella, una vez y todas, nuevos brios y nuevas fuerzas. Creedmelo, señores, la revolución que yace tras nosotros no hubiera sido posible si parte del pueblo del campo no hubiese militado en nuestras filas. Hubiera sido imposible conquistar solo en las ciudades todas aquellas posiciones de salida que también en nuestras acciones nos han dado el peso de la legalidad. Al campesino alemán debe, pues, el pueblo aleman la renovacion, el levantamiento y con ello la revolución que ha de conducir al saneamiento general de las condiciones alemanas.

Todo gobierno que nos pare miente en la importancia de este fundamento portante. No podra ser mas que un gobierno del momento. Podra dominar y gobernar por espacio de algunos años, pero nunca llegara a obtener exitos duraderos ni mucho menos eternos, puesto que estos exigen que se comprenda una vez y otra la necesidad de la conservación del propio espacio de vida y, por consiguiente, de la propia clase campesina. Este reconocimiento fundamental exige la necesidad de obrar en numerosos sectores y la esencia de innumerables resoluciones individuales; servira de idea fundamental y se sobrepondra constantemente a todas nuestras acciones y a nuestras resoluciones.

Pensando de manera tan fundamental no se perdera jamas el suelo bajo los pies, daran siempre y primeramente con lo justo, aun cuando los hombres, que todos lo somos, no hayan elegido y hallado temporalmente, una vez que otra, lo justo y verdadero. Creo por tal razon que este gobierno, viendo su misión en la conservación de la nacionalidad alemana, la cual, a su vez, esta atendida principalmente a la conservación del campesino aleman, no tomara nunca resoluciones falsas. Puede que aquí y alla yerre en sus medios, pero no lo hara nunca en lo esencial y fundamental.

Es cuestión de valor no ver solamente las cosas tal cual ellas son. Habra que romper con muchas tradiciones antiguas, habra en algunos casos que verse precisado a oponerse a la opinión pública. Podra hacerse esto tanto mejor y tanto mas pronto, mientras mas cerrado este un bloque de la nación detras del gobierno. Una cosa es imposible: que un regimiento sea capaz al fin de pelear hacia todas direcciones. Si es que un gobierno lucha por la conservación de la nacionalidad alemana y consiguientemente por la del campesino aleman, es precisamente esta nacionalidad la que ha de secundar las acciones y los hechos del gobierno. Esto le da entonces aquella estabilidad interior que necesita para adoptar resoluciones que por el momento son dificiles de defender, pero que forzosamente hay que adoptar y cuyo exito no podran ver en el acto nuestros hermanos obcecados en un principio, pero de quienes se sabe que acabaran por contribuir a la salvación de toda la nacion.

Si los campesinos alemanes han encontrado hoy una gran fusion, el hecho de poner grandes masas del pueblo detras del gobierno faciliara grandemente la actuación de este en lo futuro. Creo que en este gobierno no hay nadie que no este animado del sincero deseo de llegar a esta estrecha colaboracion. En la solución de este problema vemos al mismo tiempo la salvación del Pueblo Alemán en lo futuro, no solo para 1933 o 1934, sino para los tiempos mas remotos.

Estamos dispuestos a adoptar aquellas medidas, y a ponerlas en practica en los proximos años, de las cuales sabemos que las generaciones venideras las reconoceran como justas y las fijaran definitivamente.

Ya era tiempo de encontrar la fuerza para adoptar resoluciones a las cuales debemos, en el mas profundo y ultimo sentido, la salvación de la Nación Alemana.

Estamos dispuestos a echar sobre nuestros hombros tan difícil lucha. Por la ley de autorización se ha conseguido que la acción de salvación del Pueblo Alemán se libere y desprenda por primera vez de las intenciones y consideraciones de partido de la que ha sido hasta ahora la representación del pueblo. Podremos hacer ahora con ella lo que creamos necesario para el porvenir de la nación pensandolo despacio y con sangre fria. Se han creado las presuposiciones puramente legales para su consecucion. Eso si que es necesario que el pueblo tome parte activa en nuestra labor. Que no crea que la nación no tiene ya necesidad de tomar parte en la formación de nuestro destino por la sencilla razon de que el parlamento no es ya capaz de intervenir, inhibiendolas, en las resoluciones. Todo lo contrario, lo que queremos es que el Pueblo Alemán vuelva en si precisamente ahora y se ponga detras del gobierno cooperando vivamente. Se ha de llegar al punto de que cuando volvamos a apelar nuevamente a la nacion, pasados unos cuatro años, no nos dirijamos a hombres que han dormido, sino que encontremos a un pueblo que en estos años ha despertado finalmente de su hipnosis parlamentaria y posea los reconocimientos necesarios para comprender las eternas presuposiciones de la vida.

Se que la labor que nos espera contiene problemas de enorme gravedad. No sólo porque al cabo de quince años de no apreciar las presuposiciones mas naturales de la vida debemos empezar con los principios mas sencillos de la razon, sino porque durante este tiempo ha tenido lugar un inaudito enlazamiento de intereses y no se puede dar un solo paso sin tropezar con corrupciones que hay que exterminar a toda costa, ya sean de caracter espiritual o material. Sea como se quiera, este problema tiene que ser resuelto, y se resolvera. Si el Pueblo Alemán conoce detras de si milenios de un destino lleno de vicisitudes, no ha de ser la voluntad de la providencia el que antes de nosotros se haya luchado y sacrificado para que las futuras generaciones echen a perder su vida ellas mismas y no puedan entrar en los milenios del porvenir. Las grandes luchas del pasado hubieran sido inutiles si dejasemos de luchar por el futuro.

Los sacrificios que nosotros mismos hemos hecho por la conservación del Reich, han sido pesados. La generación que peleo en esta guerra mundial ha sufrido lo indecible. No es justo poner solo esto en la cuenta, pues debemos pensar en lo que han hecho, sufrido y batallado las generaciones que nos precedieron. Debemos contar la suma total de los sacrificios hechos antes de nosotros, no para que una generación capitule ante el destino y se extingan las de los tiempos futuros, sino en la esperanza de que cada generación cumpla, por su parte, con su deber en esta eterna sucesión de generaciones.

Ante nosotros se levanta hoy este deber exhortandonos a su cumplimiento. Por espacio de quince años se han cometido los mas graves pecados, sin excepción alguna, unos conscientemente activos, otros pasivamente por toleracion. A nosotros nos toca proceder juntos y de acuerdo para borrar las huellas de este tiempo.

El problema podrá ser muy grande, pero si ha de ser resuelto, habrá que resolverlo. Rige también aquí la eterna máxima: donde reina una voluntad inquebrantabie, podrá quebrantarse igualmente una época de penuria

ULRICH

Gracias por tu aporte Erwin, la verdad es que llevamos unos cuantos.

Zhukov

Excelentes los discursos,en especial para tratar de entender tanta locura.

TITUS20050

Despues de leerlos detenidamente yo me preguntocomo el pueblo Aleman culto y educado pudo soportar estos discursos durante mas de 10 años

Kurt Meyer

TITUS, lo poder de la propaganda hace milagres. Mira lo mundo de hoy, mira los paises de primero mundo, que viven en un mundo de fantasia, gracias a la propaganda, quer sea para hacer una guerra o para comprar un automovil. En verdád, esto pasa en todo el mundo. És asi.

saludos

TITUS20050

Si sin ninguna duda amigo pero la realidad es el mejor de los remedios a la mentira politica de propaganda y como dice un refran gaucho no se puede escupir mucho al cielo por que al final terminas salivado :laugh:

Zhukov

Han pasado mas de 60 años y solo tienen que decirnos armas de destruccion masiva y nos creemos cualquier cosa. >:( >:(

Panzertruppen

Cita de: ULRICH en 04 de Febrero de 2007, 21:32:50 pm
Por cierto estoy preperando otro discurso y he notado que Hitler utilizaba mucho la palabra Plutócrata.. Ha salido en los anteriores y saldrá en el siguiente. La he buscado en el diccionario porque no la conocía.

Plutócrata:Miembro de la clase económicamente dominante.

UN SALUDO.

"Gobierno del Estado en que el poder está en manos de los ricos". Esta me párese es una interpretación mas exacta. Les dejo otra.
"La plutocracia, después de haber destruido el poder real por la fuerza bruta con disfraz de democracia, ha comprobado y reducido a la nada esta democracia. El dinero es el que habla, el que imprime, el que radia, el que reina, y los reyes, lo mismo que los jefes socialistas, tienen que acatar sus decretos y aún, por extraña paradoja, que suministrar los fondos para sus empresas y garantizar sus utilidades. Ya no se compra a la democracia: se la embauca."
    Bernard Shaw
Creo que esto se aplica bien a los bancos que tuvieron que ser salvados después de la crisis del 2008.

Lenz Guderian

Cuan claro se ve la descomunal incomprensión que Hitler tenía de sus enemigos...